Raúl Molina, un huaso de campo con un ojo prodigioso para los negocios, acumuló un patrimonio de tres mil millones de pesos. Tras un preinfarto en diciembre del 2012, empezó a mostrar síntomas de demencia senil. Su ex esposa, aprovechándose de su condición, se lo quitó a su actual familia y lo hizo firmar un poder para apropiarse de sus bienes. Hoy, sus propiedades están repartidas entre sus hijos del primer matrimonio y su nieta, sin ni siquiera haber estirado la pata.
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Tatiana Molina (21) esperó con ansias el 4 de marzo del 2013. Al fin tendría la oportunidad de volver a mirar a los ojos a su padre, Raúl Molina, de quién no sabía hace tres meses. Estaba nerviosa, pero tenía que ser fuerte para sostener a su madre, Maricarmen, y su hermano Moisés (12). Encontrarlo no fue fácil. Durante varios días ideó un plan para abordarlo en un consultorio de Puente Alto. Un par de amigos, ubicados dentro del recinto, le avisaron en cuanto lo vieron.
-Tatiana, está acá. Pero acompañado de tu hermanastra Patricia, así que prepárate. ¿Le decimos algo?– preguntó uno de ellos por celular.
– No, nos encontramos en la entrada- le respondió Tatiana.
La última vez que Tatiana vio a su padre, su salud estaba tan deteriorada que temía encontrarlo peor. Hace un año que presentaba síntomas de demencia senil: ya no quería comer, bañarse, ni vestirse. Olvidaba dónde dejaba las cosas y no podía mantener una conversación coherente. El miedo a que no los reconociera estaba latente.
Patricia intentó salir corriendo cuando vio a sus hermanastros. Era la primera vez que los veía, desde que sacó a su padre del hogar de Tatiana y Moisés, el 26 de diciembre del 2012. También se llevaron sus joyas y la documentación de sus propiedades y tierras que tan celosamente guardaba en su pieza. Para la primera familia de Raúl, Tatiana y Moisés no podían tener nada. En otras ocasiones los trataron de “huachos”.
Cuando Tatiana vio a su padre casi queda en shock. Era otra persona: Tenía barba, estaba encorvado y muy delgado. Su mirada completamente perdida. Ya no era el huaso de campo de voz y carácter firme. Se veía indefenso. Tatiana lo saludó y lo abrazó sin que él pudiera responder. Intentó no pescar los reclamos y gritos de su hermanastra.
– ¿Papá, es verdad que no nos quiere ver? ¿Qué pasó papá?, respóndame pues- le preguntaba desesperada Tatiana.
Raúl no dijo una palabra. Ni siquiera la miraba a los ojos. Tampoco a Maricarmen, su pareja durante 25 años. Moisés se puso a llorar y lo abrazó. Raúl le respondió el abrazo y botó un par de lágrimas con él. “Cuando lo vimos no lo pudimos creer. No sé si estaba drogado o ido. Como discutimos con la Patricia, empezó con una crisis nerviosa. Era como que mi papá no estuviera dentro de ese cuerpo”, cuenta Tatiana.
Patricia aprovechó la batahola para llevarse a su padre. Él no opuso resistencia. “En ese momento nos dimos cuenta que para volver a verlo íbamos a tener que luchar hasta las últimas consecuencias”, dice Maricarmen.
El día en que los Molina Núñez se llevaron a Raúl de la casa las dos familias quedaron en pie de guerra. Aprovechándose de su enfermedad, según cuenta Tatiana y su mamá, su ex esposa se apoderó de todos los bienes de Raúl Molina y los traspasó a sus hijos y una nieta. Entre ellos, estaba la casa donde vivía Maricarmen y sus hijos. Ellos se transformaron en la piedra de tope dentro de una larga operación que tenía un solo fin: tres mil millones de pesos.
AMOR DESCARNADO
Era el 17 de septiembre de 1991 y las fondas en Santiago estaban en llamas. En la comuna de La Florida, el centro de eventos de la Municipalidad era el centro del carrete. Allá fue Maricarmen a festejar. Tenía 18 años.
Apenas entró, Raúl Molina (41 en ese entonces) no le pudo quitar los ojos de encima.
– ¿Y esa quién es?- le preguntó Raúl a su mesera.
– Se llama Maricarmen, es mi cuñada- le contestó.
Raúl pidió que se la presentara. Maricarmen fue a sentarse con él y se pusieron a conversar. Bailaron hasta la madrugada. Nunca más se separaron.
