Sarkozy, atrapado en el laberinto libio

Sarkozy, atrapado en el laberinto libio

Aumenta la presión judicial sobre el expresidente francés por la financiación de su campaña presidencial de 2007, uno de los casos de corrupción más oscuros de la V República.

Ilustración de Luis Grañena. Texto de Enric Bonet publicado primero en Ctxt Tras 27 horas de interrogatorio, la justicia francesa imputó el 21 de marzo a Nicolas Sarkozy por la presunta financiación ilegal de su campaña presidencial de 2007. Además, se le ha prohibido entrar en contacto con sus lugartenientes Claude Guéant (exministro del Interior) y Brice Hortefeux (eurodiputado), los intermediarios Ziad Takieddine y Alexandre Djouhri, su exmujer Cécilia Ciganer-Attias y con antiguos dirigentes libios. El hombre que prometió refundar el capitalismo tampoco podrá viajar a Qatar, Sudáfrica, Libia, Túnez, Egipto y Emiratos Árabes. La presión judicial aumenta sobre Sarkozy por la supuesta financiación de Libia, uno de los casos de corrupción más oscuros en la historia de la Quinta República. Testimonios y documentos apuntan a que el polémico dirigente conservador recibió al menos cinco millones de euros del régimen libio de Muamar el Gadafi para financiar su campaña de 2007, una de las más caras y espectaculares vistas en Francia. El escándalo –el tercero en el que Sarkozy resulta imputado– es en realidad “un nuevo episodio de la historia poscolonial de Francia”, explican los periodistas del diario digital Mediapart Fabrice Arfi y Karl Laske, que revelaron la noticia en 2012 y que la han detallado en el libro Con los saludos del guía. La historia secreta Sarkozy-Gadafi, publicado en octubre del año pasado. De hecho, el caso de la financiación libia se incrusta en la tradición de la Françafrique. Es decir, las relaciones secretas de los dirigentes franceses con los gobiernos africanos, cuyo objetivo era mantener a África como el patio trasero de Francia. Esta diplomacia paralela también sirvió como fuente de enriquecimiento de las élites políticas galas, con los habituales viajes de maletas cargadas de dinero entre África y El Elíseo. La relación alcanzó uno de sus momentos álgidos con el caso de la financiación libia. Sarkozy no sólo está acusado de haber pagado su campaña con los petrodólares libios, sino que, además, se multiplican las dudas sobre las verdaderas razones de la intervención militar que, en 2011, el entonces presidente francés lideró en contra del régimen de Gadafi. “Se trata de una manipulación de una dimensión inédita”, se defendió Sarkozy el domingo 25 de marzo, en una entrevista al Journal du Dimanche. Como ya hizo durante su interrogatorio judicial y en el plató de la cadena de televisión TF1, el dirigente conservador trata de presentarse como la víctima de “una maquinación de la banda de asesinos del entorno de Gadafi”, abatido en octubre de 2011 durante la guerra civil libia. “Fui yo quien condujo la intervención internacional contra Gadafi”, recordó el expresidente, quien se preguntó por qué tenía que atacar un régimen que supuestamente le había financiado la campaña. “No existe la más mínima prueba”, añadió Sarkozy ante las cámaras de TF1. Este concentró todos sus esfuerzos en atacar a los periodistas de Mediapart y subrayar (según su punto de vista) la falsedad del documento con el que este diario digital destapó el escándalo, en abril de 2012. Era una nota firmada por Moussa Koussa, entonces jefe de los servicios de inteligencia libios, en la que aparecía una partida de 50 millones destinada a financiar la campaña de Sarkozy. A pesar de la vehemencia del expresidente, su defensa jurídica se basa en una acumulación de medias verdades, o incluso mentiras. La justicia ya desestimó en dos ocasiones las denuncias de Sarkozy contra Mediapart y aseguró que “nada permite establecer” que el documento sea falso. Dinero transportado en maletas de Trípoli a