“El otro día me subí a una micro y partí para el barrio alto, para La Reina. Hace meses que no lo hacía y me impresionó el contraste: lo verde, lo bonito, lo diferente a donde trabajo y me muevo todos los días”, nos cuenta el tío chascón, Michael Muñoz, 29 años, padre de Emilia, una guagua de poco más de un año, profesor de matemáticas, que hace clases itinerantes, porque, como explica, “no tenemos un lugar físico en el territorio”.

Su territorio son los sectores más áridos y peligrosos de Puente Alto y La Pintana, por eso a él le gusta reunirse con sus alumnos en el Parque Juan Pablo II, el único pulmón verde del sector Bajos de Mena. Junto a su colega Jeremy Soto, recorre ese extenso y estigmatizado sector varios días de la semana haciendo un trabajo de joyería: reencantar a chicos de alta vulnerabilidad que están fuera del sistema escolar en el contexto del programa Súmate a tu Barrio, de Fundación Súmate.

Ayer tuvo la ceremonia de cierre del año escolar, con una buena tasa de éxito. De los 140 chicos a los que se plantearon devolver al sistema, la mitad lo logró. Es el caso de Tami, de 11 años, que cuando la encontraron en 2016, era analfabeta. Hoy tiene lectura silábica, está en segundo básico y asiste todos los días a la escuela, tremendos logros; su madre mapuche, que tiene consumo problemático de pasta base desde que llegó desde el sur a Santiago, se contacta con ellos y otro soportes comunitarios y en algo ha disminuido la violencia intrafamiliar, que marca su relación de pareja con el papá de Tami.

De acuerdo a la encuesta CASEN 2017, existen más de 72 mil jóvenes de entre 6 y 18 años fuera del sistema escolar. Y, según datos del Ministerio de Desarrollo Social, en Puente Alto, 2.495 personas de ese tramo de edad están desescolarizadas y 1.370 en la comuna de La Pintana. Ambas comunas presentan la mayor cantidad de población excluida del sistema educacional de la región Metropolitana, con casi 4 mil niños y jóvenes que no están matriculados en ningún establecimiento educacional. Puente Alto es la que tiene mayor cantidad de excluidos, lo que se suma a la alta concentración de personas en situación de pobreza, factores obviamente correlacionados.
Sin escuelas ni aulas de reingreso en el territorio, el trabajo de Michael y Jeremy es personalizado y, a todas luces, heroico, aunque Michael se apura en decir: “No somos súper héroes. Acá lo que más importa es la fortaleza emocional. Que los chicos se sobrepongan a la adversidad desde lo emocional. Ese es el aspecto que más trabajamos con ellos”.

Súmate a tu barrio prioriza lo individual, lo familiar y lo comunitario en los procesos socioeducativos. El proyecto considera trabajo complementario con las redes de organizaciones estatales, municipales, vecinales, de las que recibe apoyo y colaboración, para lograr que los niños y jóvenes retomen sus trayectorias educativas, nivelen sus estudios, refuercen sus conocimientos y, además, sientan que cuentan con un espacio protector.

¿Cómo son los potenciales alumnos de “Súmate a tu Barrio”?

Son en un 65% hombres. Se concentran entre los 16 y los 17 años (34%) y entre los 14 y 15 años (23%). Un 10% presenta una medida de protección a causa de la vulneración de sus derechos determinada por un juez y todos los participantes tienen una medida de protección ambulatoria. El 8% se encuentra en situación de calle. El 40% de los niños, niñas y jóvenes de Súmate a tu barrio han sido infractores de ley y han recibido sanción a través de la Ley de Responsabilidad Penal Adolescente. El 39% declara haber consumido alcohol y/o drogas. Y de entre quienes han consumido alcohol y/o drogas, el 66% afirma haber puesto en peligro su integridad a causa del consumo reiterativo de sustancias. El 84% dejó el sistema escolar, debido en un 10% de los casos a dificultades psiquiátricas, mentales o intelectuales. Todos llevan al menos un año fuera de un centro de educación y tienen dos años o más de desfase escolar. Los con matrícula vigente presentan ausentismo reiterado, relaciones conflictivas dentro de la escuela con sus compañeros y/o profesores o su trayectoria educativa se encuentra en entredicho a causa de consumo problemático de sustancias, violencia familiar y trabajo infantil. Sus mayores dificultades de aprendizaje radican en la rigidez de escuelas y liceos con estricta disciplina, métodos de enseñanza poco participativos y reiterativos, desconexión entre los contenidos curriculares con las experiencias vitales de los niños. La suma de todo esto hace que “no estén ni ahí” con el modelo escuela y las políticas públicas, privadas y mixtas que abordan la pobreza y la desigualdad.

