Quizás una de las cosas más llamativas de la propuesta, es que se hacen llamar banca y no banco. ¿Cuál es la lógica de ello?

-Es banca porque no tiene que ver solamente con crear un banco, sino que con transformar toda la economía que genera la banca. Pensar en el banco desde lo masculino y desde la lógica de la economía, es maximizar ganancias, es tener una lógica depredadora. La banca en cambio, que es femenino, se piensa como una economía fraternal, cooperativa, donde el cuidado del medioambiente es lo más importante.

Y en lo concreto, ¿cómo se entiende la participación femenina en este proyecto?, ¿cuánta participación de mujeres hay?, ¿es un directorio paritario?

-Un dato relevante en el sistema financiero en Chile, es que el 55% de las personas que trabajan son mujeres, pero en los directorios de los bancos solo un 5% de mujeres participa. Entonces, la mujer participa en la banca como “vendedora”, pero no en la dirección. Es por ello que nosotros no estamos apostando por un directorio paritario sino que estamos optando porque las mujeres tengan poder dentro del proyecto. 

En Doble Impacto, el área de inversiones lo dirige una mujer, el área de medio ambiente, desarrollo social, energía renovable, lo temas agro, cultura, también son dirigidos por mujeres. Entonces, lo que estamos haciendo no es mitad-mitad, sino que en aquellos espacios donde se juegan las decisiones, el poder lo ejerza una mujer. Es abrir el espacio a liderazgo de mujeres. En eso estamos construyendo un banco de vanguardia, en términos de pensar la economía desde lo femenino, desde el cuidado del medioambiente y no desde el egoísmo: salir del ego para pensar en el eco.

¿Cuál es el origen de esta idea de la banca ética?

-Estamos trayendo el modelo de un banco Holandés que se llama Triodos bank, que surge en Europa en los años setenta.  La gente al principio preguntaba por qué no viene Triodos a Chile, y era difícil de responder. Entonces me tuve que inventar la respuesta: tenemos que ser capaces de crear un banco a imagen de ellos, pero con un sello propio. Cuando decidimos crear nuestro propio banco, la pregunta fue: ¿qué tipo de banco queremos? Tenía que tener un enfoque latinoamericano.

Así, pensamos en tres cosas: Primero, un proyecto desde el agua, desde su pureza y ahí viene la lógica de un banco transparente que te cuenta dónde está tu dinero. Segundo, desde lo verde, que somos el pulmón del mundo, que en Latinoamérica se produce gran parte de la biodiversidad. Y l o tercero, es como rescatábamos lo que hay en su cultura en toda esa riqueza de los pueblos originarios y lo que tú te encuentras, es una sociedad matriarcal. Desde los pueblos originarios tu puedes encontrar la fuerza de lo femenino, entonces decidimos que íbamos a entender la economía, no desde la lógica de maximizar las ganancias, sino que íbamos a entenderla desde el ser humano fraternal; tu trabajo me sirve como el mío te sirve a ti, por lo tanto, somos interdependientes en la economía. 

Una de las cosas que llama la atención de la historia de Triodos Bank, es que la crisis económica europea no los afectó e incluso, los fortaleció: ¿Cómo se explica que una crisis no le pegue a un banco? ¿Se podría replicar en una realidad como la chilena?

-Los bancos operan en 2 niveles de negocios; la economía real, financiando empresas que generan valor agregado y la economía especulativa,  es decir dinero ficticio.

Las crisis económicas afectan a la segunda y ahí es donde caen las rentabilidades  y los bancos pierden. Pero en la primera, la burbuja no afecta. La gente de España llamó a Triodos Bank “refugio” y eso es porque es un modelo de negocio mucho más estable. La banca ética es mucho más sostenible en la economía real, por eso en estas crisis son “bancos refugio”. Es poner en competitividad la economía real con la especulativa. La economía especulativa no produce nada para el mundo.

Entonces,Triodos Bank es una inspiración para ustedes pero quisieron hacer una versión local…

-Sí, totalmente. En términos de identidad latinoamericana y también respecto a qué desafíos de la misma vamos a abordar. Somos muy distintos a Europa. Es un banco que se crea en Chile y nos planteamos los desafíos que tiene Latinoamérica. 

