* Texto de Florent Sardou y Edouard Colin

El ultra derechista Jair Bolsonaro, ex militar expulsado por insubordinación, es el favorito para ser el próximo presidente de Brasil. ¿En vez de programa racional? Un grito, una exhortación, una súplica: “Brasil por encima de todo y Dios encima de todos”, la alianza del egoísmo con las creencias. Estos son los principales enemigos para la supervivencia de la humanidad y para enfrentar su máximo reto: la lucha contra el cambio climático que se acerca a un punto de inflexión según el último informe publicado por el IPCC.

Apoyado por los 3 “B” (buey, bala, biblia) que son los grandes empresarios agroindustriales (grandes emisores de gases de efecto invernadero), los partidarios de la institucionalización de la violencia (FFAA y el lobby pro armas) y los evangélicos, negacionistas de la realidad del cambio climático (el creacionismo, producto de una interpretación literal de la Biblia, considera que “la ciencia es el enemigo”, el servidor del diablo), Bolsonaro afirma que la política ambiental de Brasil está “sofocando al país”. Una vez al poder, eliminará el ministerio del Medioambiente, no hará nada para preservar el Amazonas, “los pulmones de la Tierra”, tampoco piensa proteger los pueblos autóctonos, ni hablar de evitar los asesinatos de activistas ecologistas (46 en 2017, record mundial). Al nivel internacional, Bolsonaro piensa retirarse del Acuerdo de Paris.

El 22 de junio de 1995, el escritor italiano Umberto Eco publicó in The New York Review of Books un artículo que llamó “El fascismo eterno” (o Ur-Fascismo”). En este enumera sus 14 características. Faltaba una para describir los fascistas del siglo XXI: la negación del cambio climático. Las creencias contra las evidencias. Justo lo opuesto del lema inscrito en la bandera de Brasil: “Ordem e Progresso”.

* Florent Sardou es académico y analista internacional
* Edouard Colin es licenciado y máster en historia