MI AUTO; SU AUTO

Todas las cifras que caracterizan a los alumnos de Michael y Jeremy, suenan fríamente desoladoras, pero no dan cuenta ni de cerca de lo que significa trabajar con esos niños y jóvenes, en territorios particularmente complejos. Profesores como Michael Muñoz sólo se explican por una vocación poderosa y una sensibilidad notables, la que se aprecia cuando habla de sus alumnos y de su labor: “Es difícil trabajar con ellos en grupo, porque a veces son rivales. Es mejor hacerlo uno a uno. Y las clases y las evaluaciones no son tradicionales. Yo hago muchas aquí, en el Parque Juan Pablo II, que es verde, agradable, seguro”.

El Parque Juan Pablo II es el que acogió la estatua del Carol Wojtyla que la Universidad San Sebastián no pudo emplazar en su casa central en Bellavista; hoy el Papa polaco, con corona de santo, se levanta en Bajos de Mena, en un oasis dentro del peladero circundante. Es un parque con césped, agapantos floridos y arbustos podados, sorprendentemente vacío, donde armamos una cita entre Michael Muñoz y la reconocida reportera de Bajos de Mena TV, Melina Montes, quien consiguió notoriedad cuando narró en vivo una balacera hace unos meses y su relato se convirtió en viral.

Ella está interesada en contar en vivo cómo trabaja Súmate a tu Barrio.

Al Michael sus alumnos lo tratan de “tío”, “tío Michael”, “tío Chascón” y probablemente por su juventud y look, varios se identifican con él; y él con ellos. “Yo me crié en Pudahuel, en un sector complejo como éste, y veo en ellos muchas de las carencias que tuve yo. También tengo parientes en la población Marta Brunet, de aquí de Bajos de Mena. Es mucha la pobreza, es mucha la droga. Muchas personas se encierran en sus casas, pero yo sé que con trabajo se pueden recuperar los espacios y reconstruir las redes”.

Antes de empezar con el proceso de reescolarización, los alumnos firman una carta compromiso de que no portarán armas. “Mucha drogas y muchas armas, eso acá es parte del paisaje. En algunos sectores, no podemos entrar. Son los menos, pero es así”.

Habla de la cesantía, del inicio cada vez más temprano del consumo. “El consumo es excesivo. A veces los chicos andan como zombies, borrados de volados. Pueden sacarle la cresta a alguien y al día siguiente no se acuerdan. No tienen idea lo que hicieron. Lo fabuloso es cuando uno logra que un chico que ha estado en un hoyo así, logra salir. Hemos tenido procesos súper buenos. Alentadores”.

Los desalentadores tienen que ver con la inexistencia de programas estatales que se hagan cargos de los niños y adolescentes con graves problemas de salud mental, a los que la pobreza y vulnerabilidad los ha dañado gravemente.

Sin dar nombres, Michael esboza algunos de esos casos: el de un chico al que una bala le pulverizó la clavícula en una quita de drogas y que maneja un auto del año. “Yo tengo un Suzuki Baleno 2003 que no uso porque me sale muy salado venir para acá en él; mi alumno tiene un último modelo deportivo con el que demuestra que es el más choro, el con más calle. Este cabro heredó el oficio de narcotraficante del padre al que mataron este año. Tiene 15 años”.

O el caso de un muchacho con graves problemas conductuales que agrede a las mujeres. “Tiene un profundo resentimiento contra su madre, quien aún consume pasta base. Lo hacía desde que él estaba en su vientre”. O el de otro adolescente que fue acusado de robo con intimidación y arrancó a Coquimbo, donde lo encontró su padre para luego entregarlo a Carabineros. “Nuestros alumnos tienen historias de abandono, de vulneración de derechos, de violencia extrema, de consumo. No son alumnos convencionales. Hablan súper rápido, usan jerga, ‘achican calles’, ‘andan con la pera’… Nadie está dispuesto a ayudarlos, a hacer algo por ellos, salvo iniciativas como la nuestra”.

-Suena todo desesperanzador.
-En algunos casos, sí, porque no tenemos las herramientas. Lo más crítico son los problemas de salud mental, se requiere de dispositivos y profesionales especializados para casos complejos, pero hay otros, muchos, en que sí logramos recuperar las trayectorias educativas de los chicos. Este año logramos adherir al programa a 70 niños y adolescentes, 20 de los cuales ya están matriculados y yendo a clases.

Melina con su optimismo a toda prueba es más rotunda. Dice: “Yo logré superar todas las adversidades y conseguí que mis tres hijos, teniendo todo frente a la puerta: drogas, armas, todo tipo de tentaciones, sean profesionales. Lo
más grave es cuando los chicos empiezan a admirar a los malos, cuando idealizan a los narcos, cuando ven que ese es el camino más rápido a la plata fácil. Para combatir eso, tenemos que unirnos, trabajar juntos, conocer lo que hacemos unos y otros. Coordinarnos”.

Y lograr, como reza la conocida frase, salvar una vida, porque quien salva a uno, salva al universo entero”. Eso ses lo que hace feliz a Michael, porque aunque podría suponerse lo contrario, es un profesor realizado.

Quedamos a la espera de esuchar su historia en boca de Melina, la famosa reportera de Bajos de Mena TV, en su próximo despacho.