Los dos chilenos acusados de asesinato en Malasia, delito que se castiga con la pena de muerte, insistieron hoy en su “inocencia” y aseguraron que necesitan “apoyo, amor y buenas energías” en declaraciones a los medios en el tribunal de Kuala Lumpur donde se les juzga.

“Somos inocentes. Solo sujetamos de pies y manos (a la víctima). Hasta que llegó la Policía no supimos lo que había pasado. Fue entonces cuando nos echamos a llorar porque entendimos la gravedad de la situación”, dijo Fernando Candia en la sala y durante una pausa de la vista.

El juez que lleva el proceso rechazó este viernes la petición de admisión de nuevas pruebas documentales solicitada por la fiscal y ante lo que la defensa alegó que “alarga el proceso y perjudica a los acusados”.

También se tomó declaración a un paramédico de ambulancia que señaló que la víctima “ya estaba muerta” al llegar al lugar de los hechos.

La abogada de los chilenos, Venkateswari Alagendra, adelantó que solicitará que el tribunal desestime la causa una vez la fiscalía termine su turno, previsto hasta el 9 de octubre.

“Ahora más que nunca necesitamos el apoyo, el amor y las buenas energías para que todo salga a nuestro favor”, incidió el acusado durante el parón del juicio, en el que estuvieron presentes representantes de las embajadas de España y Chile.

Candia, de 30 años, fue detenido en Kuala Lumpur junto al chileno-español Felipe Osiadacz, de 27 años, por supuestamente matar a un malasio mientras se encontraban de vacaciones en este país del Sudeste Asiático.

Según la versión de los detenidos, el fallecido los siguió hasta el hostal donde se hospedaban para pedirles dinero, tras lo cual se produjo un “forcejeo” en el que el malasio falleció.

Los chilenos acusados alegan que lo acontecido fue “en defensa propia”.

Para el lunes están llamados a testificar los forenses que examinaron los restos mortales de la víctima y que en un informe anterior apuntaron que esta se encontraba “bajo la influencia de diversos estupefacientes”.

Malasia aplica la pena de muerte en la horca a los condenados por narcotráfico y homicidio voluntario.