Las definiciones de Gabriel Salazar por la crisis política: “protestando en la calle no avanzamos nada”

“Si seguimos reclamando de esa manera, solamente con reclamos en la calle, sabiendo que existe esta reja que está desviando toda la atención, yo creo que no estamos avanzando nada”, dijo el Premio Nacional de Historia, quien propuso que la solución pasa por “sentarnos en distintos tipos de asambleas locales, a construir nuestras propuestas, que pueden ser proyectos de ley, de constitución política, proyectos locales, de valles como el Huasco. Cuando tengamos esas propuestas, la solución en la mano, tenemos que imponerlas por las vías que sean más expeditas. Eso es más efectivo que desfilar en la calle para pedir que la clase política o los milicos resuelvan el problema”.

Salazar-Gabriel

“Deberíamos buscar otra forma de hacer valer nuestra voluntad, porque solamente desfilando, reclamando, protestando en la calle no avanzamos nada. Llevamos 200 años haciendo eso”, dijo el ensayista y Premio Nacional de Historia, Gabriel Salazar, quien analizó en profundidad- en entrevista con Radio Villa Francia- las salidas a las crisis de legitimidad que golpea a la política, hecho que mantiene a la actividad más alejada que nunca de la ciudadanía, tal como lo demuestran las encuestas.

Para Salazar, “si hay crisis de representación, significa que la clase política no está en condiciones de resolver los problemas y que nosotros no creemos que los vaya a resolver, eso significa que nosotros tenemos que resolverlos”.

El académico insistió en que la vía para producir cambios profundos en el tejido social ya no pasa por salir a protestar. “Si seguimos reclamando de esa manera, solamente con reclamos en la calle, sabiendo que existe esta reja que está desviando toda la atención, yo creo que no estamos avanzando nada”.

Como ejemplo, el investigador recordó que “los estudiantes se están movilizando desde 2001 y ahí están todavía marchando. No hemos avanzando nada respecto de como nosotros imponemos un proyecto educativo que sea netamente popular, organizado y construido por nosotros mismos”.

Cómo se avanza

En su opinión, “tenemos que sentarnos en distintos tipos de asambleas locales, a construir nuestras propuestas, que pueden ser proyectos de ley, de constitución política, proyectos locales, de valles como el Huasco. Cuando tengamos esas propuestas, la solución en la mano, tenemos que imponerlas por las vías que sean más expeditas. Eso es más efectivo que desfilar en la calle para pedir que la clase política o los milicos resuelvan el problema”.

“Lo primero, es el ejercicio de poder y de soberanía popular ciudadana. Lo segundo, el viejo peticionismo de masas sociales que piden en la calle, que no resuelve nada”, insiste.

La calle no resuelve nada

El historiador pone como ejemplo que el ansiado proceso constituyente, por ejemplo, pasa porque “sea controlado por la ciudadanía y por la clase popular. Porque si lo controla la clase política existente ahora, vamos a quedar exactamente en lo mismo”.

“La historia muestra que esto siempre ha sido así. Las tres constituciones que hemos tenido han sido manipuladas de tal manera que hemos quedado en lo mismo que había antes, y la ciudadanía quedó frustrada respecto de las expectativas generadas en estas coyunturas constituyentes. Si no aprendemos a imponer nuestras soluciones, nuestras propuestas, no vamos a lograr controlar el proceso constituyente. No sacamos nada con estar gritando en la calle: “¡asamblea constituyente, asamblea constituyente!”, porque incluso lo que vamos a conseguir, es que los políticos la organicen y eso va a significar que vamos a quedar igual que antes”.

A propósito de la coyuntura y salida a la crisis de legitimidad, Salazar hizo un repaso de otros momentos de la historia de Chile con situaciones similares; es decir, un poder político en poca sintonía con las demandas ciudadanas.

“Durante los cien años del siglo XIX la clase política operó sola en el Estado, sin ciudadanos. De hecho, se estaba viviendo una crisis estructural de representación, porque la ciudadanía fue negada, fue manipulada, a través del cohecho, de la manipulación de las urnas electorales. La del siglo XIX fue una clase política sin ciudadanos. Y a comienzos del siglo XX, cuando ya comienzan a aparecer los ciudadanos como tales, se produce una primera y enorme crisis de representatividad. Esto ocurre entre 1910 y 1925, aproximadamente. Es el periodo en que Luis Emilio Recabarren asume para que sea el pueblo el que tome la sartén por el mango, gobierne y dicte la constitución”, explica.

A continuación, agrega que “la segunda gran crisis de representatividad fue más menos entre 1947 a 1952, que fue un desprestigio de toda la clase política. Por eso las masas populares votaron por la virtual dictadura de Carlos Ibañez del Campo, cuyo gobierno no resultó, porque finalmente no se la pudo”

“Hoy día tenemos la tercera oportunidad y esta vez no podemos equivocarnos ni esperar que venga un salvador tipo como Ibáñez a resolver los problemas. Si no los resolvemos nosotros vamos a quedar exactamente igual que antes”, finalizó Salazar.

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