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Si realmente fueran socialistas
un monumento para cada mortal
o ningún monumento para nadie.

Parra tuvo diferencias políticas evidentes con la Unidad Popular, pero quienes lo conocieron aseguran que se alejó se ella por otra razón: su eterna competencia con Neruda. Según Floridor Pérez, “lo que a él le molestaba y nunca evitó demostrarlo, es que hubiera un poeta oficial, lo veía como una injusticia precisamente de los que luchaban por la justicia. Alguna vez Nicanor me describió su situación, en el proceso cultural de la UP, como la de un invitado al banquete al que se le ofrece un puesto debajo de la mesa. No lo aceptó nunca, y yo creo que todavía no lo acepta”.

Jorge Edwards tiene la misma visión: ”Se sentía debajo de la mesa, es verdad, porque Neruda tenía estatua, era el ‘poeta nacional’. Y su relación con Neruda fue ambigua desde siempre. Parra iba mucho a la casa de Neruda, pero si tenía la posibilidad de hablar en forma, digamos, un poco chacotera del poeta, lo hacía inmediatamente. Siempre era Neruda, compararse con Neruda, que ‘por qué Neruda’. Y de repente sacaba el ‘Pablito’, le gustaba mucho hablar de Pablito. En una de las últimas reuniones antiguas que recuerdo con Parra, él estaba leyendo Crepusculario, y decía ‘mira, era buen poeta Pablito de joven, ¿ah?’. A veces pienso que la antipoesía es la antineruda”.

Por lo menos, no parece haber escritores que hayan conocido a Parra y no puedan citar algún comentario suyo sobre Neruda. “Una vez me dijo que se había arrendado una casa en Isla Negra porque Isla Negra necesitaba un poeta”, cuenta Poli Délano. Y Erick Pohlhammer, visitando a Parra en Isla Negra en 1979, se llevó la siguiente sorpresa: “Aparezco en su casa y antes de decirme ‘hola’, sale por la puerta gritando: ‘¡Es definitivo! ¡Es definitivo!’, moviendo los brazos. ‘¿Qué es definitivo?’, le pregunto. ‘¡No aparece en la última antología que me acaba de llegar de Argentina!’. ‘¿Pero quién no aparece, qué antología?’. ‘¡Antología de la poesía latinoamericana, no aparece Pablo Neruda! ¡Es definitivo, la antipoesía ha ganado!”.

Según Edwards, Neruda sólo acusó recibo de estas provocaciones alfinal de su vida: “Cuando yo estaba en París con él, por primera vez Neruda me dijo ‘me cabreé con Parra, no quiero saber más de Parra’. Así, tal cual, muy enfático. Lo que pasa es que Parra siempre le pegaba una patadita en las canillas, se reía de él, y los comentarios a Neruda le llegaban. La verdad es que Nicanor y Neruda, que se veían habitualmente, durante los tres últimos años de la vida de Neruda dejaron de verse”.

A pocos días de haberse producido al Golpe, Rolando Gabrielli recuerda ir caminando junto a Nicanor Parra frente al edificio de la UNCTAD, después Diego Portales. “De pronto Parra se detiene, abandona su monólogo y me dice con un rostro afligido: ‘Qué vamos a hacer ahora, compañero, se nos murió la Catedral’. La Catedral, por supuesto, era Neruda”.