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Comerciantes y pymes en tiempos de Covid-19: Reinventando el negocio en medio de la pandemia

Vendían ensaladas en la feria, anteojos en ópticas, bandanas en tiendas y sitios web, y zapatillas en la calle. Ahora lo suyo son las mascarillas, las nanopartículas de cobre, los guantes de látex, la mercadería y el alcohol gel. Cuatro comerciantes se repusieron a la cuarentena a punta de creatividad y reinventaron sus productos para combatir la crisis económica que hoy le pega más que nunca a su sector.

Mientras el gobierno asegura que el peak de contagios se aproxima, en el corto plazo parece que nada evitará las duras consecuencias económicas que la pandemia dejará a los chilenos. Ante la disminución del movimiento en las calles, las cuarentenas voluntarias, distintos comerciantes han tenido que recurrir al ingenio y explorar nuevas líneas de negocio o bien crear nuevos productos que entreguen soluciones sencillas en medio de la emergencia sanitaria que atraviesa Chile. En The Clinic conversamos con cuatro comerciantes y pymes que de la crisis sanitaria también vieron una oportunidad.

BANDANAS CON NANOTECNOLOGÍA

Loreto(39) es diseñadora de ropa y hasta antes de la pandemia tenía una tienda en el Drugstore donde vendía bandanas con diseños originales de tatuadores, diseñadores e ilustradores. Tras la propagación del coronavirus se le ocurrió explorar en un nuevo accesorio: mascarillas con materiales de cobre para que fueran antivirales, antibacteriales y antihongos. “Hasta ese momento tenía todo mi stock de bandanas para marzo, abril y mayo. Ocurrió la pandemia y dije: hay que convertirlas en mascarilla. Las complementé con una tela de cobre que tenía guardada y las hice. Tuve la suerte de que se vendieron en una semana”, cuenta.

Cuando se quedó sin telas con tecnología de cobre se le ocurrió una idea que no imaginaba lo exitosa que podría ser: “Nanoparticulé todas mis telas. Así conocí a Industrial Nano, ellos fabrican nanopartículas líquidas y me patrocinaron. Se las apliqué a las telas con las que hago las máscarillas. Así, quedaron con tres capas: la bandana con pintura en una capa externa, un filtro con la tela nanoparticulada y algodón con el mismo compuesto”, cuenta enérgica.

A los productos se le aplica pintura con nanopartículas de cobre activado, creadas por Industrial Nano y testeadas bajo análisis de caracterización físico/químico. Además el producto cuenta con el análisis de Microlab, que ve la aplicación de la pintura en las telas para que estas queden microbacteriales.

“Me quedo con que descubrí algo nuevo. A través de la moda yo creé un producto que baja el costo, que puede sanitizar todas las telas, que da el mismo beneficio y todo gracias a mi patrocinador que hizo todas las pruebas y certificó el asunto. Yo tuve que hacer toda la gestión por teléfono”, cuenta.

Este textil además de ser reutilizable es muy higiénico ya que cuenta con partículas de cobre lo que hace antibacterial. Además, el objeto se puede lavar sin perder sus propiedades antivirales. Puedes encontrarlas a $6.990 a través del sitio Bandalic.

*En la versión original de esta nota, se afirmaba que las mascarillas estaban certificadas por el Centro para el Desarrollo de Nanociencia y Nanotecnología (CEDENNA), lo cual era un error reproducido por este medio, pues CEDENNA no hace esa clase de certificaciones. A las mascarillas se les aplica pintura con nanopartículas de cobre activado que son testeadas bajo análisis de caracterización físico/químico en CEDENNA y del departamento de física y matemática de la Universidad de Chile bajo análisis TEM, realizado por Industrial Nano. Lamentamos los inconvenientes que este error pudo haber ocasionado a CEDENNA y Bandalic.

DE ÓPTICA A TIENDA DE ABARROTES

Si alguna vez deambuló por la calle Mac Iver la recordará como la mítica calle de las ópticas con variedades para todos los gustos y precios. Lo cierto, es que con el anuncio de cuarentena total para Santiago Centro decretado el pasado 23 de marzo, las tiendas de lentes que abundaban por el barrio tuvieron que cerrar en su mayoría y sus captadores de clientes, irse a sus casas a esperar que todo volviera a la normalidad. 

Se fueron todos menos uno.

Ivo Rodriguez tenía varias sucursales en el barrio, una de ellas casi llegando a la esquina de Mac Iver con Moneda: óptica Premier. Tras el anuncio de cuarentena, el hombre se puso a pensar cómo resistir pese a las medidas anunciadas por el gobierno. Rápidamente le preguntó a Fernando Rodríguez (27), un sobrino que tenía almacén mayorista en San Miguel y la Cisterna, cómo podía hacerlo. “Me llamó y me dijo qué tal si cambiamos el esquema del negocio por un tiempo y vemos qué sucede. Ha sido difícil, seguimos trabajando pero cuesta ganar porque los mayoristas han subido mucho los precios”, cuenta enmascarillado joven en la puerta del local.

Se motivaron, pidieron un traslado de patente y a los pocos días la óptica Premier se transformó el espacio en el almacén Deli market. A un viejo conocido que ayudó a Fernando a montar sus otros negocios, le encargó un afiche que le cambiara la cara al lugar. Desde la calle uno lee clarito: sushi, hamburguesas, abarrotes, lacteos y verduras. Sumado a un número celular con una palabra clave: delivery. Llevan tres semanas funcionando.

