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¿Qué sensación tiene de lo que está ocurriendo con la economía en el país?
Me preocupan los ánimos de los que opinan, que no son los 18 millones de habitantes, ni menos los 8 millones de personas que componen la fuerza de trabajo. Es tremendamente negativo que la mayoría de los “opinantes” busquen la cuña para el periódico en vez de discutir los temas de fondo. Se enfatizan las cosas malas y este país está muy lejos de ser el peor del mundo, pero pareciera que lo somos.

¿Hay un sentimiento de derrota?
Hay una profecía autocumplida: Estamos tirando para abajo al país todos los días, ignorando los avances, magnificando las diferencias, y lo más probable es que eso suceda. Esa famosa frase de ‘todos son corruptos’ no es verdad. No todos los parlamentarios, ni empresarios, son corruptos. Hay muchos que son muy honestos. La pregunta es, ¿qué pasó que hay tanto error?

¿Y qué pasó?
Hay errores que se han ido acumulando desde hace 15 años. Nos fuimos trancando, nos acostumbramos a innovar menos. Fue la complacencia de lo notablemente bien que lo hicimos en los primeros seis años de democracia. En ese tiempo, este país creció sobre 7%, como país asiático.

¿Cuál fue el punto de inflexión?
Varios. Por ejemplo, cuando lamentablemente en el gobierno de Frei no asumió Juan Villarzú como ministro de Hacienda. Los neoliberales empezaron a hacerle mala campaña diciendo que no podía ser ministro porque tenía una empresa minera. ¡Por Dios! Y mire lo que pasó después en el gobierno de Sebastián Piñera. El Presidente cedió, y puso al que iba de embajador en Estados Unidos, Eduardo Aninat, que lo habría hecho excelente, porque es muy bueno para ese tipo de cosas. Aninat no retrocedió, pero dejó de avanzar, y después la crisis se manejó mal. De ahí en adelante se desataron las trenzas neoliberales.

¿Las trenzas se desataron en el gobierno de Ricardo Lagos?
A fines del gobierno de Frei, cuando se perdió el Banco Central. En los primeros años de democracia, Alejandro Foxley fue un jefe de equipo económico que hizo casi todo lo que se podía hacer. Amplió el terreno para que no nos quedáramos trancados. En ese tiempo crecimos al triple que Estados Unidos y tres veces y medio más que Francia, Reino Unido y Alemania. Eso es ponerse las pilas. Más que soltada de trenzas, lo que ocurrió es que nos quedamos sin pilas y no tuvimos una política fiscal contracíclica, no salimos a invertir más para reactivar una economía deprimida por el contagio de la crisis asiática. Entre el 2001 y el 2004 podríamos habernos reactivado, haber crecido al 4%, si hubiésemos aplicado una política contracíclica. Varios economistas de la Concertación propusimos un plan de reactivación, que incluía muchos proyectos estatales de inversión que estaban esperando financiamiento, pero el ministro de Hacienda Nicolás Eyzaguirre dijo que si Chile lo hacía, los mercados financieros nos iban a castigar. Ya el Banco Central, que ejerció su autonomía, había cruzado la línea al neoliberalismo liberando la cuenta de capitales y el tipo de cambio, dejando la economía chilena a merced de la volatilidad financiera.

¿Por qué el mercado nos iba a castigar?
Porque hacer inversión pública requiere gastar los fondos y se eleva el déficit fiscal. Los mercados iban a leer que Chile había reducido sus activos, pero eso era fácil de explicar por la responsabilidad fiscal exhibida por Chile en los 90. Habíamos tenido diez años de crecimiento y había que seguir creciendo, para que no cayeran los ingresos tributarios. Pero cayeron. Durante cinco años estuvimos creciendo el 2,6% en vez de los 7,1% que habíamos tenido durante los primeros nueve años, y recaudamos menos impuestos. En cinco años dejamos de recaudar 20 puntos de crecimiento que se perdieron.

