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¿Qué tan difícil puede resultar mantener al margen los sentimientos con un fuck friend (amigo para tener sexo)? Probablemente aquello sólo lo sepan quienes han estado ahí: bajo las sábanas con un compañero de trabajo, un amigo de la universidad o algún vecino del barrio.

Mi primer amigo con el cual me acosté y seguimos siendo amigos es, como corresponde, mi vecino. Me visitaba con frecuencia y cuando mi novio de ese entonces —un perro sin remedio que se desaparecía los viernes— me dejaba plantada por enésima vez, mi fuck friend aparecía y teníamos una noche amable, tranquila y con buen sexo”, relata Lola en Soho.com.

Según revela, la clave de todo es, por ejemplo, marginar de la relación la mínima ilusión de que el sujeto llegue al asado familiar un domingo, o esté ahí para cuando sea tu ceremonia de titulación. Pero si aquello ocurre, siempre vendrá otro, y otro y otro.

Lo que sí es cierto -explica- es que tener un fuck friend es definitivamente un desafío. Tarde o temprano el sexo termina en sentimientos y los sentimientos en problemas. Y ahí es cuando todo termina.

“Es difícil, me han dicho, tener un fuck friend. Eventualmente terminan mezclándose los sentimientos y tal vez en un futuro alguno de los dos se enamore del otro y se vuelva un infierno. Puede ser, aunque no lo creo”, afirma.

Sin embargo, lo cierto es que todo se acaba. Pero mientras tu fuck-friend siga ahí, tirando contigo en tu cama, es mejor no pensar en ello.

Puede ser también que él se case y se vaya a vivir a otro lado, o que yo me case y no quiera volver a su cama. Pero para todo eso falta tanto, que es mejor no pensar en ello y seguir comiéndome a mi amigo tranquila”, cierra.