¿Cuál es su análisis de los resultados de las primarias?
Creo que hubo una participación de la derecha más allá de la esperada. Ellos sienten que tienen una posibilidad real de volver al gobierno, pero también se sienten amenazados por posturas como las del Frente Amplio (FA), entonces se vuelven más agresivos con respecto al orden vigente. La votación de la derecha hay que desglosarla entre los votos de Ossandón y los del resto. Es decir, de un millón 400 mil votos, hay que descontar 300 mil, que no los tiene asegurados Piñera, porque gran parte de los votos de Ossandón son de desprecio a Piñera. Algunos de ellos deben venir de los votos que le quitó a Soledad Alvear cuando salió electo senador. Esos sufragios más de centro deberían ir a Carolina Goic, Alejandro Guillier, y eventualmente hacia Beatriz Sánchez.

¿Cómo un voto de Ossandón puede terminar en Beatriz Sánchez?
Ambos tienen entrada en los sectores populares. Una parte de esos votos podrían ser recuperables por el FA. Esos votos son de gente que está harta de la elite y de la corrupción. Ese es un elemento muy importante sobre como esos sectores populares ven la política hoy. En ese sentido, la candidata del FA puede ser atractiva para quienes quieren una forma de política más transparente. Debemos ir a esos lugares donde obtuvimos poca votación con una campaña que despierte a los votantes y les dé un camino a seguir. No para decirles a las personas que voten porque queremos ganar, sino que lo hagan porque queremos incorporarlos a la discusión política. La tarea no es fácil, porque no tenemos a los concejales y alcaldes, pero si no hacemos ese intento, todo lo hecho por el FA será valioso, pero no tendría ninguna posibilidad real de dar una sorpresa.

¿Por qué el FA no ha logrado permear su proyecto hacia esos votantes?
Porque el FA es parte de un sistema político que tiene sus circuitos cortados con el grueso de la ciudadanía. No estamos ajenos a ese escenario, a pesar que sus principales dirigentes provienen de un movimiento social que quebró la política el 2011, con una participación masiva de distintos sectores de la sociedad respecto de la discusión sobre la educación y otros temas.

Mirándolo desde esa perspectiva, habría que preguntarse dónde están esos votos hoy.
Eso habría que tratar de recuperar. Ahora, pongamos las cifras sobre la mesa. El FA sacó 320 mil votos en una primaria. Cuando yo fui candidato el 2009 saqué 420 mil votos en una presidencial. Entonces, sacar 320 mil votos con solo una parte de la izquierda, es una alta votación.

¿Se generó una sobre expectativa sobre el FA?
Yo creo que sí, Mayol dijo que podían sacar 500 mil votos. A mí nunca me pareció que íbamos a llegar a ese número. Se está cayendo en una suerte de sobre exigencia, como si el FA tuviese la obligación de construir una avalancha ciudadana. Eso es muy difícil de lograr en el estado de congelamiento en el que está la relación entre la política y la sociedad. Pienso que hay dos escenarios. Si la abstención es de dos tercios, es muy probable que la definición sea entre Piñera y Guillier. Si se amplía, no es que vaya a ganar la candidatura del FA, pero tiene una posibilidad importante de pasar a segunda vuelta. Para eso, la candidatura de Beatriz Sánchez debe continuar en su línea de llegar a los que son indiferentes o que desconfían. Ella posee las condiciones para generar ese proceso.

¿Este es un buen momento histórico para las ideas del FA?
Uno nunca sabe cuándo es el mejor momento.

Pero comparémoslo con su candidatura el 2009. Esas ideas, ¿tienen mejor recepción ahora que antes?
Nunca lo he pensado así. Mis ideas, que fueron bastante radicales, tuvieron el 6,2%.

¿Y sus ideas siguen siendo radicales en el actual escenario?
Sí. He leído las minutas del FA y las comparto. En algunas materias me sentí identificado con los planteamientos de Alberto Mayol. Entre el 2009 y hoy esas ideas han ido madurando. Lo que ocurrió el 2011 fue un hito de movilización social. La gente podrá preguntarse qué pasó con esa fuerza. Bueno, lo que pasa es que los movimientos sociales no continúan, no son como los partidos políticos. Ahora, eso sí generan organización social y fuerza política. Nuestra lucha es con viento en contra. Vivimos uno de los momentos culminantes del desarrollo capitalista y Chile es un país donde un tipo de capitalismo extremo invadió la sociedad, la política, la democracia, la familia. Ese es el escenario de nuestro país, y el FA está tratando de ofrecer un mejoramiento de la vida.