¿Y desde ese momento nos estancamos?
Muchas veces hemos avanzado un paso y hemos retrocedido dos. El Transantiago, por ejemplo. Era bueno transformar el transporte en Santiago, pero paso a paso. Se dio un paso grande y no estaban los paraderos disponibles, ni la gente sabía dónde pasaba la micro. Tengo un amigo economista colombiano que me dijo que nosotros los chilenos éramos prepotentes, que ellos se habían demorado seis años en reformar el transporte y aun así tenía fallas. Hay que tener cuidado con el diseño de las reformas, pero avanzar persistentemente. Los progresistas no tenemos derecho a botar la plata, tenemos que ocuparla para construir un futuro sostenible.

LAS REFORMAS

¿Qué tan cerca estamos del desarrollo?
No nos engañemos. Decir que estamos a punto de pasar al desarrollo no es verdad. Tenemos que crecer. ¿Cómo distribuyes en democracia? ¿Cómo le quitas a uno para darle a otro en un país donde los medios de comunicación están controlados por intereses económicos neoliberales?

¿Qué hay que hacer entonces?
Las Pymes están mal. Hay que hacer un programa tremendo de líneas de créditos, con tasas razonables. Si eso se hace con fuerza, con la Presidenta dando impulso, la economía se puede levantar. Pero no se hace porque hay falta de convicción. Acá hay que cambiar el ánimo y eso tiene que partir desde la Presidenta y con el respaldo de un programa de desarrollo productivo con las Pymes en el centro.

¿Cuánto ha afectado al crecimiento las reformas impulsadas por el gobierno de Bachelet?
La reforma educacional fue una confusión tremenda, no dejaron a nadie contento. Esto se hizo muy mal. ¿Dónde estaba la peor educación? En las escuelas públicas. ¿Y qué hicieron? Partieron al revés. Esto ha sido brutalmente incompetente. En lo laboral hay cosas que se han hecho bien, las capacitaciones, pero lamentablemente esto se publicita poco. Este gobierno no comunica bien. No basta con que el comunicador diga el mensaje del día, tiene que machacar las cosas, hacerlo de manera didáctica.

Lo que no pasó en la reforma tributaria.
Estoy absolutamente convencido que la reforma tributaria es positiva, porque recauda de manera claramente progresiva, pero la opinión pública no tiene idea de eso. No son capaces de transmitirlo. En esta reforma hubo dos errores grandes. Uno, que fue decir que esto no afectaba la inversión, cuando era obvio que eso iba a pasar. Había que salir a decir que era cierto que los grandes iban a invertir menos, pero que se iba a ayudar a que los pequeños y medianos invirtieran más. Y el segundo error fue la cocina.

¿Cómo ve el liderazgo de la Presidenta?
Para el anuncio de lo previsional dije: ‘presidenta, bienvenida’. Habló con fuerza y con propuestas. Antes, era otra persona. Estaba como fuera e hizo mucha falta, pero aún está a tiempo. El ministro de Hacienda está viendo cómo acorta la inversión pública y eso es lo contrario de una política contracíclica. El Estado tiene que gastar plata en inversión, pero no en bonos. Hay que hacer obras públicas, hacer alianzas con el sector privado. Eso es conducción. El mundo neoliberal está presionando al ministro para que corte, pero no hay que hacerlo. Por el contrario, hay que invertir como el único camino para reactivar y construir futuro.

La derecha culpa de la crisis a Bachelet.
Yo miro el 2013 y veo a lo menos seis indicaciones de que la crisis se veía venir. Las exportaciones se venían frenando desde el 2008, pasando por los cuatro años de Piñera, que recibió un país caído, pero no destruido. Después de los ajustes recesivos, normalmente viene una recuperación, y eso es lo que pasó durante su gobierno. Estuvieron en el 4% de crecimiento, con las exportaciones muy a la baja. Y Bachelet recibió una economía desacelerada al 3% ya en los dos últimos trimestres de Piñera.

