Los ensayos que componen el libro se inmiscuyen en las discusiones que se han vuelto prioritarias en la agenda política y mediática: las problemáticas de género. Pero, absteniéndose de tomar esas coartadas rápidas de “estar a favor” o “en contra”, se propone tensionar tanto el sentido común como las respuestas que se esperan de antemano. Sin rodeos, el autor afirma que el pensamiento sin matices y de oposiciones rígidas, sirve a la noticia y al griterío, pero lo considera una debilidad mental y, muchas veces, una canallada.

Si bien no se trata de un libro de psicoanálisis que repite la teoría para sus colegas, se sitúa desde ese lugar. Específicamente, desde la operación de sospecha sobre las motivaciones inconscientes, interroga lo contemporáneo. Desde sus inicios el psicoanálisis fue rechazado por ir en contra de la moral victoriana, y hoy ocurre algo similar, por ir a contrapelo -ya no de alguna represión moral- sino que del empuje de ideas masivas, bulliciosas y acríticas.

¿Por qué el odio hacia las mujeres? Lutereau responde que la hostilidad puede tener que ver con expresiones del orden patriarcal. Por ejemplo: la amenaza para el hombre de quedar feminizado por una mujer frente a otro hombre. Sin embargo, sus hipótesis no quedan resumidas en la idea de dominación del patriarcado. Coincide con Judith Butler en que universalizar la tesis del patriarcado puede ser un atajo, antes que una explicación útil. “Donde se termina el Edipo empieza la violencia”, dice el autor para explicar esa violencia actual que no compromete ningún tipo de honor viril. Ahí donde el machismo tradicional sancionaba al hombre violento de cobarde y “poco hombre”, la misoginia hoy es sin tal código machista. Ser un macho hecho y derecho no es una consigna que hoy le importe a alguien, ni en lo relativo al amor ni en las cuestiones que atañen al odio.

¿Por qué las mujeres aman a los hombres?, ¿por qué se sufre por amor hoy?, la destitución masculina, los piropos, son algunos de los temas que ilumina. Para demostrar, que más allá del deseo de los discursos políticos por apaciguar las tensiones entre los sexos, éstas son irreductibles. “No hay relación sexual”, dice Lacan. Nunca la hubo realmente. En el sentido, de que no hay complementariedad entre los seres. Algo de la fantasía del encuentro ideal con otro, es siempre fallido. Aún en los que se sienten iguales, aún en aquellos que, paradójicamente, se definen como “deconstruidos” más allá del género.

Lo nuevo es quizás la invitación a evadir ese mal rato inevitable. Evitar la dependencia al otro, a través de la
dependencia hacia uno mismo, como nos habla en la tercera parte del libro “Todos somos bipolares”.

“Tengo derecho a ser feliz y me lo merezco”, esta frase tan común hoy, sería el signo de la locura actual. La sociedad depresiva, dice el autor, sería una en que se diluye el conflicto como forma en que los sujetos se interrogaban a sí mismos y prevalece, en cambio, un malestar difuso que nunca es responsabilidad propia.

Corren tiempos en que se busca el bienestar en coincidir consigo mismo y en que nos sentimos traumatizados con demasiada prisa. Individualismo acompañado por la fragilidad de los lazos y las viejas seguridades (laborales, emocionales, etcétera).

En este sentido, no son sólo malos tiempos para el amor y los lazos de intimidad, también lo son para contener la violencia. Como se pregunta Lutereau, ¿no cabría invertir la perspectiva en que se acusa siempre la violencia del otro, para más bien adoptar la ética de responder por la propia violencia?

Edipo y violencia. ¿Por qué los hombres odian a las mujeres?
Luciano Lutereau
Letras del Sur Editora, 166 páginas.
Lutereau estará en Chile este 9 de agosto, a las 20.30 horas, en un conversatorio organizado por Barbarie/ Pensar con otros. En Galería NAC, Providencia.