Hay una escena en “Una mujer fantástica” que me emociona profundamente. Es cuando Marina, la protagonista interpretada por Daniela Vega, camina contra el viento con ‘Sposa Son Disprezzata’ de fondo. Me parece tan irreal como poética y tiene que ver con todo ese mundo que se opone a la diferencia. Siempre que me la repito, pienso en Daniela. En su propia historia y cómo ella, junto a otras activistas trans, han instalado con una dignidad enorme discusiones políticas como la Ley de Identidad de Género, que sólo son fruto de una película que nos abrió la cabeza y que era profundamente necesaria para este país. Uno podrá tener sus dudas si muestra de forma tan clara la realidad trans de Chile, pero sirvió como un pie inicial bastante poderoso. Ella fue el rostro de ese triunfo y también la carne de cañón, pues su éxito no solo se ha traducido en elogios; lo peor de la derecha local también a disparado los dardos hacia ella. Y ella sólo repite incesante: Rebeldía, resistencia y amor.