“Él era honesto conmigo”, cuenta su ex pareja. Cuando se conocieron, Raúl estaba casado con Juana Núñez, su esposa desde 1966. Con ella tenía tres hijos: Raúl, Adela y Patricia. Le juró a Maricarmen que se separaría y cumplió su palabra un año después. En 1992 se fueron a vivir a un departamento en La Florida. “No le creí mucho al principio, porque a mí me comentaban por todas partes que él era muy mujeriego, que le gustaba la noche. Pero él me quería mucho, era como un amor descarnado”, cuenta Maricarmen.
La relación tuvo altos y bajos. La diferencia de edad y los celos de ambos hacían la relación insufrible a ratos, incluso con episodios de violencia intrafamiliar. Pero en 1994 nació su primera hija, Tatiana, y las cosas mejoraron. Raúl se compró una casa en Puente Alto para que vivieran los tres y la puso a nombre de su hija. “La casa es de la niña, cuando yo me muera, será de ella” le dijo Raúl.
-Mi mamá muchas veces le pidió que se separaran, pero el amor de mi papá era eterno y bruto. No podía estar sin ella. Siempre la buscó desesperadamente a pesar de sus aventuras. La amaba incondicionalmente, más que a sus negocios- cuenta Tatiana.
Raúl Molina Yáñez siempre fue busquilla. Nacido y criado en San Vicente de Tagua Tagua, su talento para los negocios lo hizo destacar. Siendo un “huaso de campo analfabeto”, como lo definen con cariño sus amigos, de a poco fue construyendo su imperio.
-Era muy pillo. No se le iba una. Pasó por todos los rubros y siempre le fue bien. No me explico cómo llegó a enfermarse tanto de un día pa’l otro- comenta uno de sus amigos.
Raúl pasó por la agricultura y luego por la construcción. Ahí descubrió el nicho que lo hizo rico: vender ladrillos a buen precio para proyectos a gran escala. Todo lo que ganaba la invertía. Le encantaba comprar propiedades. “Él era muy protector con su negocio, no se movía ni una hoja sin que lo supiera. Y eso fuera y dentro de la casa”, cuenta Maricarmen.
Fuentes ligadas a la investigación, aseguran que su patrimonio alcanza los tres mil millones de pesos. Cifras que encendieron las alarmas en los Molina Núñez que, según Tatiana, se consideran sus legítimos y únicos herederos. “No hay huachos, todos somos hijos de mi papá”, dice Tatiana.
La presión entre ambas familias explotó el 16 de noviembre del 2011. Raúl Molina tuvo un preinfarto cardiaco. Ese día Tatiana y Moisés, conocieron por primera vez a sus hermanastros.
-Nos dieron mala espina de inmediato. Me preguntaban: ¿Aquí quién maneja la plata? ¿A nombre de quién están los autos? ¿De quién es el terreno y la casa? Ni siquiera venían a ver a su papá y vivían como a 200 metros de nosotros- cuenta Tatiana.
Después del preinfarto, Raúl dejó de ser el duro patrón de fundo que siempre fue: estaba triste, ya no quería salir ni trabajar. Con el tiempo ya no quería salir de la pieza. Empezó a bajar de peso y María del Carmen tuvo que contratar una nana para que lo atendiera. Al principio pensaron que tenía depresión. “Después empezó a esconderse para que no lo bañaran. Se transformó en un niño”, asegura Tatiana. La familia empezó a sospechar de una enfermedad más grave.
EL DESALOJO DE RAÚL
La batalla legal entre los Molina Rodríguez y los Molina Núñez, parece un puzle difícil de desentrañar. Pero al menos tiene un inicio: la separación de Juana Núñez y Raúl Molina. A pesar de no estar juntos desde 1991, recién separaron sus bienes el 2004. Juana recibió $380 millones de pesos del acuerdo. Siete años después, ella lo demandó exigiéndole el divorcio.
De ahí en adelante la ex mujer de Raúl no paró. Juana Núñez y sus hijos acumularon declaraciones de testigos ante notario, que aseguraban que Raúl Molina estaba en un grave estado físico y psíquico. Esa fue la antesala para su arremetida: el 20 de diciembre del 2012, seis días antes de sacarlo de la casa de Maricarmen, Juana Núñez demanda la interdicción de Raúl Molina y solicita al Tribunal de Puente Alto que la designe curadora de sus bienes.
