En el libro Hegemonía y Estrategia Socialista: Hacia una radicalización de la democracia (1985) en el subcapítulo Revolución democrática y nuevos antagonismos, Ernesto Laclau y Chantal Mouffe nos hacen una advertencia sobre lo poco preparada que está la izquierda para las reivindicaciones de libertad que surgen del imaginario democrático. Los autores nos señalan que “la izquierda, desde luego, está mal preparada para tener en cuenta estas reivindicaciones [de libertad] que, incluso hoy en día, tienden a rechazar como ‘liberales’. De ahí el peligro de que ellas sean articuladas por un discurso de derecha”. ¿Acaso no estamos viendo en Chile y el mundo la materialización de esta advertencia?

En el corazón del predicamento de los partidos de la oposición, yace la palpable ausencia de un propósito común que nos una como izquierda chilena, y que logre conformar un imaginario democrático de igualdad y libertad. Nosotros, la izquierda chilena, a punta de décadas de promesas incumplidas, de gobiernos de medias tintas, y de un infantilismo fragmentario, hemos perdido la capacidad de hablarle de forma clara y transparente a la clase media, a las regiones, a los cristianos, a las familias, a los jóvenes, y a los emprendedores.

Existen ciertas dimensiones de nuestra pluralidad que nunca debieron ser olvidados (sobre todo hoy cuando la sombra de los Trump, los Bolsonaro y los Kast amenaza en el horizonte). Me refiero a la justa recompensa por el trabajo y el emprendimiento; al lugar central de la familia en nuestro tejido social; a un proyecto de creación de una prosperidad común; al rol de las comunidades locales más allá del Estado o el mercado; y el orgullo y cuidado por nuestras culturas y territorios. Todos estos valores hoy están siendo capturados por una derecha que se alimenta del miedo y la precarización de lo colectivo. En este mismo libro Laclau y Mouffe nos ofrecen la alternativa de una democracia radicalizada y plural, pero para alcanzarla nos imponen una condición básica: “el pluralismo es radical solamente en la medida en que cada uno de los términos de esa pluralidad de identidades encuentra en sí mismo el principio de su propia validez, sin que esta deba ser buscada en un fundamento positivo trascendente (…) y que sería la fuente y garantía de legitimidad”. En otras palabras, una izquierda con sus ojos en lo inmanente en la práctica transformadora, y no en los discursos de la trascendencia teleológica de la historia.   

La izquierda y el progresismo crítico no puede perderse en los laberintos de las ‘políticas de la identidad y la banalidad de la superioridad moral’, o abrazar el populismo mediático de la cuña fácil y el conflicto caníbal. Necesitamos continuar el laborioso trabajo de seguir hilando un proyecto político con sentido común, una política de buena factura, que no arrastre las culpas y cadenas del siglo XX. Es nuestro deber construir un nuevo pragmatismo popular, que sea una alternativa al cómodo idealismo testimonial e identitario. Si no somos capaces de torcer la trayectoria el punto de llegada es bastante claro: perderemos una y otra vez, y generaciones de chilenos y chilenas crecerán en un país de oportunidades de cartón, y verán su esfuerzo acumularse en las arcas de un puñado de personas.  

Para que el proyecto cuaje y haga sentido debemos reunirnos y reflexionar. No de nuevo acerca de la sociedad neoliberal en la que vivimos y las exclusiones que ésta genera, sino de un horizonte distinto que pueda interpretar los deseos de una ciudadanía cansada del ofertón político.

A Toda Marcha es una invitación a abrir un camino distinto al tipo de sociedad que necesitamos para enfrentar los desafíos del mundo actual; a preguntarnos qué tipo de sociedad queremos para el Chile del futuro; qué noción de derechos sociales vamos a defender, entre otros. Este festival nos invita a re-practicar la política y lo político en tiempos donde no hemos estado a la altura de responder a la búsqueda de mejores condiciones de vida para tantos, en medio del período de más abundancia y desarrollo tecnológico, pero de mucha incertidumbre y de amenazas para los proyectos de democracia radical.