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Nunca pasan inadvertidas las palabras de pensadores como el sociólogo de origen polaco, Zymunt Bauman. En esta oportunidad -recoge La Vanguardia-, y a propósito del documental In the same boat (En el mismo barco), donde el creador del concepto de “sociedad líquida” interviene junto a personas de la talla de José Mújica, ex presidente de Uruguay; a Erik Brynjolfsson, del MIT, o Serge Latocuhe, teórico del decrecimiento, el ensayista habla del empleo y la subsistencia.

“Este documental es una afirmación poderosa de que estamos todos en el mismo barco, interconectados, interdependientes, de que lo que incumbe a Barcelona también le incumbe a Nueva York y Bangladesh. Pero sobre todo es una afirmación de lo que nos va a suceder a todos nosotros, ciudadanos del mismo barco, si remamos en la misma dirección que hasta ahora. No es una profecía, no tengo la calificación de profeta, es la conclusión de mirar muy de cerca cómo vivimos hoy. Y no es una profecía porque aún tenemos elección, pero si seguimos así llegado un punto podemos acabar destruyéndonos. No sé cuánto hace que leen ustedes la Biblia o si la han leído nunca, pero en ella están los profetas hebreos, gente muy interesante. No son profesores de universidad que diseñan predicciones para ser confirmadas para su mayor gloria. ¡Qué listos son! Por el contrario, querían que sus profecías fallaran, fueran negadas, intentaban preocupar a la gente, y es lo que Gnutti hace en este documental. No es una profecía sino un aviso”, analiza el filósofo de 90 años.

Según explica, “en la base de los problemas de hoy es que somos interdependientes pero hoy todas las instituciones de acción colectiva fueron hechas por nuestros ancestros para servir a la tarea de ser independientes, son ineptos para condiciones de interdependencia. Hoy los problemas más importantes superan el marco de los Estados y las decisiones que se toman no pueden enfrentar su gravedad. Esto es lo más peligroso”.

“O intentamos adecuar nuestra política, local, con los problemas, globales, o no podremos actuar con éxito”, arremete.

En su análisis dice que “antes los medios de subsistencia estaban ligados a tener un empleo. De hecho hace 30 o 40 años en los países llamados desarrollados se prometía el empleo total. La palabra ‘desempleado’ subrayaba que eso estaba fuera de la norma, que la norma era el empleo. El desempleo era anormal. Hoy en los países anglosajones ya se utiliza la palabra ‘redundant’, redundante, para hablar de los desempleados. La palabra ya no precisa que la norma sea el empleo, sino que es un veredicto en el mercado laboral, de que es gente inútil, un problema de ley y orden más que un problema social”.

Bauman también se refiere a lo que advierte como el problema de la computarización a destajo.

“Las habilidades de muchos trabajadores manuales han sido transferidas a computadores y estos hechos redundantes. Si no se ha extendido más es porque hay países pobres donde el trabajo es aún más barato que fabricar el producto sólo con máquinas. Cuando sea más caro, la computarización del trabajo será completada. También la del trabajo intelectual, la de periodistas o profesores universitarios. Seguro que hay gente en Silicon Valley, en las grandes corporaciones, trabajando en eso ya. Saben cómo hacerlo. Así que estamos a punto de conocer un mundo nuevo y la única posibilidad que nos queda en él es cortar la conexión entre empleo y medios de subsistencia”.

Finalmente, opina que la solución es “que el ingreso de toda la sociedad se divida para que todos sean mantenidos con vida, que los medios de subsistencia sean independientes de la compañía para la que trabajas”.