El diputado venezolano Miguel Pizarro Rodríguez acaba de cumplir 31 años. Tiene los brazos tatuados desde las muñecas hasta los hombros, participa en la Asamblea Nacional desde los 21 (es uno de los cinco parlamentarios más jóvenes de la historia venezolana) y sus padres son chilenos. “En mis vacaciones de verano visitábamos a mi familia en Chile y siempre me llevaban a Combarbalá. Ese pueblo me pareció -de chico- el lugar más aburrido del mundo. Aunque con el tiempo le agarré cariño a la tranquilidad de esos cerros”. Le cuento que hace poco estuve por ahí y me dijeron que la combarbalita había desaparecido con el agua. “No te puedo creer. Mi casa estaba llena”.

Su padre, que era de la órbita del MIR, dejó Chile tras el golpe de Estado. En Venezuela se incorporó al frente guerrillero Bandera Roja y durante los años 70 fue detenido y apresado en el cuartel San Carlos. “Mi papá fue marxista y guerrillero, vivió clandestino, se graduó de la universidad con pseudónimo, y le entregó toda una vida a esa causa. Pero cuando llegó el momento de la división de Bandera Roja no fue capaz de tomar partido por una de las partes y regresó a Chile sin un peso”. Ahí una tía que se dedicaba al coaching ontológico – “algo así como autoayuda, es decir, lo que sea que tú quieras que el otro crea que es”, dijo- le dio trabajo. La última vez que lo vio en Santiago estaba asesorando a Walmart y él lo molestó preguntándole: “¿qué se siente pasar de secuestrar camiones blindados y dispararle a la autoridad a ayudar a que Walmart se instale sin tener que colonizar a nadie?” Su padre le respondió: “la gente cambia”. Y el mundo. “Así es.- me dijo él. También el mundo”.

Miguel Pizarro es uno de los diputados más escuchados y respetados de la nueva generación proveniente del movimiento estudiantil del año 2007, al que también perteneció Juan Guaidó y buena parte de los dirigentes políticos que hoy constituyen la malla de relevo. A diferencia de la antigua clase política, de la así llamada Cuarta República, ellos están muy comprometidos con la problemática social. Sabe que la Revolución Bolivariana no cayó del cielo ni Chávez ganó porque sí. Miguel mismo, ex chavista, se reconoce un tipo de centro izquierda, y su mayor reclamo en contra del actual régimen apunta a la miseria y desprotección en que se encuentran las grandes mayorías. En un discurso realizado este martes en la Asamblea General citó más de una vez a Salvador Allende –“más temprano que tarde…”- y comparó a Maduro con los dictadores Pinochet, Stroessner y Videla.

¿Qué grandes diferencias ves entre la política venezolana y la chilena?

La política chilena es mucho más de procesos, aunque ha sido lenta para superar algunas cosas de la dictadura. Está basada en unos pactos sociales que permiten que el sistema funcione y que no se vuelvan a levantar fantasmas del pasado, más allá de nuestras visiones sobre la derecha y la izquierda. Es menos de caudillismos y más institucional. Venezuela, en cambio, tiene un historial de 40 años de liderazgos emocionales que convierten a las instituciones en un accesorio de las fuerzas del liderazgo presidencial.

¿Cómo describirías la oposición a Maduro que te gustaría encarnar?

Diría que ésta es una oposición de centro, porque recoge de la izquierda moderna los sistemas de protección social y la participación del Estado, con subsidios y garantías, para que quien nace con pocos recursos tenga la misma oportunidad que aquel de muchos.

Esa es la oposición que a ti te interesa.

No, esa es la que está acordada en el Plan País. Nosotros tenemos un consenso programático de toda la oposición. A mí me ha correspondido encabezar el área social humanitaria, pero el trabajo académico y el consenso de todos entiende que no hay posibilidad de un cambio político duradero para este país si no se resuelve la brecha de desigualdad social. Acá, hasta los más de derecha de nuestra coalición, asumen que el sistema público hay que rescatarlo.