Como la opción no prosperó, con la excusa de llevarlo al médico y aprovechando la ausencia de Maricarmen y su hijo Moisés, el 26 de diciembre del 2012, los Molina Núñez se llevaron a Raúl de la casa que compartía con su familia. No pasaron 24 horas y la firma de un poder en Notaría evidenció la jugada que se estaba cocinando: Raúl “le concedió” un poder a su ex mujer para manejar su patrimonio. Días después, todas las propiedades de Raúl Molina pasaron a ser de Juana, sus hijos y su nieta mayor. A su nombre no quedó nada.
-Mi papá no sabía leer ni escribir, solo sabía firmar y era cagado con las lucas. Ellos se aprovecharon porque él nunca quiso dar su firma antes, lo saquearon- asegura Tatiana.
En varias oportunidades Tatiana exigió ver a su padre. Pero como consta en una grabación de audio, su hermanastro mayor la amenazó de mancharle los papeles si seguía insistiendo. Ahí supo que dialogar no era posible, sino buscar la justicia.
El panorama para Tatiana y su familia fue empeorando. La casa donde vivían fue transferida a la nieta mayor de Juana Núñez, Ana González, de 18 años. El 5 de abril del 2013 demandó a sus abuelos –Juana Núñez y Raúl Molina- para que se la devolvieran. El objetivo era dejar a Maricarmen y sus hijos en la calle.
Tatiana decidió tomar cartas en el asunto: El 24 de junio del 2013 interpuso una querella por secuestro en el Juzgado Civil de Puente Alto y el 9 de julio, una demanda por interdicción por demencia en contra de su padre. Ninguna de las dos fue acogida. Como el trámite de divorcio entre Juana y Raúl aún no estaba efectivo, el cónyuge puede legalmente hacerse cargo de sus cuidados. La interdicción por demencia no prosperó porque a Raúl Molina, literalmente, se lo tragó la tierra y nunca pudieron notificarlo.
Desde julio hasta mayo del 2014, los abogados de la familia Molina Rodríguez lograron retrasar el desalojo por diversas irregularidades, partiendo por el hecho de que ninguno de los dos demandados vivía en la casa. Sin embargo, el 9 de mayo, por razones que los abogados todavía no entienden, el Tribunal de Puente Alto dio una orden a Carabineros para desalojar a todos los que estuvieran en la propiedad.
LOS VICIOS
El desalojo finalmente se realizó el 27 de mayo. Tíos, primos y familiares ayudaron a la familia a sacar todo lo que había en la casa. “Me descompuse, se me vinieron todas las emociones juntas a la cabeza. ¿Dónde íbamos a vivir? ¿Nos ganaron?”, recuerda angustiada Tatiana.
Maricarmen quedó en shock. Esta era la casa que su pareja había construido para sus hijos. “Mis hijos tenían los mismos derechos de vivir aquí que los otros, no tenían por qué echarnos. Como que fuéramos de una segunda categoría”, dice Maricarmen.
Para los abogados de Maricarmen, el proceso que ha seguido la familia Molina Nuñez a manos de su abogado Juan Carlos Vera es irregular. Porque el mandato que consiguió Juana Núñez, no le daba la facultad para representar a su ex esposo. “El poder le negaba expresamente la posibilidad de comparecer en representación del mandante para ese trámite en forma expresa, entonces la pregunta que uno se hace es: ¿El tribunal leyó esto? ¿realmente revisaron el antecedente? ¿Y si lo hicieron, lo dejaron pasar igual?”, se pregunta uno de los abogados.
The Clinic intentó comunicarse con la familia Molina Núñez. Patricia (32), la hija menor del clan, cree que los reclamos de Tatiana y Moisés son un show: “mi papá está bien, que dejen de decir que está con demencia senil. Mi papá no los quiere ver porque él está con su familia”, dijo Patricia. El abogado de la familia tampoco quiso pronunciarse sobre el caso.
Los hermanos de Raúl Molina también están preocupados por él. Aseguraron que ellos tampoco lo han podido ver desde el 26 de diciembre del 2012. No entienden cómo la justicia no ha hecho nada al respecto.
La familia Molina Rodríguez está agotando todas sus posibilidades. Actualmente viven de allegados en la casa de una hermana de Maricarmen. Tatiana no descansa en su búsqueda de justicia. Hace unos meses envió una carta al presidente de la Corte Suprema. La carta fue admitida y tendrá una respuesta en marzo. Es la última posibilidad que tienen para salir del martirio: “Lo único que queremos es hablar con mi papá, sabemos que está enfermo. Me crió a mí y a mi hermano. Él jamás nos dejó en la calle, así que no pararé hasta que se haga justicia”.



