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Recién le contaba a una amiga que te iba a entrevistar y dijo “ah, Ismael Serrano, me encanta… pero dile que sea un poco más vanidoso, ya es demasiado sencillo”.
Jaja, bueno, puede ser… ¿Es que sabes qué pasa? Yo creo que la sensibilidad del músico está sobrevalorada. En el fondo, el músico es un niño que tiene miedo a estar solo. Y también he intentado rehuir un poco de esa estética de perdedor del músico que, al menos para mí, ya está bien con eso.

Hay una canción en tu disco que dice “Kurt Cobain cerraba tu corazón de un portazo”. ¿Es una crítica?
Totalmente. Kurt Cobain era el ídolo de nuestra juventud y representaba un poco esa pose adolescente de sufrimiento permanente. La alusión tiene algo de nostalgia por esa juventud, pero también una crítica: sí, fuimos maravillosos, pero tampoco está mal crecer un poco para despojarse de cierto tipo de solemnidad. Y porque esa pose sufrida de “nadie me entiende” también tiene que ver con un cierto hiperindividualismo posmodernista: “nadie me entiende, mi lucha es mi lucha y la de nadie más”. Estoy volviendo a solemnizar, pero bueno…

Tu disco se llama “La Llamada” y justamente propone un discurso social más festivo y más coral. ¿Sería una llamada a qué?
A levantar la mirada, a huir del inmovilismo y la resignación. La propia canción “La llamada” es un homenaje al trabajador que está en la precariedad. Hay quien habla del “precariado” como una nueva clase social, desde el punto de vista marxista. También hay una ortodoxia marxista que le niega ese estatus de clase, pero en fin, es la gente que vive la “sociedad del riesgo”, con salarios muy malos, contrarios peores y unas perspectivas de futuro muy limitadas. En España eso llegó a tal punto que muchos jóvenes se tienen que ir del país. Entonces esa llamada es a salir de la resignación, porque una de las cosas que impone la crisis es la percepción de que no se puede hacer nada. Se habla de los ajustes y de la austeridad como resultado de un análisis científico irrefutable, cuando tienen un claro contenido ideológico. Existen alternativas políticas a esos ajustes y deben ser consideradas, no criminalizadas ni ridiculizadas como ocurre ahora.

Hay muchas expectativas de la izquierda por lo que está intentando el nuevo gobierno de Grecia, ¿no?
Sí, totalmente. Y Grecia también revela lo difícil que es cambiar, a nivel local, algo que es objeto del interés y de la complicidad de muchos actores internacionales. Los griegos están siendo sometidos a un chantaje muy severo, por parte de Alemania y de una Europa que no se parece en nada a lo que quiso ser. “No, es que esto es así”. ¿Cómo que esto es así? Están pasándose por el forro la soberanía de los griegos, que han decidido cambiar el curso de su política. Y como muy bien dijo Varoufakis [ministro de Finanzas griego], humillar a un pueblo de esa manera trae muy malos resultados. No hay más que mirar el hecho de que en Grecia hay un movimiento nazi emergente que es terrorífico. Parece mentira que Alemania no aprenda. Y lo más sorprendente de todo es el deseo de que SYRIZA fracase, pero no ya de la derecha, que sería entendible, sino de sectores que se dicen socialdemócratas. ¡También están deseando su fracaso! ¡Es que yo alucino! La socialdemocracia europea tendría que encontrar una inspiración en actitudes como las de SYRIZA, cuyos planteamientos apelan en gran parte a los pilares de la socialdemocracia que construyó el Estado de Bienestar. Vestirlos de extrema izquierda es una trampa absoluta.