¿Acusarías al actual gobierno de destruir el sistema público?

Esto ha sido la destrucción del Estado y de los servicios. Si bien éste es un gobierno que tiene una narrativa de izquierda, su práctica económica es absolutamente de derecha: sólo posee plata el que tiene una estructura financiera que le permite financiarse en dólares, que no es la moneda que corre en nuestro país ni a la que tienen acceso la mayoría de los venezolanos. Se supone que el Estado da protección social, y ellos lo explotan narrativamente, pero en la práctica no funciona: los hospitales están en el piso, la educación pública -que es constitucionalmente pública, universal y gratuita- no mantiene al muchacho en la escuela, porque no tiene la condición mínima para que siga yendo. Si uno tuviera que describirlo en una frase, esto ha sido el desmontaje del Estado para la construcción de una hegemonía política, donde los canales de transmisión del Estado y su funcionamiento no es el de facilitar el desarrollo ni el de garantizar el progreso, sino hacer de la necesidad un mecanismo que genere dependencia y a partir de ella buscar el control social y político. Acá debemos garantizar que la distribución de la riqueza y de la renta petrolera sea efectivamente equitativa para todo el mundo. Nuestro verdadero problema no es el volumen del gasto público -que lo ha sido-, sino que se ha ido encogiendo la economía, y para superar esto no se puede aplicar un modelo de mayor contracción macroeconómica, sino buscar la expansión económica, y para conseguir mayor inversión pública y privada lo que se requiere es un Estado fuerte que regule la competencia y que busque mecanismos para garantizar al que puede menos un modo de emprender y de superarse.

¿Con Maduro se ha estrechado la brecha de la desigualdad o ha crecido?

Hoy en día el rico es mucho más rico y el pobre es mucho más pobre. El 1% de nuestro país, que tiene acceso a la renta petrolera, ha multiplicado por 12 sus ingresos económicos.

¿Esos que han aumentado sus ingresos económicos son gente vinculada al negocio del Estado?

Vinculados a ellos, a la contratación del Estado y fundamentalmente a la importación. Aquí, durante una época, tú ibas al Estado, comprabas un dólar a 60 bolívares, te volteabas y lo vendías en el mercado negro a mil. No hay economía que aguante eso.

¿Cómo describirías, para quien no lo conozca, el problema social venezolano hoy?

Lo primero sería categorizar correctamente: es una emergencia humanitaria compleja, que no es causada por un desastre natural, sino que tiene que ver con decisiones estatales, de gobierno, de políticas públicas y corrupción que destruyeron el sistema de protección y de garantías. Hoy, en Venezuela, el lugar donde naces determina el futuro que vas a tener.

Hoy en día el rico es mucho más rico y el pobre es mucho más pobre.

Pero eso ocurre en toda América Latina.

Sí, probablemente en buena parte de América Latina, pero acá ocurre por un diseño del Estado, porque hay una política pública que condena a que sea así. Actualmente, los que menos tienen, aunque trabajen y se esfuercen toda la semana y consigan dos o tres trabajos, su ingreso mensual no les dará para cubrir la cesta básica de alimentos. La clase media, los profesionales, el grupo que fue pujante en la economía durante la etapa de la bonanza petrolera, todos aquellos que no lograron tener ahorros en dólares, hoy han tenido que canibalizar sus propios bienes para poder subsistir. Sólo quienes tienen acceso a la renta pueden aspirar a la superación económica. El 80% de las enfermedades crónicas del país –diabetes, hipertensión…- no tienen las medicinas que necesitan en Venezuela. La industria farmacéutica local está destruída por deudas acumuladas en el tiempo. El sistema de economía de planificación centralizada, a lo RDA, hace que suceda esto: te cuesta producirlos U$3, pero hay una regulación del mercado que te obliga a venderlo a U$0.10 sin que nadie te pague los U$2.90 que te faltan.En Venezuela se ve a una generación nueva entrando en política. Coinciden bastante con “los pingüinos” y después con el movimiento estudiantil del 2011.

