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“La rabia que a uno le da con el panorama de la ciencia en Chile es que tropezamos dos o más veces con la misma piedra. Y puedo contar historias de esto. Con las primeras becas de Conicyt, que partieron el año 1971 y que nadie recuerda, los muchachos tuvieron que abandonarlas por cargos en las universidades, justamente, porque no tenían ninguna previsión ni protección social. Y se terminaron las becas. Después de algunos años, volvieron y con el mismo problema.

Ahora se lanzó un programa tremendamente ambicioso de becas en el extranjero, el que sumado a las becas nacionales, significa una producción relativamente alta para los estándares de nuestro país de doctores en ciencia. Estamos hablando en la actualidad que entre la gente que está estudiando un doctorado afuera, más los que se preparan acá, suman alrededor de 4.500 personas. Todas ellas representan el 25% del total de profesores universitarios que hay en el país. Un número tan alto que se hace prácticamente imposible insertarlos laboralmente. Y podrían subir más, sobre todo con las universidades privadas. O sea, si hacen más investigación y enseñan como deben, no habría problema. Pero hay muy pocas universidades que están acreditadas en investigación, entonces, ¿qué ciencia enseñan, qué hacen esos científicos después, en qué van a trabajar?

Salvo que haya cambios muy tremendos en el sistema científico tecnológico chileno, que no van a suceder en el tiempo que esta gente deba insertarse, se podría cambiar el panorama. El problema es que es demasiado ambicioso este programa de Becas Chile. Se hizo durante el primer gobierno de la Presidenta Bachelet sin la participación de las universidades, que son las llamadas a decir en qué áreas el país es deficitario, respecto a programas de desarrollo científico. No hubo ninguna planificación al respecto. Pero se hizo.

Muchas personas que tienen un doctorado, ya sea obtenido en el extranjero o acá, no tienen dónde trabajar. Y sucede que en los proyectos Fondecyt existe la posibilidad de contratación de personal técnico, pero a base de un convenio a honorarios que no tiene resguardos sociales. De manera que estamos en una situación muy complicada. Lo que sucede, y para ser muy franco, es que llegan los muchachos y me dicen “profe, ¿tiene algo?”. Y yo le digo “mira, en mi proyecto Fondecyt tengo tal cantidad de dinero, que no es mucho, para contratar a un personal técnico, ¿lo tomas o lo dejas?”. Es lamentable que tengan que pasar por eso. Tampoco podemos pasarnos de una cierta cantidad de dinero porque si no vas a Contraloría, no te entregan nunca el dinero, es un desorden muy generalizado. Nosotros, como investigadores, hacemos lo mejor que podemos. Y esta gente que tiene doctorados, busca casi como mendigos- diría yo- lo que le pueden dar y aceptan lo que hay nomás, no pueden regodearse. Qué va a hacer uno, ¿te fijas? Y de ahí surgen casos de gente que gana menos de 500 mil pesos. Nadie los obliga, pero la obligación está en que la persona tiene que hacer algo mientras consigue un trabajo estable. No sé si hay doctores manejando taxis. Pero sería un desperdicio.

Recientemente se abrió nuevamente el proyecto de inserción en la academia de parte de Conicyt. Se supone que Conicyt paga una parte del sueldo por un cierto tiempo y después las universidades deberían continuar con la contratación, pero como dicen que no tienen más dinero, se acaba todo eso y queda en teoría. Por eso la gente con doctorados se siente abandonada, porque hay una ayuda inicial que después desaparece. Pero está eso y se empieza a implementar.

Todo esto pasa porque en nuestro país todavía no existe la profesión de científico. En el sentido que, aunque a uno no le guste la ciencia, pueda elegirla porque es una profesión por medio de la cual puede tener un buen vivir. Por ejemplo, los científicos en Estados Unidos, no son todos enamorados de la ciencia, pero tienen un buen vivir. Como los sueldos acá no son apropiados, uno tiene que tenerle un cariño muy grande a la ciencia para poder dedicarse a esto.

Obviamente, esto no puede seguir así. El futuro del país, que viene siendo la base científica, no se está cuidando en Chile. Y si no cuidamos a esta gente estamos fregados como país. Por eso me indigna que no nos preocupemos debidamente. Y he sido uno de los que ha hecho ver este problema. Pero no se escucha. La ciencia está bastante descuidada y no hay real conciencia de la importancia que tiene en Chile. Eso es triste. No hemos logrado insertarla como pilar fundamental para el desarrollo del país. Los presidentes hablan de la sociedad del conocimiento, pero simplemente es una careta, porque no hay una intención definida. No tenemos un proyecto país.

Si uno lo tuviera, tendríamos claras las acciones que hay que ejercer para que el país se desarrolle. ¿Quién me va a negar que hay un problema con el agua, la energía, el cobre o la energía solar? Nadie. Si tuviéramos proyectos en cada una de esas áreas, y que se planificaran con anticipación, uno podría decirles a la universidades: mire, de aquí a tantos años, voy a necesitar tantos ingenieros, científicos, biotecnólogos y metalúrgicos. Hasta el momento no hay ninguna claridad. ¿Cómo lo vamos a hacer? ¿Vamos a seguir viviendo de las rocas que exportamos? ¿O vamos a crear un conjunto de personas que piensen el país y se le ocurran cosas? Porque hemos vivido de lo que tenemos. Hemos vivido del salmón, de la uva, de los duraznos, del cobre. Pero esas cosas se acaban y no estamos preparados para el futuro. No soy político, ni la persona indicada para el diseño de las políticas de desarrollo, pero veo que las cosas no están funcionando bien.

En la actualidad hay un gran proyecto entre seis universidades y la cuprífera BHP Billiton para generar de aquí a 2030, no me acuerdo la fecha exacta, el treinta por ciento de la energía que necesita Sudamérica con plata de energía solar en el norte. Pero quién coordina todas estas acciones. Nosotros estamos proponiendo la creación de una institucionalidad para la ciencia que coordine todos estos proyectos que son necesarios, que se preocupe del desarrollo país, pero también del financiamiento y de aumentar el número de científicos. No puede ser que los gobiernos duren cuatro años, que después llegue otro presidente y cambie las políticas. Se necesita estabilidad. Tanto la educación como la investigación, son de largo aliento. Así lograremos cambiar el panorama alicaído de las ciencias en Chile”.