¿Cómo ha sido su experiencia en el FA?
Yo debo ser el único dinosaurio que está ahí. Me resulta muy cómodo, porque a pesar de mi edad, yo soy muy joven. Tengo una muy buena impresión de toda la gente que está allí.

Algunos critican una cierta arrogancia en su forma de plantearse dentro del escenario político.
La arrogancia es un rasgo de la juventud, en todas las épocas. La tienen con sus propios padres. Pienso en la generación del 20, en el “Balance patriótico” de Vicente Huidobro: “los jóvenes al poder, los viejos al cementerio”. No tenemos por qué pedirle a esta generación que corrija algo que es milenario. Eso sí, en algunos jóvenes falta que hagan propia la historia que no vivieron. Todo lo que pasó con el movimiento popular, con Salvador Allende, la Unidad Popular. Hay un cierto vacío de formación, porque hay grandes períodos históricos que ellos debieran conocer bien. Cómo no hacer propio a Luis Emilio Recabarren, por ejemplo. Si no, lo que se da es una parterogénesis, un bicho que sale de sí mismo. Y en política, nadie es hijo de sí mismo. Eso es bueno reconocerlo.

¿Cómo el Frente Amplio pretende darle gobernabilidad a su proyecto?
Los cuadros y escenarios políticos se componen y se recomponen. A mí me gustaría que un gobierno de avanzada social fuera capaz de construir una complicidad con las organizaciones y movimientos sociales. Con los que luchan por el agua, por la educación gratuita, por la igualdad de género, y con los pobladores agrupados en cooperativas para construir sus viviendas. A esos movimientos, yo los tendría sentados al lado de la Presidencia. Hay que salirse de ese esquema estricto de los partidos políticos. Yo pensé que Michelle Bachelet haría eso, porque tenía la vocación transformadora, pero no lo pudo realizar. Y Guillier no tiene ninguna condición, ni vocación para hacerlo. A mi juicio, Guillier es menos de lo mismo.

NUEVA MAYORÍA

¿Da lo mismo que salga Piñera o Guillier?
Sin duda que no, pero no sé si las diferencias son suficientes como para justificar un voto por Guillier. Como persona tengo una buena opinión de él, pero muy mala como líder político.

¿Era mejor Lagos?
Había otros. No habría votado por José Miguel Insulza. Por el que capaz hubiese votado habría sido Fernando Atria. Tiene ideas nuevas y reivindica el socialismo con fuerza.

¿Qué le pareció el desmarque que le hizo el PS a Lagos?
Raro, por decir lo menos. El PS siempre había levantado a alguien de sus filas con aspiraciones presidenciales. A veces, no hasta el final, pero hasta en los peores momentos, siempre había un nombre. Esta es la primera vez que no lo hace. Hay un debilitamiento en la identidad del partido, en el orgullo. Yo no sé si hay un partido en Chile donde cuatro expresidentes dejaron de militar: Carlos Altamirano, Germán Correa, Gonzalo Martner, y yo. Algo quiere decir eso.

¿Le hubiese gustado una alianza entre el PC y el FA?
No en esta pasada. El PC tiene una política bien definida. Al César lo que es del César: la única fuerza que ha tratado de hacer esfuerzos transformadores dentro del gobierno es el PC. Pero obviamente sabemos que eso es insuficiente. Ellos están en un campo donde las plantas no florecen, sino que son aplastadas.

Luego de las primarias, Guillermo Teillier dijo que el Frente Amplio no era una amenaza.
Veamos en noviembre. El PC hace de la lealtad sus compromisos, y a Teillier eso hay que reconocérselo como un mérito. Lo que pasa es que a veces a mí me gustaría que esa lealtad estuviera acá. Pero está en su derecho a decir eso.

Ninguno de los proyectos de izquierda que han salido de la Concertación o Nueva Mayoría han cuajado. Cuando usted se fue sacó 420 mil votos, MEO lo intentó y ahora está regresando. ¿Qué ha ocurrido?
MEO sacó un 20%, pero no fue una candidatura de izquierda, fue transversal. Tal es así, que un segmento importante de su votación después pasó a Piñera. Yo creo que mi generación política, después de 17 años de dictadura y de 25 años de transición, se dedicó a despolitizar, a no generar discusiones políticas de fondo. Nuestra generación no consiguió perforar eso. Más bien, generamos indiferencia, tenemos responsabilidad en que la no participación en política se haya encaramado como está. Ahora, no es que crea que estas nuevas generaciones sean ángeles, pero tienen otra manera de aproximarse a la política y otro modo de pensarse de izquierda.

