En octubre de 2018 Benito Cerati se subió a la línea 1 del metro de Santiago para recrear unas fotografías que su padre, Gustavo, protagonizó el año 1994. Allí hizo capturas junto a Zero Kill, la banda que lo acompaña desde 2013.  

Cinco meses después de ese hito, que además incluyó una tocata improvisada en Baquedano y otra en Bar Loreto, el hijo mayor del ex líder regresa al país, donde debutará en el escenario del Teatro Nescafé de las Artes el próximo sábado 9 de marzo, lugar en que presentará esa declaración de principios llamada “Unisex”, el tercer disco de la banda trasandina.


Vienen solos al Nescafé, un teatro más prolijo y ordenadito. ¿Te gusta ese formato?
– En realidad a mí me gusta tocar en cualquier lado. Estoy más acostumbrado y me siento más cómodo en los lugares chicos. Pasa que en Chile, como no es un lugar en donde yo toque seguido, para una fecha única me parecía que era correcto tocar en un espacio más grande, que albergue a la gente que me quiere ver o que ha querido y no ha podido.

¿Es crecer artísticamente tocar en lugares así o para ti tienen la misma connotación?
-Mirá, para mí crecer fue tocar en lugares cada vez más chicos, jajaja. Al contrario. Es que yo empecé tocando en festivales en lugares re grandes, como telonero de bandas muy importantes. Y la verdad es que yo nunca me sentí muy cómodo con todo eso. Entonces parte de mi maduración es darme cuenta de que yo prefiero las cosas más íntimas y que puedas llegar a contactar con la gente y hablar con la gente.

¿Por qué crees que es ahí donde te sientes más cómodo?

-Antes me presionaba mucho con ser de esos artistas a los que le va bien, que toca en lugares grandes. Como que esa ambición que te ponen para ser artista, ¿viste? Tener que llegar a hacer eso. Y yo me di cuenta de que eso no es lo mío, lo mío es disfrutar, crear y compartir con la gente. A mi no me importa si es un escenario grande o chico. Pero cuando es chico uno puede verle las caras a la gente, los reconoce, incluso puedo entablar un tipo de charla. Yo en mis shows hago eso. Converso entre tema y tema, no llega a ser un stand up, pero me gusta eso de que la gente se relaje, se libere y hasta pueda llegar a contestar algo, ¿viste? Esa es una de las metas de mi shows, lograr ese diálogo.

Cuando viniste a Chile en octubre, tuve la posibilidad de ver tu show en bar Loreto. Te vi deambulando entre la gente, conversando incluso con algunas personas desconocidas. ¿Te gusta ese diálogo directo con el público? ¿Qué encuentras en ellos?
– Yo creo que es lo que busco en mi vida, realmente. Conocer, enriquecerme, seguir experimentando distintas ópticas de la gente. Me gusta mucho conocer, soy muy curioso. Lo que más me gusta después de un show poder bajar y tomarme un trago con alguien, hablar de igual a igual. También está esta cosa de que la gente se pone re nerviosa y yo cómo: “¿qué?, ¿de qué estás hablando?”. Pienso en esta cosa de humanizar a los músicos. Al final yo soy solo lo que hago en el escenario. Digo, lo único que hice fue ir a ponerle música a un momento que espero sea agradable para la gente.

En mis shows quiero eso, que la gente venga por Zero Kill o porque les gusta la música, y vienen y se encuentran con gente afín a ellos o no. Hay gente que se conoce en mis show y eso yo lo veo mientras toco: veo como gente se conoce, se saluda, bailan, después se quedan juntos. Me llegan mensajes de muchas personas que me dicen que “gracias a tal show, conocí a esta persona que es mi mejor amiga”. Eso a mí me llena el alma. Eso me genera un propósito de alguna manera.

¿El propósito es crear esas atmósferas?
– Exactamente y yo soy como el que pone la música de esos encuentros. Sí, a veces estoy dando un show, pero a veces también estoy viendo un show, la gente me está dando un show a mi, ¿viste? Ellos no lo saben. Eso también es súper lindo, yo trato de ser muy igual: estoy arriba del escenario cantando, pero tampoco creo que soy lo más importante, o a lo que hay que dirigirle toda la atención. Creo que lo que sucede energéticamente en los lugares también es muy importante.

Me imagino que tu propia historia personal hizo que esto de la masividad e idolatría no fuera tu camino en la música
-Tuve algunas cosas claras de chico y siempre supe que habían muchas cosas que no me gustan y no me interesan, y por suerte, lo que es ser un artista exitoso lo he podido vivir desde adentro. Eso me generó una presión como te decía antes, de sentir que tenía que “hacer lo mismo” y me costaba hallarme. Si bien lo mío también es la música, es diametralmente lo opuesto a lo que la gente espera que yo sea.

