EL POETA CHILENO NICANOR PARRA GALARDONADO CON EL PREMIO CERVANTES

A mí me carga la literatura
tanto o + que la antiliteratura.

Como se sabe, Nicanor Parra hizo un rescate poético del habla cotidiana recurriendo, en principio, a su experiencia de vida. José Ángel Cuevas lo plantea así: “Parra se entendía con el aura de la comunidad porque es un hombre popular, el papá era un músico curao y eran como 7 hermanos. Él era tan gracioso como todos los chillanejos, con un juego irónico muy bonito”.

Pero a la vez, Parra solo regresa a la tribu después de formarse en la cultura ilustrada y desencantarse de ella. “Parra es bastante más intelectual y tiene bastante más fondo filosófico de lo que él está dispuesto a reconocer”, asegura Carlos Peña. Empaparse de esa tradición, de hecho, le dio las armas para desafiarla. En la literatura que rescataba saberes populares, o en las teorías científicas que ponían en duda las certezas racionales, encontró su puerta de retorno a los orígenes. Sin embargo, que Parra recurra a la sabiduría popular decepcionado de la ilustrada, explica que su idea de lo “popular” no comulgue con las ideologías de emancipación política: el marxismo es una creación burguesa tanto como el capitalismo. Diego Portales, en cambio, padre del autoritarismo republicano, es del pueblo. “Qué me importan las voladas personales de Shakespeare o Cervantes, me quedé con Diego Portales –declaró hace unos meses–. En sus cartas, y también en las de O’Higgins, está la realidad-realidad”.

Parra conoció el epistolario de Portales por consejo de Francisco Javier Cuadra, exministro de la dictadura y con quien ha fojado amistad. “Cuando nos conocimos yo le pedí que se integrara a la Universidad Diego Portales, de la que era rector, y me dijo que no porque yo había sido ministro de una dictadura y Portales había sido un dictador. Le contesté que lo primero era incuestionable pero lo segundo no, y le recomendé leer sus cartas. Meses después me llamó muy agradecido, porque Portales le permitía hacer el nexo cultural entre el Chile antiguo de la Colonia y el de la República. Y me dijo que se integraba a la universidad siempre que cambiara de nombre a Pedro, Juan y Diego Portales”. La universidad conservó su nombre, pero Parra ya tenía un acuerdo de caballeros con el anterior rector Manuel Montt: la UDP aceptaba pagar la suma estratosférica que, fiel a su costumbre, exigía el poeta, pero este aceptaba recibir el dinero en cómodas cuotas mensuales que hasta hoy no terminan de pagarse.

Convenios aparte, Cuadra da luces sobre el interés de Parra por una figura tan reñida con la soberanía popular: “Portales se reía de la gente del Santiago high que iba a la filarmónica por la pose social, sin entender lo que iba a ver. Él inventó su propia filarmónica al lado del Mapocho, en el entorno de la Petorquina, muy amiga de Portales, otros dicen que su amante, y con quien él tocaba arpa. Nos reíamos mucho con Parra de toda esa pose social, del vestido largo”.

Leonidas Morales recuerda su sorpresa al visitar a Parra en Las Cruces y encontrar el epistolario de Portales sobre la mesa. “Le pregunté por qué estaba leyendo a Portales, un dictador. Y empezó a hablar de Portales de forma muy positiva, pero más celebraba sus dotes amatorias, sus aventuras con una chiquilla a la que había seducido y con la que tuvo tres hijos sin reconocerlos. Entonces, de a poco, me hizo mucha gracia”.

Pero esta concepción de la tribu, distante a los imperativos políticos, será difícil de sostener para un poeta de izquierda en los años 60. Outsider en la política pero no en la poesía, Parra tendrá que entenderse con las fuerzas de la historia. O simular que lo hace.