Nosotros irrumpimos el 2007, siendo todos dirigentes estudiantiles. Guaidó era dirigente de la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB), junto a Freddy Guevara (que se encuentra refugiado, sin poder salir, en la sede diplomática chilena desde noviembre de 2017), David Smolansky, Yon Goicoechea, Manuela Bolívar. Ellos eran los responsables de la Universidad Católica. Lyn González, Mariangel Barrios, José Manuel Olivares, Requesens y yo éramos los responsables de la Universidad Central. Hoy somos todos diputados. Juan Andrés Mejías era el presidente de la Universidad Simón Bolívar. El 2007 veníamos de un momento político generado luego de que en el 2005 la oposición decidiera no ir a las elecciones parlamentarias, lo que ocasionó esta hegemonía de la que aún hoy pagamos las consecuencias. Ha sido uno de los peores errores que ha cometido la oposición. En el 2006 hubo una elección donde la oposición cantó fraude, pero en verdad no había sido fraude: Chávez había duplicado a sus contrincantes en esa elección, había ganado con una mayoría social. Esto generó un fenómeno de antipolítica, donde nadie quería saber nada de ningún político.

No es para menos.

(Levanta los hombros) El 2007 Chávez decide quitarle la concesión a un canal de TV muy famoso que se llama RCTV. Yo era estudiante de periodismo y se inicia un movimiento desde estas escuelas por la libertad de expresión, que derivó en un movimiento estudiantil de lucha por derechos civiles y, en abril de ese mismo año, Chávez presenta una reforma a la Constitución de 1999. Se trataba de un proyecto mucho más hegemónico que eliminaba el concepto de propiedad privada, el de libertad de cátedra y la universalización del sistema de educación superior. Todo reposaba en la presidencia y vaciaba de poder al Parlamento y al Tribunal Supremo. Planteaba un retroceso en derechos civiles y la posibilidad de la reelección indefinida. Este movimiento se vuelca en contra de esa reforma constitucional, y se transforma en un movimiento social, popular y político que rompió la polarización, que hizo que por primera vez una parte del chavismo se deslavara y decidiera votar en una opción distinta a la que Chávez ordenaba. El 2 de diciembre de 2007 nosotros le propinamos la única derrota que Chávez tuvo electoralmente en su vida, que fue impedir la reforma constitucional. Yo venía de un movimiento originado de la ruptura del chavismo, que era Podemos. A partir de entonces se inició un proceso en que pasamos de la dirigencia estudiantil a los partidos políticos.

¿Tú eres un desprendido del chavismo?

Así es, y que producto del cambio de la Constitución decidimos consolidar fuerzas en la universidad con el resto de los movimientos. Stalin González (jefe del MUD, alianza opositora) viene de Bandera Roja. Militaba en el mismo partido que mi papá. Él es actualmente el segundo vicepresidente de la Asamblea Nacional y era el presidente de la federación de la U. Central de Venezuela en 2007. Cuando mi papá estuvo preso, el papá de Stalin participaba del Comité de Solidaridad con los detenidos en el Cuartel San Carlos.

Para ponerle a un hijo Stalin, difícil imaginar que fuera de derecha.

Imagínate. A mí me iban a poner parecido, pero me salvé.

¿Cómo te iban a poner?

Lenin. Hubo una época en Latinoamérica en que todo el mundo quería bautizar a sus hijos como Aurora, Stalin, Lenin, Vladimir, Salvador… En fin, yo fui miembro de la Federación de Centros Universitarios desde el 2007 al 2010, y el 26 de septiembre del 2010 salí electo diputado por primera vez, a los 21 años. En ese momento sólo salimos diputados Stalin, Guaidó, Ángel Medina y yo. Y del 2011 al 2015, cada quien en su área, fuimos fortaleciendo la presencia militante, siempre generacionalmente juntos. Yo milito en Primero Justicia, Stalin en Un Nuevo Tiempo, Guaidó en Voluntad Popular. Básicamente entre estos tres partidos se reparte la mayor parte de nosotros. Ahora somos 25 o 26 de la generación en el parlamento.

