En una conversación con Roka Valbuena para La Segunda, Joaquín Lavín habla sobre las similitudes y diferencias que pudiera tener con Daniel Jadue. A ambos se les llama alcaldes populares, pese a que uno conduce los destinos de una comuna cuica como Las Condes y el otro, de una popular como Recoleta. Y ambos tienen en mente proyectos de viviendas sociales, traducidos en inmobiliarias populares o arriendos populares.

Pero eso es una parte del diálogo. Otra, que nosotros recogemos para compartirla con el público lector de este pasquín, es una suerte de cuestionario que el periodista le hace a Lavín y que parte cuando, tras consultarle si considera brillante a su compañero de profesión, le pregunta si tiene amigos comunistas.

“No, amigos-amigos, no”, dice Lavín.

Del mismo modo, el exministro admite que nunca un comunista ha sido invitado a su casa.

Sin embargo, Joaquín Lavín se muestra llano a invitar a uno a comer. Como al mismo Jadue. “Claro que con más gente, para hacerlo más entretenido”, dice.

Consultado evidentemente sobre el porqué de esa afirmación, sobre si los comunistas son pesados, responde que no. Pero que sí son fomes.

Entonces vendrían a ser algo así como “simpatiquísimos” cuando de sus bocas no sale la idelogía, le dicen. “¡De todas maneras! Lo malo es que nunca dejan de hablar de política”, apura Lavín.