Quizás sea el calor…

Quizás sea el calor, pero la política me tiene hasta la tusa. ¡Qué se vayan todos de RN! ¡Me da exactamente lo mismo! Veo la cara de Carlos Larraín y me da soponcio. Supongo que hasta él se aburre cuando se encuentra en el espejo. Me da lo mismo si es verdad o mentira que hay una derecha liberal. Momios, pero piteros.

Si algún asesino me quisiera matar de lata, le bastaría con amarrarme a una mesa llena de concertacionistas. ¡No soporto una especulación más acerca del gabinete de Bachelet! Prefiero un grupo de señoras discutiendo cuál es el mejor detergente, o mamás describiendo las gracias de sus guaguas, o una reunión de contadores auditores. Incluso una prédica del cardenal Errázuriz me resulta excitante al lado de un debate sobre los motivos de la abstención.

Me importa una reverenda raja si el voto es voluntario u obligatorio. Si votan cinco pelafustanes por algo será. Nada más desagradable por estos días que esos que hablan de política con entusiasmo. Me resultan como un niño con pataleta una noche con jaqueca; y si levantan los brazos, es como si el niño me vomitara.

Apenas comienza ese tonito de tomar las cosas en serio, me viene la pálida. Creo que me voy a morir. ¡Cómo si a alguien le interesara qué chucha piensan esos curados! Y ni hablar de los que discuten acerca de Chile como si fuera su casa sin un trago en la mano, porque una cosa es hablar huevadas para no chupar en silencio, pero otra harto más vergonzosa es hacerlo por convicción.

¿Quieren Asamblea Constituyente? ¡Hagan su Asamblea Constituyente! Pero por favor no hueveen. Y si la hacen uno de estos días, ¡no me vayan a llamar! ¡Estoy completamente en contra de promover la participación! Con 34 grados de calor el ciudadano sueña con que lo dejen en paz.

Cerré los ojos y tuve una pesadilla: se me apareció Osvaldo Andrade.

¿Y los revolucionarios? ¿Qué me dicen de los revolucionarios? Esos hasta se enojan cuando hablan de política. Les indigna que alguien no quiera lo mismo que ellos. Y dicen tantas cosas y tan rápido, que ahora, mientras me los imaginaba, me cansé. ¿Cómo se llama ése del PPD? Quintanilla. ¡Qué lata más grande que Quintanilla! Tellier, en cambio, está más divertido. Por lo menos se pone guayaberas con figuritas. A esos huevones se les ve contentos, porque entraron a la fiesta, pero todavía no se ha inventado un tema más aburrido que las diferencias entre el PC y la DC. Jo dan sé. Si de mí dependiera, ahora estaría mirando una película de Hollywood con Julia Roberts. Sin camisa, arriba de una cama.

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