A pocos días de cumplir 96 años, Dolores Castro Varela, poeta, narradora, ensayista y crítica literaria mexicana, sostiene que la poesía y su familia son lo que dan sentido y valor a su vida, una vida en la que las cosas “no han sido fáciles pero tampoco han sido imposibles”.

Testigo de los grandes sucesos históricos del siglo XX de México, el villismo (movimiento de Pancho Villa), la guerra cristera, la educación socialista, la emancipación femenina, la matanza de estudiantes en 1968 o la transición democrática, entre otros, Castro Varela asegura que actualmente “parecemos cocodrilos, que se comen todo y dejan los huesos”.

“Es importante descubrir el sentido y el valor de la vida. Si uno ama la vida y con un poco de imaginación sabrá que el que está enfrente también la ama. Si se amara la vida, dejaría de haber esas terribles fosas comunes”, señala a Efe la ganadora del Premio Nacional de Ciencias y Artes en Literatura y Lingüística 2014.

La autora de “Algo le duele al aire”, “El corazón transfigurado” y “Dos nocturnos” nació en el estado de Aguascalientes, el 12 de abril de 1923, pero se educó en el estado de Zacatecas hasta que se quedó a residir definitivamente en la Ciudad de México.

Fue en su época de educación secundaria que conoció a quien sería su hermana, amiga y compañera de letras, la también narradora mexicana Rosario Castellanos, considerada una de las escritoras más importantes del siglo XX en México.

Dolores estudió Leyes y Letras en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y un posgrado en Estilística e Historia del Arte en la Complutense de Madrid.

Además de poeta y narradora, se ha desempeñado como profesora en la Universidad Iberoamericana y en la Escuela de Periodismo Carlos Septién García.

Fue fundadora de la emisora de Radio de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) en 1959 y jefa de redacción de Barcos de Papel.

Formó el grupo Ocho Poetas Mexicanos con Alejandro Avilés, Roberto Cabral del Hoyo, Javier Peñalosa, Honorato Magaloni Duarte, Efrén Hernández, Octavio Novaro y Rosario Castellanos.

“¡Qué horrible! Sí, somos carnívoros pero no iguales que los cocodrilos. A mí me gusta leer una poesía en que el sueño sea el que contribuya a destacar formas que van más allá de la piel y del hueso, que están en la capacidad de soñar algo mejor, sobre todo para el género humano”, agrega.

“No es posible que se olvide que pertenecemos al género humano. No somos animales, y a veces nos portamos así. Pero no somos animales. Somos personas. Con una forma de ser, que difiere a la forma de estar las cosas en vida, o a la forma de los animales”.

Maestra de muchas generaciones de poetas, Dolores indica que el consejo que les da a sus estudiantes para que sean mejores seres humanos es que lean, ya que sin leer se pierden toda la experiencia del género humano.

“Cuando el hombre aprendió a hablar luego aprendió a escribir. La palabra tiene un gran valor, oralmente y escrita. Oralmente porque el sentido tiene que ver con las letras, con el número de sílabas, etcétera, de las palabras; y la palabra escrita es nuestra historia. La palabra escrita es nuestra capacidad, todavía, de ser”, indica.

Recuerda que le tocó vivir una etapa en que además de la poesía de Sor Juana Inés de la Cruz (1648-1695), “había muchas mujeres que escribimos, somos muchas mujeres que escribimos; y algunas muy bien”.

“Y me toca también ver cómo quieren treparse hasta los cielos, y ver que no es tan fácil. En fin, estoy contenta de haber llegado a los 96 años. Para mí no fue fácil pero tampoco imposible”.

Afirma que “vivimos una etapa en que la música se transforma en ruido. Eso es grave, porque la música también tiene un orden. Todos los órdenes que tienen las bellas artes se pierden en medio del ruido. En medio del comprar y comprar unos oros, otros bonos, y otros aunque sea trajes”.

Sobre los medios electrónicos considera que “son un enriquecimiento, pero sabiéndolos emplear. Pero de otra manera, los jóvenes sacan fotocopias y las presentan como trabajos suyos. Ni siquiera las leen”, asevera.

Sobre lo que la da razón y pasión a su vida señala: “Tengo muchos amigos y afectos. Tuve siete hijos, están vivos. Tengo nietos y bisnietos. La familia es una institución que ha corrido diferentes formas, historias. Que a veces puede ser una forma de perder el libre albedrío pero mucho más que eso es una forma de conservar la especie”.

“Es una forma de recordar el afecto, de recordar la gracia de los niños, etcétera. Pero también es una forma de cohesión social. Si no fuera por la familia, estarían más mal educados ahora los niños. Todavía sobreviven familias, sobre todo entre la gente más pobre. Porque la gente más pobre se ayuda en la familia. Pero esto le da cohesión a la sociedad”, señala.

Recomienda que para escribir poesía lo mejor es “tomarlo (el poema) inmediatamente que surge. El poema surge de pronto, como una iluminación de la vida, y de la propia vida de la conciencia. Pero esa iluminación es instantánea, y si uno no fuera capaz de tomar el poema inmediatamente que surge se va”.

Agrega que “leer poesía es educar los sentidos para ver más, para encontrar más porqué vivir”.