París Desde 2013, el sumario judicial ha ido avanzando lentamente, puesto que los envíos de dinero, de los que se desconoce el importe total, se realizaron en efectivo con maletas transportadas por intermediarios de confianza entre Trípoli, Suiza y París. A finales de 2016, el intermediario Ziad Takieddine reconoció haber llevado de Libia a Francia cinco millones dentro de maletas entre el 2006 y 2007. Esta información fue confirmada por el cuñado de Gadafi, Abdallah Senoussi, durante su comparecencia en 2012 ante la Corte Penal Internacional. En la misma dirección iban las notas manuscritas del diario personal del antiguo ministro del Petróleo de Libia, Choukry Ghanem. Fechadas en abril de 2007, hacían referencia a unas transferencias realizdas a Sarkozy por un total de 6,5 millones por distintos dirigentes libios. A finales de abril de 2012, Ghanem murió ahogado en el Danubio en Viena. Una muerte juzgada como “muy sospechosa” por el entorno de Hillary Clinton, que ejercía entonces como secretaria de Estado norteamericana. “Las notas personales de Ghanem están fechadas en 2007, entonces las relaciones entre Gadafi y el gobierno francés eran excelentes”, asegura Simon Piel, el periodista del diario Le Monde que investiga el caso. Esto contradice la versión de Sarkozy de que los dirigentes libios sólo empezaron a hablar sobre su campaña a partir de 2011, cuando el presidente conservador lideró la operación militar internacional contra el régimen libio”. Según Piel, la imputación del dirigente conservador se ha producido ahora, después de que “altos dirigentes libios del régimen de Gadafi hayan aportado nuevas pruebas que refuerzan el sentido de la acusación”. En el caso de que fuera finalmente juzgado y declarado culpable, el expresidente francés afrontaría una pena de hasta diez años de cárcel. Los orígenes de la financiación Las relaciones entre Sarkozy y Gadafi se remontan al 6 de octubre de 2005. Entonces, siendo ministro de Interior, el dirigente conservador se reunió con el dictador libio en Trípoli con la única presencia de los intérpretes. El encuentro privado se alargó tanto que, según los periodistas Arfi y Laske, el embajador francés, Jean-Luc Sibiude, le comentó a la intérprete francesa: “¡Qué de cosas han debido decirse!”. Interrogada por los jueces y la policía, esta última no reveló el contenido de la conversación entre los dirigentes, aunque tampoco negó que hubieran abordado el tema de la financiación de la campaña electoral. Durante su interrogatorio judicial, recogido en el libro de Arfi y Laske, la silenciosa intérprete, que trabaja para el Ministerio de Exteriores francés, aportó una información que reforzó las sospechas en torno a Sarkozy. Según declaró, había acompañado a Sarkozy en dos ocasiones a Libia durante 2005, mientras que en su agenda oficial sólo aparece un desplazamiento a este país. Los periodistas de Mediapart explican que la presunta trama de financiación ilegal fue concebida entre finales de 2005 y principios de 2006 por el entonces viceministro del Interior, Brice Hortefeux —amigo íntimo de Sarkozy—, y por el jefe de gabinete de Sarkozy, Claude Guéant, también imputado por este escándalo. Una tarea que se hizo en coordinación con altos dirigentes libios, como el cuñado de Gadafi, Abdallah Senoussi, o el director del gabinete del presidente libio, Béchir Saleh, que también gestionaba el riquísimo fondo de inversiones libio con el que el extravagante dictador extendía su influencia política por África y Europa. La tarea de transportar el dinero entre Trípoli y París recayó en dos oscuros intermediarios. Por un lado, Ziad Takieddine, un comerciante de armas procedente de la alta burguesía libanesa. Takieddine es un viejo conocido de las corruptelas de la derecha francesa, al haber participado en 1995 en la supuesta financiación ilegal de la campaña presidencial de Edouard Balladur (el