Mientras viajaba a Chile, el papa Francisco compartía entre los periodistas que abordaron el avión que lo hará aterrizar en estas tierras en las próximas horas una imagen, a todas luces estremecedora, captada después del bombardero atómico a la ciudad de Nagasaki, en plena Segunda Guerra Mundial.

La fotografía, de autoría del estadounidense Joseph Roger O’Donell, muestra a un niño que carga en sus espaldas a su hermano muerto. El menor figura esperando su turno en el crematorio.

“La tristeza del niño sólo se expresa en sus labios dormidos y rezumados de sangre”, dice en un texto que acompaña la imagen, donde también se puede leer, junto a la firma del pontífice, la frase “il frutto della guerra” (el fruto de la guerra).

Desde diciembre que el Vaticano reparte esta fotografía y según ha dicho el propio papa grafica su temor a que se desencadene un conflicto de tamaña naturaleza.

“Sí, tengo verdadero miedo. Estamos al límite. Un incidente bastará para desencadenar una guerra”, dijo.

“Necesitamos destruir las armas y esforzarnos por el desarme nuclear”, es el llamado que hace el argentino.