Y si los defensores del modelo se niegan a dudar de sus certezas, ¿la izquierda ha aprendido a dudar de las suyas?
Si algo me parece positivo de los procesos traumáticos que ha vivido la izquierda es cómo está revisando muchos de sus dogmatismos. Que apele a un horizontalismo y no tanto a ese verticalismo tradicional, o que en los movimientos altermundistas converjan sensibilidades muy diferentes y trabajen en ámbitos muy concretos: el feminismo, el indigenismo, el sindicalismo… Quizás este parcelamiento ha debilitado la lucha de los trabajadores, pero al menos nos hemos deshecho de estructuras que nos impedían entender la diversidad y la posibilidad de disentir como valores positivos.

¿El Podemos parece hasta ahora un camino a seguir?
Podemos es uno de los muchos movimientos telúricos, por así decirlo, que en España están tensionando el statu quo y la posición de muchos políticos que se habían instalado en hábitos nada saludables. Ahora son las elecciones municipales y están surgiendo multitud de plataformas ciudadanas, genuinamente ciudadanas. Algunas convergen con diferentes partidos de izquierda, pero la iniciativa ha partido de ellos. Y hay fenómenos como la Plataforma de Afectados por la Hipoteca, gente que combate los desahucios: llegan a las casas cuando van a ocurrir y se enfrentan a la policía. No sólo visibilizan los desahucios, sino que a veces incluso los impiden, y logran negociar para no dejar en el desamparo a esas familias. Quiero decir que la ciudadanía está recuperando la iniciativa. Yo no sé cuánto peso van a alcanzar estas agrupaciones, pero ya ha cambiado totalmente el tablero. Ya los políticos entienden que hay una exigencia de una nueva sensibilidad por parte de los ciudadanos. Se ha roto el bipartidismo, por ejemplo, y eso es sumamente positivo. Aunque claro, los partidos que se han turnado el poder, como les quieren quitar algo que consideran suyo –por un derecho atávico que se han inventado ellos–, entran en pánico, y empiezan las campañas de descrédito como la que viene padeciendo Podemos.

DE TWITTER A WIKIPEDIA
¿Crees que los medios tradicionales –TV, radio, diarios– se quedaron atrás en la escena cultural respecto de las redes sociales?
Totalmente. Aquí en España han entrado en crisis todas las instituciones que pilotaron la transición, pero esa crisis de los medios es global. Se están descolgando de la realidad y sobre todo de la cultural, donde se están perdiendo muchas de las cosas. A mí me fascina el debate en torno a eso, qué tipo de cultura se está construyendo en torno a la red. Pasan cosas maravillosas pero también terribles, tenemos veinte ventanas abiertas al mismo tiempo… Creo que estamos perdiendo cierta capacidad de análisis, de mirada en profundidad, dejando en el abandono propuestas culturales que requieren una lectura y una cierta calma. Twitter a mí me fascina, pero son 140 caracteres y para eso le quitamos al mensaje casi todos los matices. Y la cultura, como la expresión artística, es el matiz casi por definición. O por ejemplo, estaría bien pensar la Wikipedia. ¿Ahora la historia es un consenso? Yo creo que un tipo que ha dedicado toda su puta vida a estudiar la vida de Julio César, ¿igual sabe, no? Digamos que no todo es tan democrático, en ese sentido.

¿O que la red es una democracia sin matices?
A mí lo que más preocupa de la red es que no nos cuestionamos el modelo sobre el que se construye. Le celebramos una “neutralidad” de que yo pondría en duda, porque también produce sus propias hegemonías. Incluso nos genera una cierta fantasía de activismo, pedimos que firmen en Change.org por no sé qué campaña, pero eso no se traduce tanto en la vida real. No sé, vendría bien preguntarnos qué mundo virtual estamos construyendo.

Viernes 8 de mayo, Movistar Arena, 21:00 hrs.
Sábado 9 de mayo, Teatro Regional de Rancagua, 20:30 hrs. / Domingo 10 de mayo, Teatro U. de Concepción, 20:00 hrs. / Miércoles 13 de mayo, Teatro Municipal de Temuco.
20:00 hrs. / Viernes 15 de mayo,
Enjoy Santiago, 22:00 hrs.
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salvo concierto de Rancagua por Ticketpro.cl.