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Philipe Reutter, copiloto del helicóptero que fue en rescate de Douglas Tompkins y los demás kayakistas relató con detalles cómo fue ese ultra tenso momento en que se enteró del accidente en las aguas del Lago General Carrera y los instantes siguientes en que debió prestarles ayuda.

Según consigna La Tercera, Philippe sostuvo que “el martes yo estaba en mi oficina, empezando una jornada laboral normal, cuando recibo un llamado de Rodrigo Noguera, que es el piloto privado de Douglas Tompkins. El sabía que nosotros contábamos con un helicóptero. Me dijo: Despeguen altiro, ellos tienen una emergencia en el sector El Avellano”.

Añadió que “no teníamos mayor información, no sabíamos qué tipo de accidente era, sólo que andaban en kayak. Entonces, me vestí con un arnés, un salvavidas y pusimos una cuerda, de esas para bollas redondas que usan en los botes, y partimos”.

El profesional reconoció que al comienzo creían que se trataba de algo menor, por lo que al llegar al lugar de los hechos constataron que debían realizar maniobras más complejas para lograr el objetivo.

“En un principio pensamos que estaban en la playa, con los kayaks varados. Pero cuando los encontramos, la situación era desesperante. Estaban todos desparramados, porque las olas los había separado. Cuando tratamos de aterrizar, algunos, que ya habían logrado salir, me hicieron señas de que todavía había dos personas en el agua. El lago era como un mar furioso. Mucho viento, mucho oleaje. Los vimos, sobrevolamos y ahí estaba uno de ellos, aún a bordo de su kayak, sujetando a Douglas Tompkins, en el agua”.

Reutter precisó que “este kayakista sujetaba a Tompkins de la ropa o de lo que podía para que no se hundiera. No podía remar porque tenía los brazos ocupados en eso. Nos acercamos a ellos, pero no podíamos bajar mucho, porque las olas tenían más de dos metros y podían tocar el helicóptero. Así que nos quedamos justo por encima de ellos. Yo me amarré a la puerta y les arrojé la cuerda con el salvavidas”.

El copiloto aclaró que en ese momento no pudieron subirlos ya que la máquina no tenía las herramientas necesarias para concretarlo. En esa línea explicó que “una persona no puede subir cargando a otra que está mojada. Así que lo que hicimos fue arrastrarlos. El kayakista agarró el salvavidas y la cuerda con una mano y con la otra mantenía a Douglas. Durante casi 45 minutos los arrastramos hacia una orilla, porque teníamos que ir muy lento, para que no se dieran vuelta con el enorme oleaje”.

Ya cuando logró que estuvieran a unos cinco metros de la orilla, saltó para ayudarlos a salir del agua, puesto que el helicóptero no podía acercarse más.

“Ahí recién pude hablar con el kayakista. Le puse un arnés y lo levantamos, para ir a dejarlo a un pequeño lugar, donde estaba el resto de sus compañeros. Tuvimos que dejar a Douglas en esa playa por un rato, porque no podíamos subirlo al helicóptero, ya que no pudimos aterrizar. Luego, aquel kayakista, ya a salvo, pidió ayuda a otros dos accidentados para regresar por Douglas. Volvimos y ellos saltaron para levantarlo e introducirlo al helicóptero. Ahí lo trasladamos a Coyhaique, donde lo dejamos”.

“fue terrible. Muchas veces pensé que nosotros también íbamos a caer al agua, porque las olas subían y bajan, y teníamos que mantenernos a muy poca distancia, ya que llevábamos una cuerda corta, y sólo como una tincada. No es que el helicóptero estuviese equipado para esto, no es su trabajo. Además, para que la cuerda no se enredara con el motor de cola la mantuvimos corta”, recordó con angustia.