Verónica Quense

“Hace más de veinte años que no voy al ginecólogo. La última vez fui sólo porque acompañé a mi hija y el médico le dio anticonceptivos y le dijo que inhibían la ovulación, entonces, yo le pregunté “¿por lo tanto, inhibe la libido?”. “Sí, respondió, pero lo importante es que las niñitas no queden embarazadas”. O sea, que mientras voy tomando pastillas se va produciendo la frigidez ¿y eso es poquita cosa?, ¿mi sexualidad no importa? A veces pienso que deberían hacer una pastilla que maté los espermios y que impida el embarazo a costa del orgasmo masculino. Pero no. Somos nosotras las que tenemos que introducirnos mierdas químicas que nos desequilibran mientras los demás opinan “anda nerviosa la niña, con un poquito de espinillas” como si eso fuese secundario y nuestro cuerpo fuera una bolsa para tener guaguas.

Yo no creo en los roles. Hay mujeres que quieren tener hijos y otras que no. El espíritu es libre. Sin embargo, vamos poniendo restricciones. Sobre todo la Iglesia Católica que siempre quiere imponerle su moral al resto del planeta. Idolatran a la Virgen porque es virgen y las mujeres son accesorios que sólo sirven para procrear. Impóngale ese concepto a sus minas. Esas que tienen diez hijos y están con el cuero como si tuvieran veinte años: con las tetas arriba, la cara estirada, y la enfermera al lado cuidándole la guagua más dos empleadas que juegan con los demás niños. Así es bien fácil porque además no tienen vida, ¿qué vida van a tener con tanta guaguita? Qué se van a cuestionar si ellas creen que estás loca porque hablas de poesía, de libertad. Es que viven tan encerradas que ven un obrero y creen que es ladrón. Qué les vai a estar hablando de derechos si ni siquiera piensan por sí mismas y agachan la cabeza a la opinión del marido.

Váyanse a su gueto y no se hagan abortos, no se divorcien, no fumen marihuana. Cumplan sus leyes encerraditos en sus barrios, en sus huevás que tienen allá en La Dehesa, pero no vengan a imponernos. ¿Acaso creen que el pueblo es idiota que se sienten con el derecho a prohibirnos? Además son ilusos porque piensan que prohibiendo el aborto va a haber menos abortos. Yo me hice abortos antes de los veinte y antes de los treinta, y todas mis amigas se han hecho abortos: TODAS, TODAS, TODAS. El 100% de ellas y hay algunas que se los hacen y están llorando cuatro años, y otras que no. Si es cuestión de ver las estadísticas y una de las principales causales de muerte en Chile es el aborto clandestino. Pero, claro, con su ceguera ellos se hacen cómplices de la muerte de miles de mujeres y no les importa. ¿Te has fijado que en los cuentos de niños siempre muere la madre? En Bambi, en Blanca Nieves muere la madre, pero el cuento sigue y bendecida sea la mujer muerta porque parió a su hijo y cumplió con lo que tenía que cumplir.