Fernando Chomalí A1

El arzobispo de Concepción, Fernando Chomalí, manifestó su oposición a temas como el AVP, el aborto y la eutanasia, aunque rechazó la homofobia imperante en buena parte del país.

Sobre la muerte asistida de pacientes que así lo desean Chomalí dijo que “la Iglesia va a demostrar que la eutanasia es un fracaso de la sociedad, que no supo cuidar, consolar y acompañar adecuadamente al enfermo terminal. Es mucho lo que hoy en día puede hacer la medicina moderna con el enfermo terminal, en términos de que muera tranquilamente. Es la medicina paliativa. Lo que no puede hacer el médico es hacerse parte de un acto de muerte; eso no es un acto propiamente médico”, afirmó en entrevista con La Tercera.

Respecto al recientemente aprobado Acuerdo de Vida en Pareja, Chomalí dijo que “el AVP es un eslabón más en el empobrecimiento de la familia, entendida como la vida en común y de por vida, de un hombre con una mujer, para ayudarse, amarse, dar vida y cuidar a los hijos. La Iglesia enseñará siempre que ése es el camino que responde de mejor manera a lo que son el hombre y la mujer, al deseo de los hijos, y, para los creyentes, al querer de Dios”.

“Creo que estas personas, en cuanto ciudadanos, tienen derechos como todo chileno. Sin embargo, me parece que el derecho del hijo a ser concebido en el contexto del matrimonio, ser educado por sus padres, es un derecho anterior al deseo que puede tener una persona con tendencia homosexual. Al niño se le exige de sobremanera en una relación de este tipo y ello no cuida el mejor interés del niño. Es por eso que no estoy de acuerdo”, aunque agregó que es “enfático en afirmar que en Chile debemos terminar con una mentalidad homofóbica muy difundida y que es muy injusta respecto de estas personas, que merecen respeto y ser tratados con dignidad como todo ser humano”.

Sobre el debate del aborto terapeútico disparado producto del embarazo de una niña de 13 años que fue violada en Carahue, Chomalí dijo que “sin negar que son situaciones muy dramáticas, que requieren un especial acompañamiento social, sicológico, espiritual y económico, no se justifica, bajo ningún título, terminar con la vida de un inocente. Un aborto jamás será una terapia y una terapia jamás puede terminar con la vida de un ser humano. El documento que escribí se lo hice llegar a todos los legisladores y ha sido bien acogido”.

Particularmente sobre el caso de la niña de 13 años embarazada producto de una violación, afirmó que “el drama mayor de este caso es la violencia sexual al interior de la familia. Es un drama con el que tienen que lidiar muchas personas, según las estadísticas de la policía. Es el signo más patente de la pobreza espiritual y moral de muchas personas, y de que nos falta mucho como sociedad para cuidar al más frágil. El aborto le agrega otro drama al drama de la violación. Es un acto de violencia que no aporta nada a la sanación de la niña violentada. El aborto es responder con violencia a un acto de violencia. Ello no lo puedo aceptar, porque significaría no reconocerle al concebido valor alguno”.

En última instancia habló de los tres curas denunciados por Ezzati y de la homofobia imperante en el país. “El cardenal Ezzati ya aclaró el tema. Lo que sí le puedo decir es que estos sacerdotes han estado siempre cerca de los pobres, los perseguidos, los oprimidos y han mostrado el rostro misericordioso de Jesús en lugares donde ha habido mucho dolor. Han estado muy presentes en situaciones dolorosas de la vida del país, junto al sufriente. Ellos han afirmado la doctrina de la Iglesia en el sentido de que no se puede discriminar a una persona por su condición sexual ni menos hacer mofa de ello. Un católico no puede ser homofóbico, pero también hay que afirmar que el matrimonio se da sólo entre un hombre y una mujer, y que no se puede homologar a otro tipo de relaciones afectivas. No obstante, en la Iglesia siempre ha habido controversias teológicas. Lo importante es que somos una familia muy unida”.