El británico Steven Frayne, de 31 años, se ha hecho conocido en el viejo continente como un ilusionista de magia que parece sencilla, jugando en lugares públicos con cosas ordinarias para hacer números extraordinarios. “Solo quiero hacer magia, sorprender a la gente, pero no espero nada a cambio", dijo a una entrevista con El País, agregadno que la gracia es "aparecer, hacer algo espectacular e irme. Eso ayuda a mantener la mística y el misterio".
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