En Chile sucedió con la generación estudiantil a un ritmo parecido: primero fueron 4 y en la elección parlamentaria siguiente ya fueron 20.

A nosotros hay dos cosas que nos unen como generación: la primera es que no conocemos otra cosa sino esto.

¿“Esto”, o sea, el chavismo?

Este sistema de destrucción de derechos civiles, este sistema de retroceso social… Cuando Chávez llegó al poder yo tenía 10 años. Para el golpe de Estado del 2002 yo tenía 14. Para el golpe del 4 de febrero de 1992, del que mi papá fue parte, tenía 4 años. Nuestra generación no fue la que destruyó la política y permitió que existiera un fenómeno como el de Chávez.

La generación chilena de que te hablo, en cambio, no conoció la dictadura. Nació con la recuperación de la democracia. Al revés, pero parecido.

Claro. Pero hay una segunda cosa que generacionalmente acá nos une mucho, y es que hemos vivido y visto cómo el mundo se desarrolla en una dirección y nuestra vida en otra. ¿Qué quiere decir eso? Que mientras en el mundo entero mi generación discute el acceso a internet, open society, vigilancia de data, mecanismos de acceso al agua en las poblaciones más vulnerables con sistemas participativos de purificación, nosotros aquí estamos viendo cómo salimos de la emergencia humanitaria. Intentamos resolver cómo hacer cosas con una señal de dos megas. Estamos en una situación casi primitiva. Hemos crecido y nos hemos formado al calor de una lucha. Asumimos responsabilidades desde los 17 años, a los 18 éramos voceros. Yo acabo de cumplir 31 y desde el 2007 que mi vida es esto. Es decir, nos une haber vivido un proceso que no nos representa, pero también el sacrificio y varias cicatrices.

Y además, imagino, el reto de que el final de esto no signifique simplemente devolverle el poder a una casta que lo perdió ¿no?

Así es. Y eso tiene que ver con algo importante para nosotros: que nos une un diagnóstico de cómo llegamos hasta acá. Chávez no es un meteorito que cayó. Chávez fue el producto del agotamiento de un sistema bipartidista de hegemonía, que terminó haciendo que una de las partes se convirtiera en sí misma en una clase social –y por eso se llamaba clase política- que terminó aislando de las decisiones a las grandes mayorías de este país. Por eso para los venezolanos fue tan fácil votar por Chávez en 1998. Ese diagnóstico común nos permite a nosotros mantener cuatro acuerdos a los que llegamos hace mucho tiempo. Primer acuerdo: el cambio no es volver al pasado. El cambio es cómo construímos un pacto social, institucional y político para los próximos 30 años, un sistema de alternancia, de respeto, de representatividad, de protección y de desarrollo, que no permita que un liderazgo caudillesco cambie todo el proceso porque los políticos nos volvimos obsoletos. Segunda cosa: la política es servicio, y por lo tanto no es para hacernos millonarios. Esto no es un oficio para que resolvamos nuestros problemas domésticos personales y familiares por encima de las cosas que hacen falta. Lo tercero es que este ciclo solo se cierra con reconciliación, si aquel que no pensaba como nosotros es capaz de verse representado y respetado por nosotros. Y lo llevo al cuarto punto. Aquí hay una fuerza que no va a dejar de existir, que es la fuerza que llevó a Chávez al poder y que hoy en día, minoritaria, disminuida, debilitada, como sea que la veamos, cree en Maduro, y a esa fuerza hay que reconocerla, entenderla, y darle las garantías de que podrá hacer política y crecer. Volver, o abrir la compuerta, a un sistema de persecución, de retaliación y pase de factura, e intentar extinguir a una fuerza política que adquirió una identidad, solamente es una fórmula para que en este país no tengamos política más nunca, y terminemos en un espiral de salidas de fuerza y golpes de Estado y estallidos sociales que a nadie le interesan. El tema de las  garantías, de las amnistías, de perdón, es un tema que acá nadie había querido plantear en términos públicos, y hoy es incluso una de nuestras principales banderas de lucha.