La inversión privada también ha bajado.
En el último tiempo tuvimos una fuerte inversión extranjera, en parte para comprar empresas. ¿Puede un país vivir de esa inversión? No, porque la estrategia de la inversión extranjera no es el desarrollo nacional, su estrategia –legítimamente- es rentabilizar sus empresas y ver dónde les va mejor. ¿Qué ha pasado? Se nos empezó a caer la inversión de los nacionales y los extranjeros duplicaron su inversión. Muchos empresarios chilenos se llevaron su plata para afuera y debilitaron su innovación en Chile.

Y hay algunos que están pensando irse del país.

La inversión productiva tenemos que cuidarla, no podemos decirle a estos empresarios que les vamos a pasar la retroexcavadora y los vamos a mandar para afuera, porque constituyen el 70% de la economía chilena. Pero es preciso impulsar el desarrollo de pequeños y medianos que vayan ocupando un espacio creciente.

REVOLUCIONARIOS

¿Ve un ánimo refundacional en algunos políticos?

Hay un lenguaje de una minoría explosiva y revolucionaria, que quieren hacer borrón y cuenta nueva: todos para afuera, todos son corruptos, y que llegue un Robespierre.

¿Cómo son esos revolucionarios?
Es gente más joven y muchos de ellos no han sido muy bien tratados, porque no tuvimos una política que les diera oportunidades de mejores empleos a los jóvenes. Se han hecho muchos avances respecto a lo heredado de la dictadura, es innegable, pero insuficientes y con contradicciones.

¿Qué le parece el liderazgo de Gabriel Boric y Giorgio Jackson?
Son distintos, pero qué bueno que estén en el Parlamento. Me gustaría sí que conversaran más con gente que no milita con ellos.

¿A usted lo representa el país que anhela Boric?
No sé lo que él haría en un gobierno, pero de Ricardo Lagos creo saberlo.

¿Qué tanto conoce a Ricardo Lagos?
Lo conozco desde la década del 60. En la dictadura viajamos juntos a un congreso en Alemania, de la social democracia. Acá en Chile nos juntamos muchas veces. Fui su representante durante los últimos dos años de su mandato, en una iniciativa de Francia, Brasil, Alemania, y Chile, dirigida a combatir el hambre, la pobreza, y la transmisión del sida y la malaria, en países subdesarrollados. Después continué durante los cuatro años de Bachelet identificando fuentes de financiamiento innovador para ello. Y se avanzó con recaudaciones.

Entonces tiene una buena opinión de él.
Lo respeto, le tengo mucho aprecio. Ricardo Lagos es un estadista, un tipo que piensa para Chile, para la región, para el mundo. Necesitamos renovación, necesitamos estadistas nuevos, pero si finalmente es el candidato nuestro, voy a votar con mucho gusto.

¿Piñera no es un estadista?
No, pero fue un alumno brillante. En 1972 fue un alumno de siete, pero no es lo mismo que Lagos. A mí no me gustó su presidencia. Yo valoro mucho que votara por el No y que hablara de los cómplices pasivos, pero es un conservador. No hablemos que es de centro derecha. Los partidos de derecha de ahora son más conservadores que los que había en los 60, son más derechistas que don Jorge Alessandri. Eso sí, son buenos administradores de empresas, ponen orden. Yo pensé que iban a hacer eso en los ministerios, pero no ocurrió. Al contrario, desordenaron. Me dijeron que cuando asumió el gobierno de Bachelet, los equipos de los ministerios de Salud, Vivienda, y Energía estaban debilitados. Piñera debilitó la institucionalidad, estaban varios ministerios parados, con pocos proyectos para la acción.