Es la música, pero es otra cosa con la música. No es llenar estadios, no es hacer música que le llegue a todo el mundo o hacer un tremendo hit. Mis discos y mi música no están amarradas a ninguna fórmula que pueda llegar a vender. Soy súper auténtico conmigo mismo, y eso siempre lo he sido, y eso genera un alcance hasta cierto punto, la gente que sí conecta, lo hace de una manera increíble. Se genera como una amistad y a mí me gusta mucho conocer a esa gente y entablar un vínculo.

¿No te gusta eso de ser el protagonista?

A mí la exposición en general no me gusta mucho, cuando se me expone un poco más a mi, medio como que me saca de eje, porque siento que va en contra de mi naturaleza. Siempre he hecho mi carrera en bajo perfil, o sea, entiendo que es música y la gente va a estar expectante sobre lo que hago, sobre lo que digo, pero no es mi meta. Yo no desciendo de las estrellas, solo hago mi camino. “Unisex”, en ese sentido, tiene un mensaje mucho más social y realmente si estoy apareciendo más no tiene que ver conmigo, sino que encontré una forma de usar mi imagen o mi expresión para poder comunicar algo. Yo no estoy haciendo las cosas para decir: “mirenme, mirenme, me teñí el pelo blanco”. No es tan superficial como eso, de hecho, progresivamente se me van quitando las ganas de ser un frontman o poner la cara. En el disco anterior aparece una máscara, no mi cara, yo no quería aparecer. En este disco me animé a poner la cara en la tapa y salir a hablar, salir a decir cosas. Salir a compartir cosas porque empecé a gestar un mensaje que si tenía sentido mostrar para mí.

¿Y se siente cómodo estar en ese lugar?
– No, para nada. Es súper, súper incómodo. Pero lo vale un montón y además, disfruto mucho también que eso me dispare a hacer cosas artísticas. Ahora, ando viendo de qué forma puedo elaborar el mensaje en distintos formatos: Hacer música, preparar los shows, viendo los looks… Eso estimula mi creatividad y siempre está bueno. El tema es que la exposición te expone a gente que no le gusta tu trabajo o no conecta, o que proyecta cosas feas. Más allá de eso, sé que vale la pena y sé que me está haciendo crecer un montón, entonces vale para mí el esfuerzo.


Unisex habla un poco de lo binario, de lo que se supone que tienen que ser las cosas. Artísticamente, ¿por qué crees que lo no binario incomoda tanto?

– Porque muchos de nosotros nos damos cuenta que es una cosa cultural que nos tiene atrapados de cierta forma, nos tiene muy abiertos a la discriminación, te salís un poco de esa norma y podés ser discriminado. De hecho estamos en camino a una sociedad en donde todos podemos ser discriminados si seguimos con esta forma de relacionarnos. Creo también que se ha vuelto masivo un movimiento en contra de lo binario, contra el género y me parece que es una astuta herramienta de superviviencia, porque si seguimos en esta, medio como que nos vamos a terminar matando entre todos. Eso es algo que está pasando ahora. Yo creo que para mantenernos vivos hay que sacarnos eso de encima por que es un virus que nos va a terminar comiendo.

¿Y en ese sentido “Unisex” es un aporte a esa discusión?

-Este disco es un grano de arena para aportar sobre lo que creo, esta especie de utopía sin género. Y además que yo viví mi vida sin ese chip, la verdad. A mí siempre me gustó lo que me gustó, me he vestido con lo que me gusta, me ha gustado la persona que me ha gustado, nunca tuve drama con eso y yo viví mi vida de forma unisex y por eso también para mí este disco es muy personal. Más allá de todo el mensaje social.

¿Es testimonial?
-Sí, es tan testimonial que de hecho las últimas semanas antes de que saliera, pensé en no sacarlo. Porque no estaba listo para desnudarme tanto: o sea la gente puede entrar armas y clavarme un cuchillo y yo estoy acá, sin nada. Esa era la percepción que tenía, pero salió. Y todo me ha servido para crecer como artista.

¿Te ha tocado enfrentarte a la violencia por ser quién eres y tomar las decisiones que has tomado respecto a tu carrera?
– Sí, claro, todo el tiempo. No físicas, necesariamente, porque son todos generalmente unos cagones, no te dicen nada a la cara. Pero bueno, es de miedo tener lidiar con gente te insulta y no te conoce. En realidad, en lo que respecta a mi persona, lo que quiero hacer y quién soy, no me afecta. Me he enfrentado a mucha gente que me ha criticado artísticamente. Con esto de que lo que hago no es “lo suficientemente bueno”. Y yo digo, ¿qué es lo que estás esperando? Porque hay que ver qué es lo que proyectan en mí, porque cada uno llega donde llega y uno puede ir mejorando, pero yo tengo claro que lo mío, es algo que hago del sentimiento y desde la naturalidad de las cosas. Más allá de si está perfecto o no. La gente espera de mí que yo sea Elvis Presley o anda a saber vos qué. Yo siempre rescato la emoción de la música, más allá de la perfección de las cosas. Evidentemente siempre estoy tratando de mejorar y perfeccionar lo que hago, pero siempre me sentí bien con mi ritmo, no me arrepiento de nada.

