– El avance de la ultra derecha en Europa ocurrió tanto en Francia e Italia, como en países nórdicos donde se moldearon estados de bienestar. ¿Estos modelos fracasaron en contener movimientos ultraderechistas?
– El problema que tenemos que afrontar en Europa es el siguiente: desde hace 30 años, se han reduciendo y desmantelando los derechos y espacios democráticos y sociales de los pueblos, uno a uno. Las luchas de las izquierdas – las que no se convirtieron en fuerzas de acompañamiento ruinoso del neoliberalismo- y de los movimientos sociales desde el siglo XXI han sido luchas para frenar esta desarticulación del Estado de bienestar. No para avanzar con nuevos logros.

Vivimos tiempos de reducción de derechos y de los recursos estatales –“austeridad”, le llaman-, lo que acelera o provoca las desigualdades sociales. La concentración de la riqueza, el avance de la pobreza, la reducción de las prestaciones sociales y de servicios públicos que cada día cumplen menos sus objetivos.

Actualmente, en Europa, existen 87 millones de personas en condición de pobreza. Esto es el 17% de nuestra población. Francia aporta cerca de 9 millones, de una población activa de 30 millones. Entonces, el panorama es que hay menos recursos para distribuir, menos derechos, mientras aumentan las dificultades sociales, la desocupación y la competencia entre todos. Por ello, los tiempos del “chivo expiatorio” vuelven. Y la sensación de que sólo se puede castigar al otro del mismo nivel o de abajo.

– ¿Y ahí entra el discurso de la inmigración?
– Claro, en este contexto surge la cuestión migratoria. Sobrevalorada, sobreexpuesta e instrumentalizada por parte de las derechas y oligarquías. No existe para nada una invasión en Europa. Dicho eso, quiero agregar que parte de las migraciones viene de los grandes desordenes mundiales (guerras, tratados de libre comercio que destruyen las economías locales y el cambio climático) en los cuales Europa y sus países tienen responsabilidades significativas.

– ¿Cómo puede la izquierda contener el avance de la ultra derecha en los sectores populares?
– Se necesita articular las demandas democráticas y sociales que ya existen, a partir de una estrategia de tipo “populista” de izquierda -usando el vocabulario propuesto por Chantal Mouffe- que permita construir una oposición de conflicto entre un “ellos” y un “nosotros”. Construir un “pueblo” en el escenario político. El Frente Nacional francés tiene un discurso muy coherente, le dice a los sectores populares “no hay mucho que compartir, pero vamos a darlo a los nacionales y a fortalecer a nuestras empresas en la competencia internacional”. Ante eso, nosotros debemos responder: “hay mucho que compartir si podemos recuperar nuestros instrumentos democráticos para implementar una justicia social que, sola, permitirá la prosperidad”.

Todo eso nos recuerda también que un problema que tiene la izquierda es, obviamente su debilidad en el balance de fuerzas, pero también su dificultad para proponer y promover una esperanza nueva de sociedad, un imaginario positivo y ofensivo.

Latinoamérica:

– Con la asunción de presidentes de derecha en Brasil y Argentina, ¿crees que es el fin de los ciclos progresistas en Sudamérica?
– No lo creo. Esos gobiernos de derecha también están en crisis. Llevaron a sus países a niveles increíbles de crisis democrática, como Brasil, y social. No han solucionado en nada los problemas económicos y sociales por los cuales fueron sancionados los gobiernos anteriores. Sólo aplican las viejas recetas inapropiadas y mortales para las sociedades.

Entre 2013 y 2018, la crisis económica en Latinoamérica -directamente vinculada al impacto del 2008 en la región- se convirtió en una crisis social, la que luego se volvió una crisis política. Eso explica el reflujo de los gobiernos progresistas en un primer tiempo.

Pero lo que vemos hoy es distinto. Desde el fin del 2017 y en el 2018, vemos nuevas dinámicas. La izquierda avanzó nuevamente en Chile, Colombia y ganó en México, lo que es histórico. Puede ganar en Brasil, aunque no será fácil en un país tan polarizado.

– ¿Cómo has visto el panorama político de la región en los últimos años?
– Creo que esos últimos 10 o 15 años, América Latina vivió una transformación socioeconómica mayor y silenciosa: el crecimiento de las llamadas clases «medias». Un grupo social amplio y heterogéneo cuya característica es reunir en su seno a sectores que gracias a sus ingresos o bien al crédito y al endeudamiento, tienen acceso a la oferta de bienes y servicios que propone el sistema de producción y de consumo capitalista. Y creo que esas clases medias, afectadas por la crisis están hoy en día en el centro de una nueva situación populista en América Latina. Pero esta situación no está a favor de nadie. Rechaza los gobiernos y las clases políticas, incluso en el contexto de híper mediatización de los escándalos de corrupción.

En este contexto surgen con fuerza movimientos atípicos en las periferias de los partidos establecidos. El avance de corrientes políticas evangélicas, por ejemplo, responde a esta dinámica. Así, el escenario está y estará muy indeterminado, incierto y abierto.

– ¿Incluso para la derecha que está gobernando en varios países de la región?
– Estos gobiernos tienen otro problema: se llama Donald Trump. Por primera vez, la derecha latinoamericana está huérfana de su padre norteamericano. O de su tradicional relación con los Estados Unidos. No sabe qué hacer para complacer sus deseos y esta maltraída por su represión comercial y migratoria, su bilateralismo autoritario.

-¿Cuál crees que sería el efecto en Latinoamérica si EE.UU. interviniese alguno de los países en “crisis” de la región, como Venezuela?
– Una Siria en Latinoamérica con consecuencias de deflagración en toda la región. Sería el peor error que Donald Trump podría cometer en su mandato.

– En Brasil se intentó levantar la candidatura de Lula y en Argentina pareciera ser que harán lo mismo con Cristina Fernández. ¿Debe la izquierda sudamericana volver a insistir por el mismo proyecto progresista o debe pensar nuevos proyectos políticos de cambio?
– La misma izquierda no podrá estar en este nuevo ciclo. Sin perspectivas de cambio o de diversificación del modelo de desarrollo y de construcción de un verdadero espacio económico y geopolítico regional, sus ambiciones dependerán siempre de los ciclos de prosperidad, los cuales dependen a su vez de los mercados internacionales y de la demanda internacional de los recursos naturales y energéticos latinoamericanos

– Este año se cumplieron 45 años del golpe de estado que derrocó a Allende. En el Frente Amplio chileno se habla de superar el siglo XX y construir una izquierda que supere los dogmas de los “socialismos reales”. ¿Esta es la dirección que deben seguir los movimientos emergentes de izquierda? ¿Fue el proyecto de Salvador Allende uno de izquierda del siglo XX o se anticipó al siglo XXI?
– De este punto de vista, el proyecto de Salvador Allende es todavía el proyecto de nuestro futuro. El único que tenemos para alcanzar nuestros objetivos. Obviamente, el mundo cambió, el capitalismo cambió, etc. Pero este proyecto tiene una fuerza y una energía inmejorable.

* Christophe Ventura participará del panel “Procesos emancipadores contemporáneos” de ¡A toda marcha! Viernes 19 de octubre, 11:15 horas, Biblioteca Nicanor Parra UDP. Inscripciones en atodamarcha.cl