Axel Kaiser 01

A propósito de la muerte de Fidel Castro, el abogado y crítico acérrimo de la igualdad, Axel Kaiser, ocupa un espacio en El Mercurio para publicar una carta abierta, cuyo destinatario es la izquierda. Acá, extractos del texto.

“Estimados amigos de izquierda:

Muchos de ustedes han sentido un profundo pesar por la muerte de Fidel Castro. Entre los afectados se encuentra incluso nuestra Presidenta, quien lo ha calificado como “un líder por la dignidad y la justicia social en Cuba y América Latina”. A los que se identifican con esa visión quisiera invitarlos amistosamente a reflexionar sobre lo que representa el personaje que admiran. Para ello voy a comenzar recordándoles lo que el mismo Castro dijo alguna vez sobre la ideología marxista que luego abrazaría: “El comunismo -dijo en 1959- es una dictadura de clase, y yo he luchado toda mi vida contra las dictaduras. Por eso no soy comunista. El comunismo predica el odio de clases, la lucha de clases, y yo estoy contra de eso. No se puede confiar en los comunistas””.

Como ustedes bien saben -afirma Kaiser- “Castro tenía razón: el comunismo predica el odio y el genocidio físico de un grupo humano para instalar una dictadura encabezada por otro. Bien diría el Che Guevara describiendo al revolucionario ideal: “El odio como factor de lucha … que impulsa más allá de las limitaciones naturales del ser humano y lo convierte en una efectiva, violenta, selectiva y fría máquina de matar”. El mismo Guevara escribiría en una carta a su padre: “tengo que confesarte, papá, que en este momento descubrí que realmente me gusta matar”. ¿Es eso lo que ustedes sienten y promueven; desprecio por la vida de otros seres humanos al punto de querer exterminarlos? ¿Piensan en serio que la filosofía del odio que llama a matar fríamente a otros es la forma de hacer justicia social y defender la dignidad de las personas? En alguna época, el mismo Castro, si le creemos, pensaba que ese no era el camino. ¿Y qué pasó, estimados amigos, cuando Fidel abrazó el comunismo y se convirtió en el líder que alaban? Pues justo lo que él mismo advirtió: dictadura de clases y violencia sistemática”.

El director ejecutivo de la Fundación para el Progreso, se aferra a Project Cuba, para referir las víctimas que dejó el régimen de Castro. “Se estima que las víctimas de los Castro podrían llegar a casi ¡100 mil! Solo escapando de la isla se calcula que han muerto alrededor de 78 mil personas inocentes”.

“Tal vez algunos ejemplos concretos contribuyan a entender mejor lo que ustedes apoyan”, prosigue. Al respecto recuerda el caso de los tres niños Lazo. “En 1971 fueron sorprendidos en una balsa intentando escapar del régimen que admiran. La guardia costera de Fidel atacó el bote y los tres niños murieron ahogados, mientras la madre era devorada por tiburones”.

“¿De verdad están dispuestos a justificar a un líder como Fidel, responsable del asesinato de niños? Porque casos como los anteriores hubo muchos, y están todos documentados. ¿Se olvidaron de la masacre del río Canimar?”, pregunta.

“Muchos de ustedes han denunciado el femicidio y, además, nuestra Presidenta ha dirigido la ONU Mujeres. ¿Sabían que cientos de mujeres inocentes figuran en los registros como ejecutadas y asesinadas por el régimen castrista?” prosigue.

“Un caso emblemático fue el de Lydia Pérez López, de 25 años, que, en 1961, estando embarazada a 30 días del parto, fue pateada en el vientre por el guardia que la vigilaba, provocando la muerte de su bebé. La joven murió días después luego de que sus captores le negaran toda asistencia médica. ¿De veras respaldan el femicidio sistemático cuando se trata de llevar adelante la ideología con la que simpatizan?” ironiza.

“¿Y cómo pueden ustedes, que se han hecho de la bandera de las minorías sexuales, adular a un régimen que persiguió a los homosexuales y artistas poniéndolos en campos de concentración? ¿Se olvidaron de que así como en las rejas de los campos de concentración nazi tipo Auschwitz se ponía el lema “Arbeitmachtfrei” (el trabajo hace libre), en los cubanos se copió la idea dedicándola a los homosexuales, quienes al llegar leían el lema “El trabajo os hará hombres”? Incluso, un intelectual estalinista como Jean Paul Sartre condenaría las purgas de homosexuales realizadas por el régimen de Castro. ¿Por qué ustedes guardan un cómplice silencio al respecto?”

Kaiser espeta que “entre ustedes hay varios médicos. ¿Sabían que Cuba es el único país del mundo en haber puesto en cuarentena a quienes arrojaban positivo en los tests de VIH? ¿Es esa la humanidad socialista que añoran? ¿Y cómo pueden decir en serio que en Cuba hay justicia social si, según informa la cadena PBS, cuando Castro tomó el poder, el país, por muchos problemas que tenía, mostraba el quinto ingreso per cápita más alto del hemisferio, era el tercero en expectativas de vida, el cuarto más alfabetizado de América Latina, el segundo con mayor cantidad de autos y teléfonos por habitante, el undécimo con mayor cantidad de doctores por habitante en el mundo y sus niveles de igualdad eran superiores al de muchos en la región, mientras hoy, más de medio siglo después, es un desierto de miseria con un salario promedio mensual inferior a US$ 30?”

Luego de seguir enumerando situaciones que en su opinión restan a la figura de Castro, propone que “para qué vamos a seguir, amigos. Sólo queda preguntarles una vez más, sinceramente: el odio, el asesinato de niños y personas inocentes, los campos de concentración, la persecución de minorías sexuales, el militarismo genocida, la miseria generalizada, la destrucción de toda libertad de expresión y prensa, las torturas, los presos políticos, la prohibición de dejar el país, el trabajo forzado y la vida en el máximo lujo de una clase dirigente dictatorial mientras la población subsiste en la pobreza, ¿configuran su ideal de dignidad humana y justicia social? ¿O piensan en serio que todas esas cosas son puros inventos del imperialismo?”

“Espero que estén de acuerdo en que así como no es sano para la convivencia nacional justificar crímenes cometidos bajo el régimen militar chileno, tampoco lo es que hagan apologías a uno de los criminales más sanguinarios de la historia latinoamericana. De lo contrario, nunca tendrán credibilidad en materia de derechos humanos, por mucho que pongan los ojos en blanco cuando se menciona a Pinochet”, cierra.