Columna de Juana Rivers: Entre velo y no velo, mejor velo

* Rivers Asesorías Fashion&Política. Especialidad en imagen, poder y ridículo

Contaba mi tío Próspero Rosamel, el huaso, que cuando arreglaron matrimoniarse con mi tía Orfelina él le preguntó si prefería casarse con velo o sin velo. “Prefiero velo”, quiso ella. “Así es que lo vioh, le gustoh…y nos casamos, pueh”, explicaba con picardía.

Hemos tenido una quincena cargada a los eventos religiosos. La Primera Dama estuvo con el papa Francisco y se plantó en la cabeza tremendo velo. Al mismo tiempo, expulsaron del sacerdocio a otros dos curas de la elite chilena por obligar a niños y menores a velo.

Terrible cosa para la Iglesia Católica chilena haber conseguido que sotanas y casullas, esos atuendos pollerudos sacramentales que usan los curas en las liturgia, hayan pasado de ser un traje ritual a tener connotaciones obscenas y procaces, delicia de los caricaturistas. A un delito ya terrible, el frufrú de las sotanas revoloteando le agrega un ingrediente grotesco. Las autoridades de la Iglesia chilena consiguieron hacer de la sotana una tenida tan mal mirada que creo que el cuellito blanco de cura, el clergyman, va a servir perfecto para espantar niños en Halloween.

Esta cosa del fashion litúrgico me hizo recordar la fruición con que un sacerdote VIP –seguro que aparece mencionado en el nuevo libro de Óscar Contardo- me explicaba hace décadas dónde encargaba sus trajes de cura y sus complementos de seda púrpura de nuevo vicario. Mis lindos, era fascinante, como oír a una novia detallando las compras de su ajuar: Su Paternidad encargaba sus trajes a la tienda romana Gammarelli (“Sartoria per Ecclesiastici, dal 1798), que viste a los papas desde hace 6 generaciones y donde una casulla puede costar mil euros. Como decía el chiste, si ese era el voto pobreza como sería el de castidad.

Si Gamarelli en Roma es una de las sastrerías más elegantes del mundo para curas pitucos, investigando para esta columna descubrí que para religiosos que se sienten más cercanos al fast fashion también existe una Zara Santa que vende casullas baratitas de 100 euros.

Lo espeluznante de la situación de la Iglesia católica chilena es que los abusos a los niños son tan extendidos que ni las congregaciones que tiene como hábito institucional el look abajista –bototos, chaleco azul, bluyines y una modesta crucecita en la solapa- se salvan del escarnio.

En medio de esta crujidera de la iglesia, el Presidente y la Primera Dama tuvieron su audiencia en el Vaticano. El tocado de la Primera Dama causó impacto y debate nacional porque en vez de un sobrio velito, un sombrerito piola como el que alguna vez eligió Cristina K, nuestra Primera Dama se puso goyesca y se plantó una mantilla en la cabeza más grande que las de Lola Flores en tarde de toros.

No vamos a decir que Cecilia Morel no se veía espléndida con su atuendo de Maja, pero supongo que fue demasiado el contraste con la ex Presidenta Bachelet, que se entrevistó con el papa Francisco con sencillo vestido oscuro y punto. Ya ni las soberanas, como las reinas Sofía y la reina consorte Letizia, se ponen esos mantones enormes en la cabeza, y tampoco Francisco viste los ornamentos papales lujosos que dicta la tradición. Pero para qué vamos a majaderear si la Primera Dama prefiere velo de al estilo diva de la zarzuela. Total, hasta Daniella Campos cuando era primera dama del fútbol chileno usó velo cuando Zamorano la llevó a conocer al papa.

No será Rivers Asesorías la que haga una crítica al fashion de las religiones. Pero sí, me parece injusto vociferar contra el look recomendado por el Vaticano cuando todas las religiones tienen reglas milenarias de comportamiento y respecto del look: budistas con mantos burdeos y anaranjados; krishnas que se rapan; judías que deben usar peluca; católicas con velo; musulmanes con barbas de patriarca. Tener reglas para vestimenta es parte del “kit del creyente”. De hecho, estoy expectante imaginando qué atuendo elegiría la pareja presidencial si el próximo año visita La Tirana o qué cucurucho usarían si deciden ir a Sevilla en Semana Santa. Además, entre velo y no velo, como mi tía abuela Orfelina, yo siempre prefiero velo

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