Tenemos muchos argumentos para cuestionar el eslogan que ubica a la niñez como prioridad para este país. Pero sin duda, cuando a la idea de minoridad, que aun prima en nuestro país, le sumas pobreza, abandono familiar y otras situaciones relacionadas con los contextos de donde provienes, como microtráfico de drogas y violencias múltiples, obviamente el eslogan se convierte en una burla.

El miércoles 30 de enero, dada la premura por cerrar el ExCread Playa Ancha (compromiso presidencial que debía cumplirse a fines de marzo del 2018), Sename decide ir con los jóvenes de campamento a Limache. Esto dado que la residencia de Villa Alemana no estaba en condiciones para recibir a los nuevos residentes. Como era de esperar, la experiencia fue riesgosa para todas las personas involucradas. La exposición mediática por el proceso de cierre; la falta de tratamiento de salud mental adecuado; situaciones que jóvenes experimentan como amenazas (como la posibilidad de ser internados en CIP Limache, por decisión de juez); el trato reactivo de profesionales de institución de apoyo y la nula comprensión que se tiene de las trayectorias vitales de las personas que viven experiencias traumáticas, son una mezcla que no puede brindar un buen resultado.

¿Cómo podemos comprender que luego de que se conozca públicamente el trato vergonzoso del Estado para con niños, niñas y adolescentes que han sido gravemente vulnerados en sus derechos, Sename no logre demostrar criterios mínimos de resguardo de derechos de estas personas?

Sename tiene todos los ingredientes para seguir con situaciones de alta gravedad: escasa comprensión sobre las vidas de estos jóvenes, alta estigmatización, falta de condiciones adecuadas y gran presión mediática y gubernamental. ¿Cómo llegamos aquí? Las explicaciones deben considerar diversos niveles y parece imprescindible mencionar algunos.

Las evidentes: 1.- la inestable voluntad política de muchos gobiernos, por generar políticas de largo aliento que nos permita estar a la altura de lo comprometido al momento de firmar la Convención de derechos de la niñez (1990). Sin detenernos en ello, han primado las opciones cortoplacistas, que no modifican el modelo en profundidad, si no que hacen cambios cosméticos y que algunos equipos más comprometidos, intentan adecuar de la mejor forma posible, con grandes costos para trabajadores y profesionales.

2.- En relación con vulneración de derechos, Sename no ha estado a la altura. Es sabido que este servicio no está organizado (partiendo desde su piso legislativo) para garantizar derechos de la niñez en plenitud. También se conocen los cuestionamientos a la calidad de los y las trabajadores del servicio. Sin embargo, poner el acento sólo en los sumarios y en la selección de personal, es una explicación parcial, pero muy usada para desviar las responsabilidades de otros actores en esta situación. Veremos que ocurre con el nuevo servicio de protección.

3.- Escaso compromiso intersectorial para generar un abordaje integral de reparación de las situaciones de trauma o vulneración de derechos graves de los que niños y niñas que llegan a las residencias de Sename. Estos son los chicos que nadie quiere, los que postergan en los centros de salud, los que no tienen camas para desintoxicación en hospitales, primando una visión adultocéntrica y punitiva, que prioriza la idea de sujeto riesgoso, más que de un sujeto que ha sido vulnerado por su entorno social en sus primeros años de vida.

Las explicaciones menos evidentes:
Los impactos de situaciones traumáticas en los primeros años de nuestra vida son de gran alcance y requieren de abordaje integral. En nuestro país, existe una falta de comprensión de aquello, omitiendo que para hacerse cargo de esas situaciones (en su mayoría relacionada con factores socioculturales y psicosociales), se requiere de lógicas preventivas y de abordaje temprano (no en la lógica punitiva de alerta temprana como se está desarrollando ahora). Se requiere de una comunidad capaz de cuidar a las personas de menor edad y de acompañar en la crianza con condiciones dignas. Además, las investigaciones nos señalan que, si se viven situaciones de trauma temprano, se requiere: de un equipo interdisciplinario capaz de abordar factores individuales, familiares y de contexto que influyen en la recuperación de los efectos del trauma o vulneración de derechos. Además, estos equipos necesitan tener condiciones de cuidado y apoyo de redes intersectoriales sensibles y colaboradoras que se hagan cargo de la salud, educación y desarrollo integral de niños y niñas. Requieren fortalecer conexiones familiares significativas, conexiones con su entorno y con las redes comunitarias. Sólo así, con un entorno que acoge y no que castiga, tendremos posibilidades de cambiar esta historia.

Finalmente, es urgente que Sename no priorice por cumplir las metas comprometidas, postergando las condiciones para el resguardo y protección de los derechos y de la vida de estos jóvenes.

Valeria Melipillán, CORE FA.

Claudia Espinoza, Psicóloga, Ms en Derechos de la Infancia y académica Pucv.