mentor político de Sarkozy), un caso popularmente conocido como el Affaire Karachi. El testimonio de Takieddine “dispone de una credibilidad moderada para los jueces, ya que se trata de un personaje imprevisible, que tiene cuentas pendientes con Sarkozy”, afirma Piel. “Pero ha asumido el riesgo de autoinculparse y su testimonio incluye hechos precisos”, añade el periodista de Le Monde. El segundo correo es Alexandre Djouhri, un antiguo delincuente de poca monta, procedente del extrarradio de París, que llegó a codearse con los altos dirigentes de la derecha francesa gracias a sus actividades como intermediario en operaciones internacionales de ventas de armas. Desde principios de enero, se encuentra detenido en Londres. “Durante una inspección en su domicilio en Ginebra, se encontraron dos memorias USB que contenían varios documentos sobre la financiación libia”, explica Piel. Gracias a la ayuda de estos dos personajes, los abundantes petrodólares acabaron, presuntamente, en las manos del director de campaña de Sarkozy, Claude Guéant. Este abrió, a principios de 2007, una caja fuerte en la sucursal del banco BNP Paribas en la Plaza de la Ópera de París. Según Mediapart, era tan grande que en su interior cabía una persona de pie. Durante su interrogatorio, Guéant aseguró que la había alquilado para guardar los discursos de Sarkozy, un argumento que no resultó convincente para los jueces encargados del sumario. La guerra de Libia, ¿un asunto interno francés? Tras su victoria en las presidenciales de mayo de 2007, Sarkozy no disimuló su simpatía política por Gadafi. Esta quedó bien patente en la fastuosa recepción que ofreció al dictador libio en diciembre de 2007, en París. Entonces, Gadafi llegó a instalar su campamento beduino en los jardines del Elíseo. En esa época, los gobiernos europeos empezaron a levantar las sanciones contra el régimen libio porque veían en él una posible garantía para frenar los flujos migratorios procedentes del África subsahariana. Otros líderes europeos tampoco hicieron ascos a los petrodólares libios. “El de Sarkozy no fue un caso aislado”, asegura Piel. El idilio entre Sarkozy y Gadafi se rompió con el estallido de las primaveras árabes y la intervención militar de la OTAN en Libia, que desembocó en el actual Estado fallido y en el desorden en la zona del Sahel. Antes las dudas del presidente norteamericano Barack Obama, fue el hiperactivo presidente francés quien se puso al frente de la operación militar internacional. Con el argumento oficial de evitar una masacre entre la población civil, Sarkozy lideró, en marzo de 2011, una operación militar que sirvió para derrocar y ejecutar a Gadafi, pero a cambio desencadenó una sangrienta guerra civil. Según un informe de la ONG Human Rights Watch, la guerra en Libia provocó al menos 30.000 muertos. Entre enero y febrero de 2011, sólohabían muerto 233 personas en las confrontaciones originadas por la revuelta de la primavera árabe en este país. En septiembre de 2016, una resolución del Parlamento británico criticó que la intervención “no se basó en informes exactos”. “La afirmación de que Gadafi ordenó la masacre de poblaciones civiles no ha sido confirmada por ninguna fuente fiable”, añadía. En definitiva, la intervención militar en Libia se basó en informaciones inexactas, igual que la Guerra de Irak en 2003. ¿Por qué Sarkozy lideró esta imprudente aventura militar? El director de Mediapart, Edwy Plenel, apunta algunas claves interesantes: “Esta relación (entre Sarkozy y Gadafi), de repente, se hizo incómoda, cuando las inesperadas revoluciones árabes amenazaron con desvelar los secretos inconfesables que la dictadura escondía. Un hecho que provocó una guerra devastadora, cuyos resultados, u objetivos, fueron borrar los rastros más comprometedores” de los vínculos entre Sarkozy y Gadafi.
Comentarios
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