¿Qué se deberá perdonar?

Bueno, es una de las discusiones importantes. Hay que separar lo perdonable de lo que no. Es un tema de discusión dura. Una transición implica que algunos sapos vas a tener que tragarte. Alguna parte de lo que hoy en día es el poder hegemónico va a tener que estar en esa transición, porque por eso es transición. Esto es cese de la usurpación para un gobierno de transición. Ahora, en esta discusión de fondo, hay principios que nosotros defendemos. Los crímenes de lesa humanidad, o sea, aquellos que asesinaron, aquellos que torturaron, aquellos que producto de su corrupción hicieron que aquí no hubiese tratamiento para los enfermos o las medicinas necesarias que condenaron a la muerte a personas, tienen que ser juzgados, porque además es la única forma de poder cerrar un ciclo. También hay que construir una comisión de la verdad, que permita que tengamos una sola verdad.

¿Hay más abuso y más atropello de derechos humanos de lo que la comunidad internacional tiene conciencia?

Mira, yo creo que la comunidad internacional tiene bastante conciencia de lo que está ocurriendo. Lo que creo es que a veces no se dimensiona bien, porque lo convertimos en estadísticas. Te pongo ejemplos que yo conozco personalmente: el caso del concejal del municipio Libertador de nombre Fernando Alban. Volviendo de la ONU, entrando por el aeropuerto de Maiquetía, es detenido y llevado al cuartel general de la policía política, que está a 15 minutos en vehículo de acá. Durante dos días nadie sabe de él. Nadie se comunica, no tiene acceso a la información, no tiene acceso a abogado. Al tercer día se le determina una audiencia para decirle cuáles son sus delitos. Y al otro día aparece que se suicidó. Se habría tirado del piso 10 del cuartel general de la policía. A Fernando Alban lo asesinaron. Y eso es algo que para nosotros es muy grave. El diputado Requesens, un miembro de nuestra generación, hoy está preso en el Helicoide -sede del Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional, (SEBIN)- acusado de haber sido parte del intento de un magnicidio con un dron en la avenida Bolívar.

 Aquí hay una fuerza que no va a dejar de existir, que es la fuerza que llevó a Chávez al poder y que hoy en día, minoritaria, disminuida, debilitada, como sea que la veamos, cree en Maduro, y a esa fuerza hay que reconocerla, entenderla, y darle las garantías de que podrá hacer política y crecer.

¿Cuánto es hoy el salario mínimo?

Debe estar alrededor de los U$10.

Y una cerveza cuesta…

Un dólar. Un kilo de queso cuesta U$15. No hay manera. Finalmente, la violación a los ddhh en Venezuela tiene muchas dimensiones, y la comunidad internacional hoy tiene plena conciencia de que esto es así, y por eso vienen actuando de la forma en que lo están haciendo.

¿Hasta qué te resulta aceptable como método para terminar con esta situación?

¿Cuál es mi raya roja? Yo no creo en la violencia.

¿Es decir, invasión externa por ningún motivo?

A mi modo de ver, por primera vez en mucho tiempo, la discusión hay que mirarla desde otro paradigma. Nuestra ruta es, en primer lugar, cese de la usurpación: que quien ilegítimamente está en la presidencia entienda que no puede seguir ahí.

¿Cómo?

Presión ciudadana. Presión internacional. Movilización popular. Y otros mecanismos que permitan que al menos una parte de ellos entiendan que un gobierno de transición  como solución política es lo mejor que le puede pasar a este país.

¿Ese gobierno de transición lo encabeza Juan Guaidó?

