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El cardenal Francisco Javier Errázuriz se refirió por primera vez a la foto que el director de la película el Club, Pablo Larraín, subió de él sosteniendo el premio que le otorgaron a la cinta sobre pedofilia en la Iglesia durante la última edición del Festival de Cine de Berlín, imagen acompañada por la frase “con orgullo, el líder e inspirador de EL CLUB, abraza su premio”.

Luego de que se destara la polémica por personas que acusaron al artista de una “canallada” al subir la imagen después de “tenderle una trampa”, el sacerdote reconoció que si bien “es cierto que me pidió autorización para sacar una fotografía”, esto habría sido “como lo hacen muchas personas, que se acercan cordialmente como ellos, porque quieren guardar un recuerdo”. Asimismo, calificó como una “leyenda difamatoria” la que acompaña la imagen.

“También es cierto que en ningún momento me pidieron permiso para filmar la conversación, que de modo alguno fue un entrevista”, agregó el ex arzobispo de Santiago, frente a lo que el hermano del director y productor del filme, Juan de Dios Larraín, indicó que tanto sabía “lo que estaba pasando” que “cámara en mano” le hicieron una entrevista, grabando unos 6 minutos de material.

“Cuando percibí que uno de ellos no sacaba fotografías con su celular, sino que filmaba, le manifesté que debía suspender la filmación, y que no cabía publicar lo filmado, porque no era pública”, aseguró el sacerdote a La Segunda.

El Club

Sobre el fondo del asunto, Errázuriz dijo que la leyenda añadida a la fotografía “refleja una acusación tan superficial como grave” ya hecha por Larraín, al afirmar, según el sacerdote, que “el club de los pederastas que presenta en la película es un exención del gran club que es la Iglesia”.

“Puede ser compresible que un artista no esté bien informado sobre estas materias, pero si decide filmar una película que trata de ellas, difamando a la Iglesia, debería informarse”, sentenció.

Lo anterior, porque según el cura resulta “totalmente falso afirma que la Iglesia no acata y respeta el legítimo poder del Estado” de juzgar a los criminales sexuales que son curas, y que olvida que según la doctrina “en el sacerdocio de la Iglesia no hay cabida para quienes abusan de niños”.

“Tan solo por ignorancia y también por maldad se puede decir que la Iglesia propicia la impunidad, o que protege clubes de pederastas. Es más, cuando leo las medidas que ha tomado para tutelar el bien de los menores de edad, y los castigos que aplica a quienes abusan de ellos, pienso que ha reaccionado ejemplarmente”, explicó.

En particular sobre su actuación como jefe de la Iglesia de Santiago en el caso Karadima, –por el que es más cuestionado-, Errázuriz reconoció que “es cierto que tuvo lugar una demora inicial en el tratamiento de las dos primeras denuncias, que parecían no se creíbles debido a la gran fama que rodeaba al acusado, y al hecho que nunca antes había recibido una acusación a él de abuso sexual”.

Según el cura, en cuanto “se aclaró la credibilidad, abrí e impulsé el proceso canónico”, destacando que al ser sobreseído de su responsabilidad en la justicia penal, al final “solo de la Iglesia recibió una pena”, según él “sumamente dura”.