¿Cómo es esa izquierda?
La lógica de una sola izquierda ya no es posible. No está limitada al FA. La izquierda hoy es la suma entre los emergentes y los históricos, representados por el PC y sectores del PS. La izquierda de hoy es biodiversa, y eso es un valor. No me interesa que sean todos iguales. Ese ha sido un fenómeno histórico, lo que pasa es que en los años 30 surgió el PS y recibió en un espacio común a segmentos de izquierda que venían de distintas concepciones. Había marxistas, progresistas, trotskistas, y anarco-sindicalistas. El PS era un crisol y ahora eso lo representa el FA.

PIÑERA

¿Piñera es el gran ganador de esta primaria?
Piñera tiene un techo, porque tiene un rechazo muy grande. Para él es muy difícil llegar al 50,1%, pero no imposible. Yo creo que él puede ganar, pero va a ser muy difícil. No creo que Piñera sea un monstruo electoral que arrasa.

¿Cómo lee el fenómeno de Ossandón?
Ossandón es un protoautoritario. Esto que dijo de meterle bala a la gente en la Araucanía… él es un conservador con sensibilidad social, como eran los buenos patrones de fundo en el comienzo del siglo XX.

¿Ossandón es el recambio de la derecha?
No creo. Él tiene un capital político, pero si apoya a Piñera va a dilapidar parte de eso. Ossandón va a tratar de irse a la inglesa, es decir, sin que nadie se dé cuenta. Salir por una puerta lateral, sin decir nada. Ya dijo, además, que los votos no eran de él, entonces, si llama a votar por Piñera va a perder credibilidad. ¿Cómo va a llamar a votar por alguien a quien llama amigo de lo ajeno? El recambio de la derecha está en lo que apunta Felipe Kast. Que hizo una suerte de performance política. Él habla de una derecha más liberal y socialmente sensible. Su futuro es correrse cada vez más a la derecha, si quiere tener futuro allí.

A la extrema derecha está su tío.
Interesante personaje que representa el integrismo. Tiene el apoyo de la familia militar y del pastor Soto. Esa es la derecha de la UDI original, de Jaime Guzmán. La derecha de Chacarillas, los auténticos, no estos que estuvieron y se hacen los lesos, como Chadwick y Longueira. José Antonio Kast es el ADN de la derecha facha.

¿Está contenida esa derecha o puede crecer?
La veo encerrada, a menos que se provoque un acercamiento entre Ossandón y ellos.

La crítica frecuente a Sebastián Piñera es su vinculación con el dinero. Pero da la sensación que eso ya no le afecta en su popularidad. ¿Por qué crees que pasa eso?
Le pasa lo mismo que a Donald Trump. Es lo que dicen los economistas sobre los hechos que van a ocurrir próximamente, que el mercado ya los absorbió. En la derecha ya hicieron la pérdida sobre el Piñera empresario. Además, al voto duro esto no le importa, porque son iguales. Tienen que defender a uno de los suyos, nada más. Ahora, no es que esos hechos no importen, porque este es el candidato con más alto rechazo, y lo más probable es que él pierda la elección por eso. Pero no va a bajar uno o dos puntos por cada denuncia que se hace.

¿Hay una lucha entre quienes quieren cambiar el modelo y los que buscan perfeccionarlo?
Esto es muy difícil de contestar sin ponernos en el escenario mundial. Vivimos un ciclo del capitalismo. En diversas partes del mundo se han provocado fenómenos similares al que vivimos nosotros. Por ejemplo, las vinculaciones entre el poder político y el económico que representa Trump en Estados Unidos. Bueno, Piñera representa lo mismo acá. Hasta sus chistes son bastante tontos, como los de Trump. Hay una invasión de la democracia por el mercado, pero al mismo tiempo es mundial la emergencia de indignados, como por ejemplo el Podemos en España. Hoy no es posible salirse de la cancha del capitalismo salvaje. Hay que tener conciencia que estamos dentro, que somos un elemento, y que debemos jugar y tratar de dar vuelta la tortilla, como ocurrió con Allende, que ha sido la única vez en todos los años de historia que Chile ha estado a punto de lograrlo.

Pero habrá muchos descontentos que buscan perfeccionar el modelo más que cambiarlo.
Debe haber elementos de ese tipo. Hay gente que aspira a estar mejor dentro de este mismo sistema. El punto es si crece o no la gente que todavía mantiene la idea y la aspiración de vivir de otra manera. En un mundo tan desfavorable como éste, el desafío de hoy es ser capaces de ofrecer una esperanza para la vida cotidiana y para la vida de nuestros hijos. Y eso debe hacerse con otro modo de organizar la sociedad. Una que no sea clasista, discriminadora, jerarquizada, elitista, ni mercantilista.