¿Lagos y Piñera son candidatos de otro tiempo?
Son candidaturas prematuras aún, pero hay una incapacidad de nuestro sistema político. No hemos creado un ambiente renovador de las ideas. Chile se trancó. Es increíble, se chantaron nuestras mentes.

¿Ve la continuidad de la Nueva Mayoría?
Como sea, necesitamos mayorías amplias para avanzar hacia el desarrollo incluyente y democrático.

¿No hay una oportunidad para que la DC corra en solitario?
No tiene sentido, es para darle en bandeja la presidencia a la derecha, lo mismo con un frente de izquierda.

¿La DC ha sido la piedra en el zapato del gobierno?
Hay algunos, pero hay muchas otras piedras de diversos orígenes. Ha habido críticas acertadas, pero otras mal hechas y por canales equivocados. Pero ha apoyado los principales proyectos y a veces ha contribuido a mejorarlos.

NEOLIBERALES

¿Se puede ser neoliberal y aspirar a la equidad?
Sí, por supuesto. Hay muchos neoliberales que son honestos y creen que con sus políticas reducirán la desigualdad. Pero siguen una ideología que lleva a profundizar la desigualdad, como sucedió durante la dictadura. El punto es que estos economistas están convencidos que si se ponen más impuestos la gente no va a invertir y que el Estado lo hace todo mal.

¿Es poco claro el actual proyecto económico del país?
Tenemos un país desconcertado. Estábamos tratando de salir de una gran desaceleración, y es latente el peligro de repetir lo mismo que ocurrió en 1999. En ese tiempo, Lagos se equivocó con su ministro de Hacienda, confió tal como lo hizo Bachelet, y no fueron buenos ministros para un gobierno de centro izquierda. Eran respetables, honestos, inteligentes, pero no son para centro izquierda.

¿Cómo tiene que ser un ministro de centro izquierda?
Foxley fue un ministro de centro izquierda, pero desde Aninat en adelante no hubo ninguno. Un buen ministro de Hacienda tiene que hacer las reformas a tiempo, no veinte años después. Así da saltos menos graduales y manda señales. Un ministro tiene que corregir los programas que son renovadores en un momento y que después se van poniendo inertes. El desarrollo es ir avanzando sistemáticamente, de manera coherente.

¿Triunfó la mirada de los economistas neoliberales?

Sí, son los mismos que hoy dicen que como el precio del cobre bajó, hay que reducir gasto fiscal. No pues, eso es política procíclica. Necesitamos reactivar la inversión fiscal. Cuando aumenta el desempleo y las empresas van a crecer menos, hay que crear demanda, y el único que puede hacerlo en estas circunstancias es el Estado. No repartiendo cheques, sino que impulsando la capacidad productiva.

¿Por qué estos economistas creen que la salida de la crisis está en moderar el gasto?
Porque tienen desconfianza del Estado. Ellos creen que lo que gasta el Estado es malo, entonces mientras menos, mejor.

¿Qué le pareció la irrupción pública de José Piñera?
Grotesco. Está en un error profundo. En 1981, él creía -tal como muchos otros- que Chile crecía al 8%, cuando en realidad crecía al 2,9%. La dictadura tuvo un 2,9% de crecimiento entre 1974 y 1981, y las AFP se proyectaron con un crecimiento de 8% y pleno empleo. En los 80 el desempleo promedió 19%.

¿Lo grotesco es que mienta?
Que hoy siga hablando que ellos crecieron a esos ritmos, es tan falso. Temo que en 25 años él no miró los números, se quedó en su publicidad.

Usted fue de los que criticó el modelo de las AFP en ese tiempo.
En 1981 fui crítico. Yo habría hecho sólo una AFP y que fuera estatal. Como muchos de los países desarrollados social democráticos. Hay capitalización y solidaridad, porque solo el componente de reparto no da, a no ser que la población sea estática. Y eso no pasa, estamos pasando de 2,5% a 0,8% de crecimiento demográfico. Es otro mundo y la gente, además, vive mucho más.