Crónica: El agitado velorio de Nicanor Parra

Rodeado por su familia y una multitud de seguidores, el féretro que contenía al poeta, cubierto con una frazada hecha por su madre, fue mudo testigo de una agitada jornada. Primero fue Colombina, quien amenazó levarse el ataúd de su padre si no dejaban escuchar la música de Violeta Parra. Luego llegó Piñera, rodeado de parte de su gabinete, interrumpiendo una canción entonada por la misma cantante. Al finalizar la misa un hombre dejó sus zapatillas bajo el ataúd y se retiró descalzo de la iglesia. “Quería cumplir con una de las peticiones de su poema “Últimas Instrucciones”, pero no tenía bacinica floreada ni biblia”, comentó.

La voz ronca de Colombina Parra retumbó, escasos minutos después del mediodía de este miércoles, por toda la nave central de la Catedral de Santiago. La petición de una de las hijas menores de Nicanor Parra, el antipoeta que murió este martes a los 103 años, fue clara: “si no nos dejan colocar la música de la Violeta –hermana menor de Nicanor-, nos llevamos a mi padre”.

La amenaza surgió efecto. En menos de cinco minutos, por los parlantes del principal templo católico de Chile, comenzaron a escucharse los acordes del cuatro con que Violeta grabó “Gracias a la vida”.

No era el patio de su casa en La Reina –como Parra solicitó en su poema “Últimas instrucciones”-, pero era un escenario digno a su estatura. Su féretro, además, estaba cubierto por una cortina hecha de retazos que su madre, Clara Sandoval, cosió hace más de medio siglo. Encima de ella, mirando hacia los asistentes, una frase extraída de uno sus más famosos artefactos: “Voy & vuelvo”.

Afuera, cientos de personas se enfilaban bajo el sol de la Plaza de Armas para despedirse del poeta.

“¡Gute nacht!”
Pocas semanas antes de morir, la familia Parra ocupó diarios y revistas para anunciar una querella en contra de quienes tuviesen parte del material inédito del antipoeta. El llamado, reconoce el abogado Luis Valentín Ferrada, presente en el velorio, lo tenía satisfecho: “recuperamos gran cantidad de cuadernos, anotaciones, material que él consideraba como hijos del alma, sus discos duros”, contó a The Clinic.

Quizás por ello, la noche del martes, convocó a algunos de sus hijos para una velada en su casa de La Reina, hasta donde había llegado para supervisar el trabajo de conservación que su nieto, Cristóbal “Tololo” Ugarte, dirige. “Vio sus relojes, sus pinturas, la casa estaba linda. Él se veía satisfecho, en familia”, rememora Ricardo Parra, el Chamaco.

El entusiasmo de Nicanor, recuerda su hijo, los llevó a “armar una fiestita”. Cuecas, vino, guajiras, guantanameras y cena con carne. Esa noche, además, Parra conversó por teléfono con su abogado, para supervisar el avance de la recuperación de manuscritos.

Antes de acostarse, se dirigió a su familia: “el papá los quiere mucho”, les dijo. “Me miró y me dijo “gute nacht”, recuerda Chamaco. Más tarde, esa misma noche, cerca de las dos de la madrugada, la cuidadora del poeta le avisó a la familia que Nicanor Parra había dejado de respirar.

Los presidentes
La ceremonia, agendada para el mediodía, comenzó con media hora de retraso. La vasta descendencia Parra se ubicó en los banquillos junto al féretro, hasta donde llegó la presidenta Michelle Bachelet, algunos minutos tarde, ubicándose junto a “Tololo” en la primera fila.

El nieto más reconocido de Nicanor fue el primero en tomar la palabra. Frente a la iglesia, a esas alturas repleta, leyó dos de los poemas de su abuelo, “Hay un día feliz”, y “Epitafio”. “Ni muy listo ni tonto de remate / Fui lo que fui: una mezcla / De vinagre y aceite de comer /¡Un embutido de ángel y bestia!”, finalizó Ugarte.

Luego, tocaron cuecas frente al púlpito Tita, la nieta cantora de la violeta, y Colombina, la hija menor del anti poeta. Mientras esta última interpretaba una de las tres canciones que le dedicó a su padre, llegó hasta la Catedral el presidente electo Sebastián Piñera. Acompañado por parte de su futuro gabinete y su hija Magdalena, Piñera no tuvo empacho en saludar a toda la familia Parra –mientras Colombina seguía cantando- y ubicarse en la primera fila. A pocos metros, la presidenta y Tololo bromearon de manera cómplice. Saltaba a la vista que el centro de mesa había dejado de ser el poeta.

Una vez concluida la misa, se permitió que los asistentes pudiesen caminar alrededor del féretro de Nicanor. La fila de personas que copaba la Plaza de Armas pudo acercarse, por algunos segundos, a los restos del antipoeta.

Unos cantaron cuecas, otros dejaron flores, pero Sergio Lucero, un físico matemático admirador de la poesía de Nicanor, fue el único que dejó unas zapatillas de fútbol. “Quería cumplir con una de las peticiones de su poema Últimas Instrucciones, pero no tenía bacinica floreada ni biblia. Le traje mis únicas zapatillas para la pelota”, reconoció, descalzo y satisfecho, mientras salía de la Iglesia. La fila de admiradores del poeta continuó por más de tres horas.

Este jueves, su familia llegará a las 7:00 am para llevarse los restos de Parra hacia Las Cruces, donde será enterrado en el patio de su hogar. “Te vamos a poner donde nos dijiste”, escribió tras la ceremonia Tololo, a través de Instagram. “Entre Neruda y Huidobro. Ahora se completan las tres cruces (+++)”.

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