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En su habitual columna de los domingos en El Mercurio, el rector de la UDP, Carlos Peña, analiza la conducta de los Matte y asegura que este último escándalo “curará a la opinión pública de una de sus últimas ilusiones: la creencia de que las familias con más linaje y las más religiosas no incurren en los vicios del capital”.

Peña recuerda que hace solo tres semanas, Eliodoro Matte se fotografió con la Presidenta Bachelet en el aniversario del CEP “poniendo, así, en escena su poder”. Y solo hace una semana, el domingo pasado, publicó en El Mercurio el discurso que entonces leyó y que el columnista considera “una verdadera admonición al Gobierno por la premura de las reformas y a los empresarios por su falta de empeño en respetar a los consumidores”.

El columnista más influyente del país asegura que Matte ya sabía de la colusión de su principal empresa, pero pese a eso, posó y publicó su discurso. La explicación que da Peña es la culpa freudiana: “Y solo la culpa (Freud definía la culpa como el deseo inconsciente de ser castigado por la transgresión) puede explicar que, a sabiendas de lo que su principal empresa había hecho, se permitiera leer un discurso en el CEP y deslizar consejos acerca del buen comportamiento público (sin duda será el último que pronuncie allí, salvo que el CEP decida sacrificarse por su benefactor)”.

Luego, comentó que “fuera de ese significado psicoanalítico (el transgresor anhelando de manera inconsciente se le castigue) la conducta de Matte resume, como la página de un manual, los pliegues y la naturaleza del poder económico”, exhibiendo la ley objetiva del capital.

“La familia Matte, conducida por Eleodoro Matte, se ha esforzado, durante años de años, por transformar el dinero que posee a manos llenas en prestigio e influencia. Como si quisiera mostrar la ubicuidad del capital (que es siempre inicialmente económico) no se ha contentado con concentrar dinero y propiedades, sino que, asistida por consejeros y abogados bien rentados, ha procurado transformar la tangibilidad del dinero (el capital económico, cuyo ejemplo es la vieja papelera) en bienes más intangibles y más prestigiosos (como el capital simbólico o el cultural, cuya mejor muestra son las escuelas Matte, el CEP, los vínculos con los legionarios, etcétera)”, sostuvo.

Para Peña, esto es no más que la “ilusión del capital”.

“La ilusión del capital consiste en alojar el dinero acumulado mediante actividades competitivas y egoístas (la industria del papel tissue ), en zonas que aparezcan “desinteresadas” (los vínculos con la Iglesia, la filantropía). Si la búsqueda del dinero supone siempre el afán personal de ganancia, la búsqueda de bienes más culturales o el ejercicio de afanes filantrópicos siempre está, en cambio, rodeada de un aura de “desinterés”. La trampa del capital, si así puede llamársele, consiste en que el área de “desinterés” permite acumular poder e influencia en favor del área “interesada”. Balzac dice (en La Comedia Humana ) que detrás de toda fortuna se esconde un crimen y quizá por eso, a fin de hacerlo olvidar, todo capital se transforma en lo que aparentemente no es”, explica el rector de la UDP.

Peña concluye que: “El escándalo del papel tissue (ese papelón, como tituló acertadamente “La Segunda”) curará a la opinión pública de una de sus últimas ilusiones: la creencia de que las familias con más linaje y las más religiosas no incurren en los vicios del capital”.

“La ilusión del capital, de la que la familia Matte ha dado un buen ejemplo, es como el negocio del papel tissue que ahora la agobia: así como la ilusión del capital consiste en transformar el dinero egoísta en bienes supuestamente desinteresados, el negocio del papel tissue consiste en hacer que lo abyecto (la suciedad y el desecho despreciables) no parezca tal”, finalizó.