El fantasma de la abstención que Bachelet busca espantar en la nueva fase de su campaña

Tras identificar la abstención como una de las razones claves para no ganar en primera vuelta, el mensaje central de la segunda semana de campaña de la candidata de la Nueva Mayoría es “que mucha gente vaya a votar”. En la coalición opositora son conscientes de que mientras menor sea la participación el 15 de diciembre, más estrecha sería la diferencia de un eventual triunfo sobre Evelyn Matthei. “Hay una preocupación para que el verdadero apoyo que tiene la candidata se refleje en las urnas”, comenta un integrante del comando, desde donde reconocen que si la elección se gana con menos de tres millones de votos, se podrían abrir algunos flancos de crítica.

El domingo, en la primera reunión de Michelle Bachelet con casi la totalidad de los parlamentarios electos, el mensaje central de su alocución fue “que mucha gente vaya a votar”. En la misma línea, los presidentes de los partidos de la Nueva Mayoría reforzaron el discurso y evitaron caer en el optimismo que rondó al comando en la previa de la primera vuelta, cuando el llamado principal era ganar en una sola pasada.

El 46,7% logrado por Bachelet el 17 de noviembre -con un 47,4% de abstención- bajó las expectativas de todos los dirigentes partidistas, quienes ahora intensificaron el trabajo territorial para evitar una caída abrupta de la participación, lo que podría complicar “la robustez” de un eventual triunfo de la ex Mandataria, como reconoce un integrante del comando. Esto, bajo el consenso instalado de que la cifra de votantes será menor a los seis millones 700 mil de la primera ronda; debido -en parte- a que ninguno de los siete abanderados que quedaron en el camino ha realizado un llamado explícito a votar. Hasta ayer, había expectación respecto a un pronunciamiento claro de Franco Parisi, lo que que se esfumó luego de que el economista independiente reiterara las palabras de Antonio Horvath, respecto a que hay una “mayor convergencia programática con Bachelet que con Matthei”.

Según Mauricio Morales, director del Observatorio Político Electoral de la Universidad Diego Portales, la principal razón por la que Bachelet no ganó en primera vuelta fue porque “muy significativamente el votante pobre de Bachelet, que es muy masivo, se quedó en la casa el día de la elección. Lo que se espera para la segunda vuelta es que haya menos participación, aunque se prevé que los ricos se vuelquen a las urnas”, beneficiando a Matthei.

A juicio de Morales, la votación debería andar en torno a los seis millones, lo que la convertiría en la más baja desde el regreso a la democracia para una presidencial. El abogado agrega que eso no afectaría la legitimidad de la victoria, pero sí la fuerza de la misma. “La legitimidad se obtiene cuando un candidato es electo por la vía institucional vigente. Un probable triunfo de Bachelet va a ser legítimo a pesar de la baja proporción de voto, pero el apoyo será relativo si gana sólo con el 20% del padrón electoral, que son 3,4 millones”.

Respecto a dificultades concretas que podría producir un triunfo presidencial con apoyo relativo bajo, Morales señala que “a nivel de Congreso no debería existir ningún problema; mal la derecha podría ejercer una crítica, siendo que sus parlamentarios son parte del mismo sistema. No podrían criticarla. Pero sí la criticarían por una baja votación los grupos de presión social, como estudiantes y empleados públicos”.

Alvaro Elizalde, vocero del comando bacheletista, niega “en absoluto” que se pueda deslegitimar un eventual triunfo de Bachelet si la participación es baja. “No se puede poner en tela de juicio el resultado sobre la base de la participación. Nosotros estamos interesados en motivar la mayor participación bajo el contexto del voto voluntario, que por primera vez se aplica en una segunda vuelta. Más que una preocupación, para nosotros es positivo que participe la mayor cantidad de electores”.

El ex secretario general del Partido Socialista, apoya la tesis de que “mientras mayor sea la participación, mayor será la diferencia” con respecto de Matthei, pero advierte que “al margen del resultado electoral, el llamado a votar tiene que ver con la importancia de que la mayor cantidad de ciudadanos pueda emitir su voto en el contexto del sistema democrático chileno”.

Otra fuente del comando, reconoce que “hay una preocupación por insistir en el llamado a votar, porque evidentemente hay mucha gente que por el voto voluntario no fue a las urnas. Se trata de que el resultado del 15 de diciembre tenga un reflejo verdadero de la adhesión de Michelle; un reflejo veraz y no sobre la base de supuestos. No hay nerviosismo, pero deben tomarse las cosas en serio”.

Sin embargo, el mismo personero aclara que en el caso de que la participación en segunda vuelta baje dramáticamente, no se seguirá profundizando el debate sobre reponer el voto obligatorio. “Eso está zanjado al interior del comando”, señala. Esto, tras las palabras de la propia Bachelet a comienzos de noviembre, cuando comentó que “me ha cambiado la opinión” sobre la voluntariedad, despertando el debate en el seno de la Nueva Mayoría.

Por su parte, René Jofré, experto electoral del PPD, prevé que la votación en segunda vuelta “debería ser menos que en la primera, porque algunos candidatos que quedaron en el camino han llamado a no votar. Se ha hablado mucho de gran abstención, pero los números de la primera vuelta no son muy distintos a los de los países con voto voluntario”.

Según Jofré, una convocatoria de seis millones de votantes “no tendría menor peso (…) pero mientras más gente vote, mayor será el margen respecto de Matthei. Para eso es necesario que en sectores populares y medios suba la participación. En primera vuelta el gobierno se jugó por entero por la candidatura de Matthei, y el 25% que sacó refleja que fue a votar casi todo su electorado potencial, porque había que estar muy motivado para ir a votar por ella. Tengo la sensación que lo que le queda a Matthei es generar nichos en el electorado de otros candidatos y eso se ve difícil. Por eso se explica el tono fundamentalista que está tomando en reuniones con comunidades religiosas”.

No obstante, Jofré considera que si Bachelet es electa con menos de tres millones de votos, “va a ser más preocupante, pero el sistema es así”. Sobre los efectos que esto traería para la ex directora de Onu Mujeres, el experto precisa que “cualquier persona que gobierne en el contexto de auge de los movimientos sociales y baja legitimidad de la política y participación; gobernar es difícil, y para eso no solo va a necesitar de los partidos, sino de la sociedad en general”.

Por último, Jofré enfatiza que en la historia reciente, la cantidad de votos con que un presidente concertacionista ha sido electo, no es un elemento crucial a la hora de definir gabinetes, como tampoco para la mayor o menor intromisión de los partidos políticos en las decisiones. “Más bien en eso incide la correlación de fuerzas en el parlamento; y eso ya está zanjado”, cierra Jofré, refiriéndose al margen que tendría Bachelet para conformar sus equipos hacia el futuro.

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