Tomándome de lo que dices, ¿cuáles serían los desafíos que tiene hoy la economía en Latinoamérica?

-Abordamos tres áreas de inversión; Educación y cultura, Desarrollo social y Medio Ambiente.  Si uno mira la sociedad latinoamericana es extractivista del punto de vista económico y está relacionado con dificultades de capital humano. Por lo tanto, una de nuestras líneas más importante es la educación inicial: financiamos jardines infantiles, colegios, obras de teatro y festivales. El desarrollo del pensar en el continente sudamericano. 

En cuanto a Desarrollo Social, si uno mira el principal conflicto social ya no es la pobreza, sino la discriminación y la desigualdad. Lo que más nos importa son las ciudades porque es donde sucede la discriminación, segregación  y en donde se juega el quiebre de la paz social, por eso invertiremos en proyectos ciudades inclusivas, viviendas sociales integradas, transporte eléctrico para impactar la superación de la pobreza desde la ciudad, no desde la plata que la gente tiene sino que desde donde viven.

Por otro lado está el Medio Ambiente. Latinoamérica es el continente con mayor producción agrícola, podemos alimentar al mundo. Pero, estamos generando alimentos que generan obesidad: La gente ya no se muere de hambre, se muere por alimentarse mal. Entonces el cambio es mucho más importante. Buscamos producir una transformación sobre cómo nos estamos alimentando. Pensar en que las industrias dejen de trabajar con pesticidas y empecemos con las plantaciones orgánicas.

¿Qué significa invertir con impacto?

-Esto tiene dos niveles. Primero, cuando invierto, pienso dónde invierto, lo que tiene que ver con la clásica pregunta: A quién sirve mi dinero. Por ejemplo, cuando yo invierto en un fondo mutuo, estoy pasándole plata a alguien que no sabes qué hará con él. Por lo tanto, invertir con impacto tiene que ver con saber que mi dinero produce algo en el mundo y que no es inocuo lo que pasa con mi dinero. Invertir con impacto es tener consciencia de que algo ocurre con el dinero y hacerse responsable de eso.

El segundo nivel tiene que ver con que la rentabilidad asociada a la inversión debe producir un impacto. Porque yo puedo tener un 50% de rentabilidad, pero si lo hago en una empresa donde hay trabajo infantil, hay alguien que lo está pagando caro. Entonces, se debe tener conciencia de cómo se invierte y que la rentabilidad es mirando lo que ocurre con el otro también. Hoy en día tú no sabes si el dinero que estás invirtiendo está siendo usado mediante explotación infantil.

Joan Melé, el precursor de la Banca Ética en Europa, habla de que esta es “la economía de la libertad” y eso me llamó mucho la atención: ¿A qué se refería con esa idea?

-Es que nosotros hacemos la propuesta de entender de manera distinta la economía. A nosotros nos enseñaron que los seres humanos somos egoístas y la economía se trata de expandir las ganancias. En cambio si uno mira la economía desde una mirada más amplia, el ser humano comienza a ser interdependiente.

Los seres humanos somos fraternos en esencia. Entonces cuando se entiende la economía desde la fraternidad, es otra lógica de hacer empresas y entender la rentabilidad. Si salimos de la idea de que el ser humano es egoísta y entramos a la idea de que somos interdependientes, nos vamos a relacionar de manera distinta con la naturaleza y las relaciones laborales van a ser otras. Eso cambia un paradigma.

Hoy día los manuales de economía están enseñando una visión errada del ser humano: Por esencia somos colaboradores, no egoístas.

Necesariamente esto habla de que estamos atrapados en un sistema y por esto esta forma de entender la economía “nos liberaría”…

-Entendimos el liberalismo económico como como la economía de la libertad,  y estamos hablando de otra cosa: de la economía para la libertad, O sea, somos libres económicamente,  si yo te respeto a ti. Porque si yo solamente me preocupo de mi rentabilidad y no de la tuya, yo soy libre pero tu no. Entonces, las empresas que tienen niños en sus cadenas de valor, son libres ellas, pero no generan el espacio de libertad para ellos. Si uno entiende que la economía produce espacios de libertad para el ser humano, necesitamos una economía consciente con respecto a los efectos de los otros.