El local rápidamente dejó de vender lentes, se convirtió un minimarket básico y entró la categoría de tiendas y almacenes con artículos de primera necesidad. “Lo pensamos y lo hicimos, no nos demoramos mucho en tomar la decisión”, dice Fernando.

Con los días fue completando las vitrinas y también trajo algunos cajones con verduras como tomate, lechuga, zanahoria, pimentón, cebolla y zapallo italiano. Tiene resguardos para evitar el contagio: usa guantes, mascarilla y tiene alcohol gel en la tienda. En el local trabaja Fernando, Ivo y ex vendedores de la óptica: están desde las 9 de la mañana hasta las ocho de la noche.

ZAPATILLAS A GUANTES Y ALCOHOL GEL

W. (27) es haitiano y vive en Chile hace tres años y medio. Trabaja en el comercio ambulante hace un año, cuando dejó una construcción en Recoleta. Vive en la comuna de Independencia y ahora trabaja en Estación Central. Desde el año pasado vendía zapatillas con modelos de imitación a diez mil pesos el par en el barrio Meiggs.

Desde el primer rumor de que el virus podía venir desde encargos desde Chile, W. empezó a usar guantes. La sobrina de una señora a la que va a hacerle las compras -y se gana unos pesitos extra- le dejó un cajita de 100 para que se protegiera. Él, ni idea por qué, pero hizo caso. Vive en una pieza con su hermana y su sobrino, y temió exponerlos.

Un día, conversando con un amigo colombiano, se enteró que el negocio tenía que cambiar de giro, que nadie iba a comprar zapatillas en este contexto de pandemia. Así fue como se juntaron y compraron cajas de guantes y bidones de alcohol gel. Fueron a un almacén chino y compraron botellitas para vender en pocas cantidades y reinventarse. 

Un pack de tres pares de guantes los vende a mil y una botella de alcohol gel de 60 ml a mil 500. 

Foto referencial del comercio ambulante – Agencia Uno

Dice que se mueve más el negocio pero las ganancias no son tantas, porque igual los productos que vende son caros y algunos días, se vuelve difícil conseguir los insumos. De todos modos sabe que vendiéndolos es la única manera de resistir esta crisis. 

Espera que durante las próximas semanas, y el término de algunas cuarentenas en distintas zonas de Santiago, el asunto vaya volviendo a la normalidad y más gente pueda comprarle. “Yo sé que la indicación es que la gente esté en la casa, pero si yo no vendo no como”, dice.

DE ENSALADAS A MASCARILLAS

Hasta antes de la propagación del coronavirus Rosa Mendoza(60) vendía ensaladas preparadas a 500 pesos en su puesto en el tercer sector de la feria Gómez Carreño en Viña del Mar. Tras el llamado a cuarentena voluntaria en la quinta región, debió reinventarse.

Dice que sus caseros se rehusaron a comprar cosas elaboradas en la feria y eso la preocupó. “Si yo vendía 100 ensaladas diarias, después empecé a vender 50. Para poder recuperar mi capital tenía que probar con otra cosa”, cuenta al teléfono.

Fue así, como después de un “día malo”, se puso a pensar cómo darle vuelta a la crisis económica que eventualmente se le venía encima. Luego de ver un tutorial en el celular, tomó unos retazos de tela que tenía para hacer cojines a sus familiares en navidad y unas bolsas grande de TNT que tenía guardadas y se animó a hacer sus primeras mascarillas. Las probó con aerosol para comprobar su efectividad y se convenció. Las envolvió en bolsitas de celofán y al día siguiente las llevó a la feria: se vendieron como pan caliente.

Mascarillas en bolsitas de papel celofán. Gentileza de Rosa Mendoza.

“La gente en la feria me las celebra harto porque les pongo buen elástico, están bien cosidas y son dobles: usan tela bioexpress y por el otro lado TNT. Llevo a la feria 100 y las vendo casi todas. Y el fin de semana vendo más. También lo complemento con packs de guantes de látex que vendo por mil pesos.”, cuenta orgullosa.

De todos modos, dice, la pandemia no le da descanso. Una vez que vende el botín en las tres ferias en que trabaja, llega a su casa ubicada en el sector de Achupallas en Viña y se pone “a fabricar, fabricar, fabricar”. No para, pues las hace con sus propias manos y sin ayuda de nadie.

“Ahora el 100% de mi tiempo lo dedico a fabricar mascarillas porque eso es lo que me está dando ganancia. Las vendo a mil pesos. Aparte tengo colores bien sobrios como como el azul francia, el rojo italiano y el negro es la que más se vende”, dice.

Rosa Mendoza dice que en la feria ella no fue la única que se reinventó. Otros que llevaban productos preparados como ella, optaron por revender mercadería. “Es que a la gente no le gusta hacer las colas en el supermercado y esos son los productos que se están vendiendo. Los de las verduras no tienen problema; los que sí tienen problemas son gente que vendía ropa americana. Hoy la gente está comprando lo mínimo, lo básico, lo que realmente necesita. Y el que se puede reinventar y tiene la habilidad de coser y puede hacerlo, lo ha hecho.  Otros decidieron ir a guardarse a sus casas y subsistir con el mínimo, me parece bien, todo es válido”, dice.

Foto del tercer sector de la feria Gómez Carreño. Gentileza Rosa Mendoza.

Los cuatro consultados para esta nota coinciden en que toda reinvención tiene de fondo la necesidad de mantenerse activos económicamente. Más que por ambición, lo suyo es una mezcla de oportunidad, ingenio y creatividad.

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