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“El fascismo oculto de Gabriel Boric” se titula la columna que Francisco Belmar Orrego, investigador de la Fundación para el Progreso, escribió para el diario La Segunda, donde se refiere a la dura reacción del diputado de la Izquierda Autónoma luego de que librería Qué Leo de Ñuñoa suspendiera por un día la venta de los textos de Fernando Villegas, esto por los dichos del sociólogo respecto del caso Quemados.

“Boric ha hecho evidente algo que algunos ya sospechábamos. Le bastaron dos años en la Cámara para ser un burgués con todas sus letras. No porque gane dinero o porque use trajes caros. Eso es completamente irrelevante. Lo que nos habla de su aburguesamiento es que, al contrario de lo que muchos piensan, le ha dado la espalda a la protesta”, parte diciendo Belmar.

Respecto de la polémica en cuestión luego de que Villegas dijera que ‘pasó la vieja’, el columnista opina que “la reacción fue de película. Boric y otros personajes de relevancia, en un gesto voltaireano, levantaron la voz y criticaron la medida (…) “Censura” fue lo más suave que gritaron y “facho” el calificativo menos duro que usó el diputado”.

Para Belmar, en este hecho “resulta paradójico que alguien que le debe su cargo a las movilizaciones estudiantiles critique un acto de protesta”.

Belmar cierra su columna señalando que ¿Sería fascista que Boric decidiera protestar no comprando en esa librería? ¿Sería fascista realizar una huelga de hambre? E incluso ¿No sería “muy facho” llegar al Congreso a costa de un movimiento social? Quizás, como él puede aventurarse a juzgar las objeciones de conciencia, otros podamos aventurarnos a sospechar de su afán voluntarista. Quizás anhela, quién sabe, decirle a las librerías qué deben vender y qué no”.