En ese sentido, ¿por qué crees que es necesaria una banca ética en Chile?

-Se debe observar con lo que está ocurriendo en el país. Somos de los países más desiguales del mundo, pero campeones mundiales de la superación de la pobreza. Cambiamos una por otra. La gente en Chile dejó de morirse de hambre y se empezó a morir porque se alimentaba mal. Tenemos viviendas, pero segregadas fuera de la ciudad. Tenemos transporte, pero se demora 2 horas en llegar a su trabajo.

La banca ética tiene mucho sentido en Chile, porque es un ejemplo uno ve las zonas de sacrificio ambiental y donde el agua viene con plomo, se respira un aire contaminado. Si un país es reconocido en el mundo por ser exitoso económicamente, pero tiene altos niveles de destrucción del medio ambiente, es muy importante que aparezca la banca ética porque es demostrar que una economía sólida como la chilena, se puede hacer respetando el medio ambiente y a las personas.

Parece una panacea esto de la Banca Ética. ¿Cuándo se va a hacer efectiva en Chile?

-Hacer un banco es una pega difícil. Nuestra apuesta es tener un banco que cumpla con todas las regulaciones, o sea, que no pide favores. Ese es un desafío grande, no solo sobre el capital, porque la ley exige que parta con  20 mil millones de pesos, sino que también es un desafío grande porque hay que preparar al equipo, a la cartera de clientes, la tecnología.

Lo que vamos a hacer es transitar durante cuatro años -ya vamos en el primero-, creando las capacidades para serlo y que esta banca parta el 2022. Eso tiene un camino entre medio que este año haremos el diseño de ingeniería y la expectativa es pedir la licencia de este el año el 2020 y eso se demora dos años. Es un proyecto lento, pero a 50 años plazo. Para jugar un rol trascendente en la economía tiene que tener cimientos sólidos.

Igual ahora, a través de Doble Impacto, invitamos a la gente a que se sumen y financien a las empresas que estamos fichando. Eso nos ayuda hoy a generar una musculatura, una capacidad de ser banco en 4 años más.

¿Cómo llevar estos lineamientos éticos a la banca tradicional?

-Yo creo que ese cambio en la banca tradicional ya comenzó, pero es muy incipiente. La banca tradicional sabe que esto va para otro lado. Es cosa de mirar lo que está ocurriendo en el planeta. Hay algunas  prácticas que deben ir adquiriendo. Por ejemplo, irse retirando de la especulación a la economía real. En la banca ética, los ejecutivos no tienen bonos por los créditos que dan. Entonces, no hay incentivos perversos para endeudarte.  Yo como ejecutivo de la banca tradicional, me pago mi sueldo endeudándote, le pago el colegio a mis hijos endeudándore y eso es muy perverso, porque se perjudican entre ellos. 

Es un cambio lento, pero estamos convencidos de que se hará. Nuestro proyecto  no es crear un banco, es entender que creando uno se puede cambiar el mundo, el sistema financiero marca hacia dónde va el mundo. Hoy la gente ya no comparte en la plaza, lo hace en el mall. Eso en gran parte es responsabilidad del sistema financiero, porque produce ese tipo de vida. El sistema financiero debe hacerse responsable de lo que causa en el mundo.

¿Cómo puede penetrar esta idea en el ser humano?

-Ese es el principal desafío, buscamos impulsar un cambio cultural; los bancos no tienen dinero, sino administran el nuestro. Y el dinero fue creado para facilitar el trueque entre nosotros. Si uno mira su esencia, es la relación entre los seres humanos. Cuando la gente entiende eso, se genera una consciencia del uso del dinero. 

La banca ética es un viaje de ida pero sin vuelta. Si tú te das cuenta de esto es imposible llevarlo atrás. Mostrando el proyecto de a poco, podemos incubar este cambio cultural. 

Por eso es una iniciativa regional, para transformar la manera en que habitamos el mundo. El proyecto más grande no es la plata, ni la banca, ni los procesos. Lo difícil es el cambio cultural.

Ya demostramos que se puede, hemos financiado 4 millones de dólares, 70 empresas en 9 regiones del país. Estamos empezando a financiar en Brasil y Colombia. Lo que quiero decir es que esto es posible e impulsa un cambio que no tiene vuelta atrás.