¿Es la presión de la que me hablabas antes?

-También. Lentamente esas cosas también me fueron dejando de importar. Lo bueno es que a esta altura hay un montón de gente enorme que valora lo que hacemos con los chicos. Todo lo demás serán prejuicios, ignorancia, no saber. Pero no los culpo, yo también tengo de esas cosas. No me puedo hacer el ángel, a veces también caigo en lo mismo.

¿En qué prejuicios caes tú?
– Creo que todo parte del miedo a enfrentarme a cosas distintas. Eso hace que yo las ataque, en vez de querer comprenderlas o vivirlas. Yo creo que puedo hablar por mí, en este caso, y creo que mis prejuicios han venido desde ese lugar mucho tiempo. He odiado a gente sin razón. Hay gente que me cae mal y de repente me doy cuenta de que hay un conflicto sin resolver sobre mí que me lleva a reaccionar así, y esas cosas me llevan a pensar eso. Ser más libre tiene que ver con aceptar ciertas cosas, me gustaría ser una persona más comprensiva, más amorosa. Vivir en sociedad te hace estas cosas, estar deconstruyéndote todo el rato.

Probablemente gran parte de esas expectativas o presión que existe sobre ti es por ser hijo de quién eres, ¿cómo lidias con los fanáticos de tu papá que esperan que seas como él?
-Con humor, supongo. Porque entiendo también, es difícil no idealizar, no creer que las cosas son de una forma u otra. Digo, yo cuando conozco gente, siempre me pasa que cuando la veo por primera a la cara genero una imagen de lo que se “supone que tiene que ser”. Y pasa con todo. Con las parejas pasa lo mismo, te enamoras de lo que pensás que es y después te das cuenta que no es tan así. Pero ahí está la verdadera realidad de las cosas, después de eso. Cuando conocés a la verdadera persona y decidís quedarte. Otros se van y se frustran. Yo creo que en el arte y la música, genera esas cosas en la gente. Genera idealización, genera preconceptos, ganas de pensar que las cosas son de una forma. Por eso existe el fanatismo también, porque proyectás un montón de cosas que te gustaría ver en alguien que no vas a conocer nunca. Habrán pensado que teníamos duetos tipo Led Zeppelin versus Deep Purple en la casa, y  mi crecimiento jamás se trató de eso.

Hace un tiempo publicaste en Twitter que tu viejo no te enseñó a tocar la guitarra pero sí enseñó a delinearte, con un mensaje así como “muéranse fans del averno”. También para provocarlos un poco.

-Lo que pasó en casa fue que se me estimuló en lo que yo tenía ganas de hacer. Ni más ni menos. Sí, se me estimuló más en lo que es teclados y todo eso, porque era eso lo que yo agarraba primero. Y es así. Somos todos humanos y tenemos gustos distintos. Agradezco que me haya gustado la música, me podría haber pasado como el hijo de Bowie que no le gusta la música.

¿Qué recuerdas de Gustavo? A veces pienso que la imagen que tienes de él podría contaminarse con todo lo que ha ocurrido alrededor en todo este tiempo.
-No, es mucho más fuerte lo que yo viví, que lo que se dice. Me parece que si hay una verdad sobre él, la tenemos nosotros. Yo recuerdo humor, diversión. Mi viejo siempre fue una persona muy lúdica, todo o casi todo lo que hizo ocurrió porque estaba curioso, divertido, con ganas sobre hablar sobre una cosa, con ganas de jugar. Era como un niño y yo lo veía como un amiguito también a veces. Lo veía como padre y a veces como un niño, a veces más niño que yo. Entonces si me veía con un delineador, se cagaba de risa, y me decía: “se hace así”. Qué se yo. La verdad es que crecí con mucho amor en mi familia, por suerte.

Como que cuando la gente muere, o se enferma, se genera como una condescendencia en torno a la figura. Acá lo veo alrededor de la figura de Jorge González. ¿Cómo observas eso? ¿Crees que ha ocurrido con tu viejo?
– Sí, sin duda. Es que es inevitable también, pasa con todos los artistas, ya no están ahí para ser criticados, porque para criticar a alguien que no está, la verdad es que no estás afectando a nadie. A morir deja de pasar eso.

¿Qué te parece toda la obra que se ha hecho en torno a tu viejo?
-Creo que lo hemos cuidado bien, todo pasa por nosotros. Yo realmente estoy focalizado en lo mío, y realmente tengo una familia que se ocupa. Todo lo que pasa con eso, pongo un ojo, pero estoy metido en mi vida, en mi disco, en tocar.  Soy joven y me estoy desarrollando, la verdad es que antes de vivir rotando en algo que yo no hice, prefiero construir las cosas yo.

Coordenadas del show:

Fecha: Sábado 9 de marzo.

Lugar: Teatro Nescafé de las Artes.

Horario: 21:00 horas.

*Valores: 15.000 a 40.000 pesos.

Ventas: En boleterías del Teatro y por Ticketek.