Hoy es Guaidó, pero para nosotros la prioridad es que exista. Y si para que esto suceda tenemos que discutir cómo va a ser, lo hacemos. El gobierno de transición, para nosotros, por derecho legítimo, constitucional y por fuerza ciudadana, es él. Hemos dicho: lo que lleva a este país, por la vía pacífica democrática, a una elección verdadera para poder elegir un nuevo gobierno con legitimidad de origen, nosotros estamos dispuestos a discutirlo, entendiendo que Maduro no puede encabezar el gobierno. No puede seguir sentado en esa silla. Nosotros reclamamos el derecho legítimo que nos da la constitución a ocupar esa silla en la transición. Hoy, quien tiene la principal responsabilidad de que en este país exista una solución pacífica, constitucional y electoral, no somos quienes estamos pujando por esta ruta, sino quienes la vienen cerrando. Te pongo un contexto de por qué esto es así: nosotros durante mucho tiempo fuimos los patitos feos de la política internacional, porque Chávez era un hegemón de la diplomacia. Nadie entendía cómo había oposición a él; desde la derecha más derecha hasta la izquierda más izquierda, querían una foto o un evento con él. En algunos casos por su chequera, en otros por su carisma, y en otros por su liderazgo, que debe reconocerse. Pero él ya no está, y Maduro decidió ser amigo y aliado de Bielorusia, de Norcorea, de Irán, de Nicaragua, de la FARC, del ELN, etc. La respuesta geopolítica a este conflicto, en una parte tiene que ver con las gestiones que hemos hecho como alternativa, pero por otra parte tiene que ver con la geopolítica planteada por el gobierno. Ellos no pueden llevar a un país entero a inmolarse porque quieran preservar un espacio de poder que es inviable de mantener. 

Guaidó ha dicho más de una vez que la alternativa de la violencia no está enteramente descartada.

Te lo vuelvo a replantear, porque ha sido buena parte de nuestra discusión. Nosotros queremos una solución pacífica, electoral y constitucional. Quienes tienen la responsabilidad de que esa solución ocurra y sea viable, son quienes hoy, desde el poder, quieren llevar el país a la inmolación.

¿La solución pacífica para esto depende de los militares?

Creo que las FF.AA en su conjunto tienen una responsabilidad importante. Tiene el deber de no seguir siendo el sostén armado, violento y político de un régimen que ha perdido al pueblo, sus instituciones, y que tiene al mundo entero en contra. A la FF.AA. siempre le decimos que no queremos que resuelvan el problema ellos. Queremos que entiendan que, en la medida que ellos sean el soporte armado y hegemónico de una dictadura, esa dictadura va a intentar seguir violando derechos. Ellos pueden tomar hoy una decisión, en conjunto con la gente y con la comunidad internacional: dar paso a una transición ordenada que nos lleve en el menor tiempo posible a una elección. Que los venezolanos decidan con su voto quién debe estar en Miraflores. 

Esto no lo puede contestar ningún venezolano, pero se lo imaginan todos. ¿Crees que esto da para largo, para corto, que está cerca de su final? ¿Cuál es tu especulación al respecto?

Creo que todos tenemos sentido de urgencia. Todos tenemos una razón personal que nos hace tener urgencia. La mía es que quiero tener a mi familia aquí. (Se emociona)  No quiero seguir viendo a mis hermanos o a mis sobrinos crecer por una pantalla. Al final, mi hermana está afuera por un tumor cerebral, mi hermano está afuera porque su emprendimiento aquí quebró y tuvo que trabajar en cosas que nunca se imaginó –lavando carros- con tres títulos universitarios y una vida entera tratando de destacarse del lote. Aquí hay un proceso que, por más que nosotros queramos y cada cual tenga su desespero, no es un proceso inmediato ni rápido. Es un proceso donde estamos recogiendo el fruto de muchos errores de la alternativa democrática. El primer paso de esto fue reconectar la ciudadanía con la dirigencia, el segundo paso era que a través de esa reconexión tuviéramos otra vez credibilidad, aunque mi generación no fuera quien la había perdido. Creo que no es un escenario de largo plazo, porque el país no lo aguanta, pero además porque estamos en un punto de no retorno. Cruzamos toda la raya, los dos bandos. Estamos en una etapa de desenlace. O este país logra salir de lo que estamos viviendo en los próximos meses, o aquí el reflujo de este proceso será una hegemonía donde tal vez yo termine muerto, preso o en el exilio. Para nosotros, este momento político es existencial. Aquí, o ganamos y esto cambia, o perdemos y nos arrasan. No será en el cortísimo plazo, pero tampoco largo. Este es un año de definición, para bien del mundo y del país, o para mal de todos.

