edo caroe CEDIDA

Edo Caroe pasa estos días yendo del ensayo a su casa y de su casa al ensayo. Siempre casero, revuelto entre sus artículos de magia, libros y películas, el joven humorista y mago profesional prefiere pasar tiempo con su familia y concentrarse en su trabajo, lejos del ruido de la ciudad. “Vivo a la chucha, si no es por mi trabajo en la radio, me da lata salir”, confiesa al teléfono con The Clinic Online.

Y es que el humorista vive en las lejanías de Alto Macul, en la comuna de La Florida, en “el último condominio antes de Argentina”, bromea por Whatsapp antes de responder nuestra llamada. Allí pasa los días junto a su pareja y su pequeña hija de diez años, con las que no ha podido estar estos últimos días por su presentación en el Festival de Viña, este lunes a la noche.

Caroe, pasó de estudiar algunos años de Derecho a dedicarse completamente al humor. Apareció en la retina de la gente gracias a su presencia en algunos programas de La Red y posteriormente se enfiló hacia Viña con su exitosa presentación en el Festival de Olmué de 2014.

Sin embargo, para él la Quinta Vergara no había sido tema hasta que su carrera comenzó a ponerse seria. “El festival no fue un sueño de niñez ni nada. Veía con mi abuelo a los humoristas del festival, nunca me los perdía, pero nunca pensé en estar ahí. De hecho, yo no debía ser comediante, entré a estudiar derecho y no fui capaz de terminar la carrera, jaja. Así que terminé dedicándome al humor”, explica.

Con el tiempo se convirtió en una de las promesas jóvenes del rubro, caracterizado por su ácido humor negro y una cuota de crítica social, que rehúye en reconocer. Con su sello, ahora está a poco de debutar en la vitrina más grande de humoristas en el país, con un show de humor y magia.

A pesar del desafío que implica, dice no estar nervioso “porque lo estuve todo el año pasado mientras preparaba el show”. Ahora, sólo tiene ganas de salir al escenario, pero con respeto, como diría Jorge Valdivia. “Lo mejor es tener cuidado en Viña, sobre todo con los chistes de humor negro. El público se te va encima y cagaste, y no hay mucho que hacer ahí, intentando controlar a trece mil personas por un chiste que fue un poco descriteriado”, explica.

¿Vas a bajar un poco el cambio con lo crudo de tu humor entonces?
Hemos tenido cuidado con eso. Hay que irse con calma, no pretendo ser deslenguado y el humorista que va a decir las cosas que nadie se atreve a decir; no, voy a hacer mi pega, hacer reír, cuidando mi trabajo.

¿Qué te gusta del humor negro? ¿Cuán presente estará en tu rutina de Viña?
Me gusta esa sensación de incomodidad que se genera en la gente, esa tensión que se va acumulando y que termina con risas. Y estará presente, voy a intentar plasmar el humor negro en Viña. Pero sabemos que es un tema difícil y por eso lo estamos tratando de forma muy progresiva, probablemente desde la mitad de la rutina en adelante nos vamos a atrever con los chistes negros, porque el público, y sobre todo en masa, se pone muy sensible. Partir con algo muy brutal puede ser un balazo en las patas.

¿Te pusieron límites editoriales en CHV?

Casi nada, de hecho nada. La mayor cantidad de limitaciones vienen por nuestra parte, por el criterio personal como artista y como equipo. Intento ser criterioso al momento de presentarme en televisión, no soy un salvaje que vaya a decir cualquier disparate arriba del escenario, no es la idea pegarse un ranazo.

¿Tus rutinas tienen un componente político y social, cómo vas a enfrentar eso en Viña? Es una buena plataforma para la crítica.
No sé si son tan políticas o sociales en realidad. En Olmué había una parte que era política y eso fue lo que quedó en la retina de la gente, probablemente porque era lo que la gente quería escuchar, pero el libreto tenía un montón de otros temas. Tampoco soy un erudito al respecto ni estudié nada como para hablar del tema. Ni siquiera terminé mi carrera de derecho, jaja. No me siento capaz de hacer un show netamente político. No va a ser así Viña. Tendrá coyuntura política por supuesto, pero no lo es todo.

De todas formas tienes un punto de vista crítico de la sociedad y de lo que está ocurriendo.
Puede ser, pero no pretendo quedar como el humorista social. Es inevitable que uno deje plasmado su forma de pensar respecto a ciertas cosas. Y claro, la coyuntura a nivel país en el último tiempo ha sido muy social y la gente está despertando en cuanto a este tipo de cosas. Quizá gusta más escuchar eso, pero no, la verdad es que no me gustaría quedar etiquetado como un humorista social, no es mi búsqueda. Habrá que ver cómo me va y si queda esa imagen, bueno, nada qué hacer.

¿Te molesta que alguna gente te ponga esa chapa?
No me molesta pero no me gustan las etiquetas. He sentido eso sobre todo después de Olmúe, ahí quedó esa sensación. Y claro, cargar con ese peso en el humor es un poco raro, porque te limita. Por eso siempre intento desmarcarme. Y la gente que ha ido a ver mi espectáculo en vivo sabe que no solo hago humor social. Prefiero sacarme esa etiqueta y ojalá Viña sea un momento para que la gente se de cuenta de todo lo que puedo hacer.

¿Le tienes miedo al monstruo?
Miedo no. Sí hay un cuidado especial con ese público. Ya es sabido lo que ha pasado con otros comediantes. Entonces le tengo mucho respeto y eso se nota en que creamos un gran espectáculo para mostrar en Viña. Nunca lo planteamos como una rutina de chistes, siempre lo vimos como un espectáculo de humor y magia. Eso queda claro desde el primer segundo de la presentación. Por otra parte, asumo que la gente comprenderá que Marco Antonio Solís en algún momento terminará de cantar y se tendrá que ir a dormir y después viene otro tipo, que da el caso que soy yo. Espero que me escuchen con atención y vean lo que les ofrezco, que es un show bien bonito. Pero miedo no tengo, no me pararía ahí si fuera así. Yo soy muy miedoso de hecho, pero tengo muchas ganas de estar ahí y pasarlo bien.

Oye, y supongo que vas a tocar los casos Caval, Soquimich, Corpesca, o a nombres como Longueira, Dávalos, etcétera ¿o no?
Hay algo de eso. No sé si está tratado como la gente lo espera pero hay harto de coyuntura. No sólo política, si no de lo que la gente vive cada día. Un poco sobre la actitud que tenemos nosotros hacia esas cosas, va por ahí. Pero sí nos agarramos harto de la coyuntura, es probable que esos nombres salgan.