Donald Trump sostiene un megáfono y grita destempladamente. Pero no usa un instrumento cualquiera, sino un cono que asemeja aquellas capuchas del Ku Klux Klan. De hecho, el cono tiene dos agujeros. O sea, perfectamente podría servir para cubrirse el rostro.

Lo anterior no se trata de una imagen de la realidad, quizá sí una de los sueños, pero para ser precisos es la portada, con artículo incluido, que le dedica el semanario británico The Economist al presidente de Estados Unidos.

La caricatura del medio alude claramente a la reacción de Trump tras la tragedia del fin de semana anterior en Virginia, cuando una mujer murió atropellada cuando se manifestaba en contra de de supremacistas blancos en Charlottesville.

“Donald Trump no tiene idea de lo que significa ser presidente”, sostiene The Economist, que además subraya que tras el hecho, Trump “no dejó ninguna duda de cuál de esos lados se encuentra más cerca de su corazón”.

“El señor Trump no es un supremacista blanco. Repitió sus críticas a los neonazis y habló en contra del asesinato de Heather Heyer. Aún así, su inestable respuesta contiene un terrible mensaje para los estadounidenses. Lejos de ser el salvador de la República, su Presidente es políticamente inepto, moralmente estéril y temperamentalmente impropio para el cargo”, subraya el medio.

Apunta que cuando debió hacerlo, cuando los hechos lo llamaban a los propio, “ha fracasado con las pruebas políticas más simples: encontrar una manera de condenar a los nazis. Tras haberse equivocado en su primera conferencia de prensa el sábado, el Sr. Trump dijo lo que se necesitaba el lunes y luego deshizo todo su buen trabajo el martes, uniendo brevemente Fox News y Mother Jones en sus críticas. A medida que los líderes empresariales comenzaron a renunciar en masa de sus paneles asesores, la Casa Blanca los disolvió. Sin embargo, el Sr. Trump obtuvo el respaldo de David Duke, ex Mago Imperial del Ku Klux Klan”.

“La ineptitud política de Trump proviene de un fracaso moral. Algunos contramanifestantes eran de hecho violentos, y el señor Trump podría haber incluido palabras duras contra ellos en alguna parte de sus observaciones. Pero igualar la protesta y la contraprotesta revela su superficialidad”, recalca.

Para sintetizar su análisis al actuar del mandatario, The Economist dice que “en tiempos difíciles, un Presidente tiene el deber de unir a la nación. Trump lo intentó en la rueda de prensa del lunes, pero no pudo sostener el esfuerzo ni siquiera por 24 horas porque no puede superarse (…) En lugar de comprender que su trabajo es honrar la oficina que heredó, el Sr. Trump se preocupa sólo de honrarse a sí mismo y tomar el crédito por sus supuestos logros”.

“Este es un momento peligroso. Estados Unidos está dividido en dos. Después de amenazar la guerra nuclear con Corea del Norte, pensando en invadir Venezuela y equivocarse sobre Charlottesville, el Sr. Trump todavía tiene el apoyo de cuatro quintos de los votantes republicanos. Tal popularidad hace que sea aún más difícil para el país unirse”, cierra.