Gabriela Iglesias, 30 años, es Psicóloga y Magíster en Psicología Clínica de la Pontificia Universidad Católica de Chile. Dedicada al trabajo terapéutico y social, participa de la ONG Conservación Andina, orientada a la preservación y restauración ecológica, y a la educación ambiental a lo largo de Chile. En paralelo, trabaja con equipos de investigación académica en la Escuela de Psicología de la PUC.

A los 29 años recibe el diagnóstico de cáncer de mama y opta, luego de un intento por seguir tratamientos médicos convencionales, integrar a su proceso de sanación la práctica espiritual y el contacto con la naturaleza, específicamente la Terapia de Bosque.

A partir de esta experiencia, decide especializarse en la Association of Nature and Forest Therapy de Estados Unidos, para obtener certificación que le permita aplicar y compartir esta terapia con pacientes oncológicos y público general, siendo la primera mujer en Chile en realizar esta formación.

En las últimas décadas, la relación entre naturaleza y salud es parte de investigaciones científicas que avalan los beneficios que el contacto con espacios naturales tiene para el ser humano. El antropólogo y fisiólogo japonés, Yoshifumi Miyazaki, de la Universidad de Chiba, es una autoridad en este campo, principalmente en el estudio de las bases fisiológicas y psicológicas de los efectos terapéuticos del bosque. Tras años de estudio y análisis de datos ha concluido -entre otros antecedentes- que las caminatas y visitas a los bosques, estimula el sistema inmune, y reduce el nivel de estrés y de sustancias químicas negativas en el cuerpo. Sostiene también, que un solo día en el bosque produce un aumento cercano al 40% de células NK (Natural Killer) en el organismo, mantiene alejados virus, y contribuye eficientemente en la reducción o eliminación de tumores ya formados.

Al mismo tiempo, estar en contacto con la naturaleza –sostiene Miyazaki- reduce de forma duradera el cortisol y la adrenalina en la sangre, las hormonas del estrés, y activa el nervio vago, impulsor de la calma y la regeneración; responsable de la relajación y la recarga de la energía física y anímica.

Con todas estas constataciones y vivencias, Gabriela se ha propuesto como objetivo posibilitar el acceso gratuito a esta terapia para pacientes con cáncer. En función de esto, se encuentra gestionando el apoyo de instituciones nacionales e internacionales para este propósito. Los detalles de su historia en la siguiente entrevista.

Si pudiéramos explicarlo en términos simples ¿De qué se trata la Terapia de Bosque, dónde nace y cuál es su propósito?

Shinrin-yoku en japonés o “baño de bosque”, es una terapia que consiste en caminar por la naturaleza con los cinco sentidos. La inhalación de la atmósfera del bosque, cargada de sustancias volátiles llamadas terpenos, compuestos orgánicos derivados de los árboles, revitaliza el organismo de los seres humanos. Es un método reconocido oficialmente en Japón para prevenir y tratar numerosas enfermedades en el plano físico y psicológico. Se utiliza como terapia de apoyo y es fomentado por el sistema de salud pública japonés. Debido a sus grandes beneficios, cada día más países están comenzando a desarrollar esta terapia, como Estados Unidos, Finlandia y Corea del Sur, entre otros.

¿Existe una razón específica por la que te acercas a esta terapia, a este contacto con la naturaleza?

Toda mi vida he estado en contacto con la naturaleza. Crecí en el Cajón del Maipo y luego me trasladé a vivir a Pirque junto a mi familia. Las excursiones a los cerros y paseos por el campo, la vida cerca de la tierra y los animales, fueron parte importante de mi infancia y adolescencia. Creo que eso me dio una sensibilidad y una conexión muy profunda con ella.

Hace cuatro años comencé a cultivar un huerto y cada vez que trabajaba en él percibía lo sanador que era. En paralelo inicié una práctica diaria de Mindfulness y también me daba cuenta del efecto terapéutico que esto tenía. Comenzó a surgir en mí la inquietud de integrar a mi trabajo como psicóloga clínica, la práctica espiritual y el contacto con la naturaleza. Descubrí, al mismo tiempo, que existía la ecoterapia y la ecopsicología, y empecé a investigar sobre el efecto sanador del contacto con los entornos naturales y a difundir esta información a través de la cuenta de Instagram: @naturalezaparasanar. Una de mis primeras publicaciones estuvo dedicada a la terapia o baño de bosque. Dos meses después recibí el diagnóstico de cáncer de mama, y al mismo tiempo, la oportunidad de hacer un proceso de sanación coherente con mi búsqueda y comprensión de la salud física, mental y emocional como un todo holístico. A partir de ese momento, asisto al menos una vez a la semana a caminar al bosque nativo del Parque Nacional Río Clarillo en Pirque. Agradezco enormemente el apoyo de CONAF y me alegra que estén muy interesados en la implementación de esta terapia en la red de parques y reservas en Chile.

Cuéntame, ¿cómo fue y qué implicó este proceso de sanación?

