El Consejo de Observadores del Proceso Constituyente (en adelante CCO) nombrado por la Presidenta Bachelet ha terminado la redacción del informe de bases ciudadana comprometido. Este da cuenta del proceso de Diálogos Ciudadanos donde participó 200 mil personas. Son 600 mil ideas expresadas en más de 160 mil párrafos. Una tarea titánica de sistematización, que no tiene precedentes en nuestra historia y, por qué no decirlo, en la historia del constitucionalismo occidental.

Como integrante de este Consejo, quisiera acompañar una breve reflexión a través de esta columna, que no tiene que ver para nada con los contenidos de este informe. Sin duda, la reflexión de fondo no se agotará con el trabajo que hemos estado desarrollando y que se traduce en este documento. Seguramente, este tema nos mantendrá entretenidos por varios años.

Mi interés en esta ocasión, tiene que ver con un fenómeno anexo al debate de contenido, pero que se manifestó a lo largo del proceso de Diálogos Ciudadanos, y se hizo evidente desde los primeros encuentros locales auto-convocado en que asistí, y que acá se denomina como “fraternidad constituyente”. Por cierto, no estamos hablando de nada nuevo. La Fraternidad como principio, ha acompañado desde sus inicios al constitucionalismo, como se desprende del lema “Libertad, Igualdad y Fraternidad” propio de la Declaración de Derechos del hombre y del ciudadano (26 de Agosto de 1789).

Este principio, comprende un cierto espíritu de camaradería o amistad cívica que ánimo el debate constitucional y la elaboración de propuestas en este sentido. Por ejemplo, se expresó en la forma en la cual las personas abordaban un debate constitucional, ya que rápidamente se desprendían de sus demandas o intereses particulares simplemente para deliberar e ir reconociendo en los comentarios de terceros, otros argumentos que antes no conocían o se imaginaban, lo cual les permitía llegar a acuerdo que no podrían haber sido anticipados al comienzo del debate.

Asimismo, este espíritu de fraternidad que animó la discusión de los ELA en adelante, también se hizo presente desde el primer día en el CCO, en nuestros acuerdos y en la convicción de perseverar en esta iniciativa, a pesar de los numerosos problemas que se fueron sucediendo en el camino.

El compromiso de los consejeros en el proceso fue a toda prueba. Todos debimos conciliar nuestras labores habituales con extensas jornadas de trabajo, elaboración de informes y la observación del proceso que se desarrollaba durante los fines de semana. Particularmente, la presencia en cada ELA suponía varias horas de intensas conversaciones, donde nuestro retiro para ir a otra actividad no siempre era bien mirado y comprendido, lo cual conspiró en el número de ELA que finalmente pudimos observar.

También tuvimos nuestros fracasos, como la pronta partida de Cecilia Rovaretti y José Miguel García, que nos penó hasta el final. Siempre pensamos que pudimos hacer algo más por mantenerlos entre nosotros. Pero también éxitos, como mantener la participación de Jean Beausejour, quien a pesar de todas sus responsabilidades deportivas, siempre se las ingenió para estar al día de los debates y los acuerdos.

Es de esperar que este espíritu de fraternidad constitucional acompañe las próximas etapas del proceso constituyente: un proyecto de reforma para la actual constitución que permita su reemplazo y la elaboración de una propuesta constitucional de nueva constitución, inspirada en las bases ciudadanas.

*Francisco Soto Barrientos es académico Facultad de Derecho U. de Chile.