Entrevista-a-Álvaro-Bisama-foto-alejandro-olivares

“Primer Plano: La hora de la sangre”, lleva como título la columna que escribió para el diario La Tercera Alvaro Bisama. En esta, el cronista advierte que la resurrección del programa de farándula “sucedió a costa de un muerto y ellos supieron aprovecharlo”.

Se refiere Bisama a lo acontecido el viernes de la semana pasada, cuando al aire, en el espacio se enteraban de la muerte de un brasileño que bailó en el desaparecido programa de Mega, “Mekano”.

“La misma noche en que José Miguel Viñuela era el invitado principal de “Primer Plano” la noticia de la muerte de Jefferson Barbosa, de Axe Bahía, explotó mientras transmitían en vivo. Viñuela aún no entraba al set. Los pormenores, a estas alturas aburridos, de “Volverías con tu ex” eran el tema de la semana. Pero pasó lo de Barbosa y Viñuela, que venía a hablar de su vida fuera de la tevé, tuvo que salir al aire”, describe.

Agrega que entonces, el programa de CHV traía de vuelta de ese exilio imaginario a Viñuela. “Pero con lo de Barbosa el show se puso tóxico mientras los viejos miembros de Axe Bahía lloraban al otro lado de la línea, las informaciones cruzadas iban y venían y nadie sabía muy bien lo que estaba pasando. Ver Chilevisión era una experiencia fuerte pero también alienígena. La cultura del periodismo de farándula enfrentaba su primer problema serio mientras trataba de portarse a la altura, entrevistando a los compañeros de grupo de Barbosa, que recién se enteraban de su muerte, urdiendo teorías, buscando en viejas notas de archivo alguna explicación de por qué había caído desde las alturas. De este modo, el pasado se juntaba con el presente. A nadie le interesaba el futuro de Viñuela sino su condición de antiguo conocido de Barbosa, de padrino de la moda del axé en Chile. El fantasma de la televisión del pasado volvía por Viñuela y se negaba a abandonarlo. Aunque quisiera, aunque tratase de crecer, el espectador sabía que estaría para siempre atrapado en la cárcel catódica que significaba haber sido el animador de “Mekano””.

Prosigue afirmando que “todo era muy extraño y a la vez muy penoso. Les estalló en la cara. En el programa olieron la sangre, figurada y literal, y se lanzaron tras ella. El capítulo terminó siendo extenuante; había que sacarle todo el jugo posible al cadáver aún tibio. También se trataba de algo tan simbólico como delirante porque viendo el show y escuchando las opiniones de quienes hablaban ahí, parecía que el aporte de “Mekano” a la cultura popular chilena era equivalente en el campo de la televisión al de Patricio Aylwin en política (…) Era el signo de los tiempos, como decía el viejo Prince, también fallecido por esos días; en la misma semana donde vimos a Sebastián Piñera al lado del féretro de Peter Rock y a Guido Girardi sentado al lado del Puma Rodríguez, que fue presentado como la figura internacional más relevante de los exequias de Aylwin”.

Para cerrar el espacio de opinión, el escritor se consuela al admitir con que “bueno, así son las cosas. Inverosímiles y tristes. Esta es nuestra televisión, donde la farándula es un infierno menor donde levedad cede paso al horror, como si fuesen lo mismo. Por ahora, la vida sigue y todos corren a atrapar la pequeña luz que la pantalla proyecta sobre ellos. Ya sabemos lo que vendrá. Mal que mal, apenas seis días después de lo de Jefferson y mientras La Cuarta revelaba que su suicidio tenía relación con denuncias de abuso sexual intrafamiliar, su compañera de grupo Flaviana Seeling (quien alguna vez fue entrevistada al lado de una copia de la Copa del Mundo) terminó asistiendo como invitada estelar a “Vértigo””.