Recibí el diagnóstico de cáncer de mama en abril del 2018. Tenía un tumor de 6 centímetros en el lado derecho. Dada su alta agresividad y por mi edad, comencé inmediatamente un tratamiento en el Centro del Cáncer de la Red Salud UC-Christus. El equipo médico me propuso realizar dos ciclos de quimioterapia (en total 16 sesiones), cirugía (mastectomía), radioterapia, terapia hormonal e inmunoterapia. El plan de tratamiento estaba muy estructurado al principio, sin embargo, mi cuerpo reaccionó muy mal a la primera sesión de quimioterapia, y el oncólogo decidió suspender ese tratamiento ya que el riesgo de complicaciones graves era muy alto. Luego de la quimioterapia vino una transfusión de sangre para poder recuperarme y una biopsia a la médula ósea para descartar leucemia u otra patología que explicara mi baja respuesta al tratamiento. Por suerte eso se descartó, pero pasaban las semanas y mi cuerpo no se recuperaba del golpe que significó esa quimioterapia. Tuve dolores intensos, perdí prácticamente toda mi energía y mi ánimo comenzaba a decaer. Los doctores me decían que sólo quedaba esperar para la recuperación.

En ese momento comencé una terapia con muérdago, con la supervisión de una doctora antroposófica, y apenas tuve un poco más de energía comencé caminatas por el bosque una vez a la semana, y por el campo a diario. También a cultivar mi huerto y a desarrollar una alimentación consciente.

A pesar de la aprensión del equipo médico, se respetó mi decisión de no realizar la mastectomía y comencé un ciclo de radioterapia e inmunoterapia, tratamientos que son considerados como apoyo a los tratamientos más importantes que son la intervención quirúrgica y la quimioterapia.

Para sorpresa de los doctores, mi tumor no solo detuvo su crecimiento, si no que se redujo hasta medir, en noviembre pasado, 2 milímetros. Para mí lo más importante ha sido ser más “agente” y menos “paciente” en todo este proceso. Creo que todos, independiente del diagnóstico, tenemos mucho que decir y decidir sobre nuestra salud. “Escuchar el cuerpo” y la intuición ha sido fundamental.

Específicamente en relación a tu tratamiento con baños de bosque, ¿Has experimentado beneficios palpables en tu organismo?

Cada vez que volvía del bosque me sentía muy tranquila y al mismo tiempo llena de energía y vitalidad. Me ayudó a recuperar el apetito y a regular el sueño. Lo fundamental de la terapia de bosque no es sólo caminar por la naturaleza, sino como dirían los japoneses: “hacerlo con los cinco sentidos”. Es decir, en una actitud de atención y conciencia plenas, generando una sensación de bienestar general y de confianza en el proceso de sanación. Esto es algo muy importante, ya que la enfermedad no es algo que afecte sólo a la dimensión corporal, teniendo un impacto profundo en la vida afectiva y psicológica de los pacientes. La terapia de bosque ayuda a sanar profundamente ya que trabaja a nivel físico, pero también emocional, mental y espiritual.

Para ser justa, debo decir que creo fuertemente en el camino integrativo de los tratamientos médicos, no en el camino de la exclusión, sino en el de aprovechar todos los avances de la medicina moderna complementándolos con terapias naturales y holísticas. Esta mirada podría llevarnos a que en un futuro cercano podamos contar con tratamientos para el cáncer menos invasivos.

Y ese estado de conciencia plena en medio de la naturaleza, ¿Sientes que ha transformado algo en ti, en tu proceso?

Cuando estoy en la naturaleza siento que soy parte de un todo mayor, que toda forma de vida responde a un equilibrio perfecto. Puedo sentir paz y confianza al reconocerme sostenida por una dimensión que trasciende mi experiencia individual.

El cáncer está rodeado de la energía del miedo y de palabras como “lucha” o “guerra”. Para mí siempre se trató de poder integrar este proceso de sanación a mi vida, no ver la enfermedad como un enemigo sino como un maestro, como una oportunidad de desarrollo espiritual y personal. El cáncer y toda enfermedad grave, implica un proceso de transformación profunda, implica morir, aun cuando no sea ése el desenlace en el plano físico. Creo que lo más importante para mí ha sido poder abrirme a esa transformación, contemplar la muerte, integrarla a mi experiencia para dar paso a la sanación. Cuando nos conectamos con la naturaleza, podemos percibir esto de una manera muy orgánica y simple: la transformación es constante y es lo que permite la vida, el fluir continuo de los ríos hacia el mar o las hojas y los frutos que caen y vuelven a ser parte de la tierra. Es un espejo de nuestros estados internos, porque los seres humanos somos naturaleza y, por lo tanto, estamos unidos a esta danza continua de la impermanencia.

Entiendo que deseas seguir un camino de formación y guía ¿Qué te motiva a hacerlo?

Postulé a un curso para obtener la certificación internacional como terapeuta de bosque en la Association of Nature and Forest Therapy de Estados Unidos, una de las instituciones más importante en esta materia. Me aceptaron y asistí en enero a la formación que se impartió en Costa Rica.

Mi principal motivación es compartir los beneficios de esta terapia, acompañar a otros en sus procesos de sanación a través de la conexión con la Naturaleza. Me interesa difundir esta terapia, y sueño con contribuir a que forme parte de los tratamientos oficiales para el cáncer y otras patologías en Chile, como ya ocurre en países como Japón o Estados Unidos.

Al mismo tiempo, me motiva aprender y compartir con personas que han desarrollado una visión y un camino similar al mío, ser parte de una red internacional de terapeutas e investigadores en el ámbito de la ecoterapia.

A partir de marzo, en conjunto con la ONG Conservación Andina y la colaboración de centros oncológicos y CONAF, esperamos comenzar a trabajar con pacientes en la Región Metropolitana. Al mismo tiempo, haré sesiones de Terapia de Bosque abiertas a público general todos los domingos en el Parque Río Clarillo en Pirque.

Para más información: Escribir a la cuenta de Instagram @naturalezaparasanar o al correo gabrielaiglesias.ecoterapia@gmail.com