Aquí, o ganamos y esto cambia, o perdemos y nos arrasan. No será en el cortísimo plazo, pero tampoco largo. Este es un año de definición, para bien del mundo y del país, o para mal de todos.

¿Qué produjo los cortes de luz y qué consecuencias ha tenido?

El tema de los apagones, cortes de luz, y todo lo que ha venido ocurriendo en los últimos días en Venezuela, se ha venido denunciando en nuestro país desde el año 2009, cuando se decreta la primera emergencia eléctrica. El año 2013 militarizaron todo el sistema eléctrico y de ahí en adelante ha sido un proceso que cada día se agrava y que se ha seguido profundizando. Lo que ha ocurrido acá es el colapso de un sistema producto de la corrupción y de la ineficiencia, pero también producto de la indolencia. El apagón no es solamente un apagón eléctrico en todo el país, sino también la imposibilidad de tener acceso al agua potable en las principales ciudades y un sistema hospitalario sin energía eléctrica ni plantas eléctricas que puedan sustituir el sistema de generación para alcanzar una provisión básico. Las consecuencias te las puedo resumir con algunos datos: en este país nacen todos los días un promedio de 3.500 niños y de esos el 10% requiere cuidados intensivos que hoy no son posibles de dar. Del resto que nace en buenas condiciones, 1300 han sido atendidos sin luz y sin agua. La posibilidad de focos infecciosos y de escenarios de riesgo de salud obstétrica son muy altos y van casi 30 fallecidos producto del apagón. Otra consecuencia es que se ha vuelto imposible el acceso al agua potable y esto ha llevado a que la gente saque agua del río Guaire, un río muy contaminado, parecido al río Mapocho. (La verdad es que muchísimo más contaminado todavía). Es la cloaca principal de la capital. Esto además ha abierto la compuerta a un escenario de persecución y de medias verdades o mentiras para seguir culpando a inocentes y seguir abriendo causas judiciales contra el presidente encargado Juan Guaidó.

¿Ha afectado mucho la credibilidad de Guaidó y la oposición el reportaje del NYT?

Ese video es el mismo que ha tratado de hacer circular el régimen. Yo creo que tiene mucho más que ver con un asunto de política interna y de generar un esquema de discusión que no vale la pena ni siquiera profundizar. Al mundo le ha quedado claro lo que ha pasado el 23 de febrero: los cuerpos policiales y parapoliciales del régimen no solo quemaron un camión con ayuda humanitaria, sino que además ocasionaron más de 59 heridos de bala, más de 7 asesinados y, hoy mismo, murió uno de los herido de bala de la población San Antonio de Táchira que no resistió los tratamientos… una víctima más de la violencia. El 23, en el contexto correcto, es el día en que una fuerza intenta ingresar medicamentos, auxilio nutricional, insumos médicos y hospitalarios al país, mientras por otro lado hay un régimen dictatorial que bloquea cualquier posibilidad de que esto ocurra. ¿Pero cuál era la narrativa del régimen alrededor de eso? Que esto era un caballo de troya para una intervención militar norteamericana en Venezuela, cuando lo que se demostró es que se trató de un movimiento venezolano civil, con carros civiles, con voluntariado desarmado intentando ingresar al país ayuda y esperando ser recibido por población vulnerable. Ellos decidieron que la ayuda humanitaria era un mecanismo para justificar una escalada militar extranjera, pero después de hacer todo lo que hicieron queda demostrado que aquí había un movimiento pacífico y cívico que no cree en la violencia como forma de lucha. Además de eso, que estamos ante un régimen que usa paramilitares, que dispara contra voluntarios desarmados, que quema convoy humanitario, que asedia un hospital, que asesina la etnia Pemón y que ataca tierras originarias en la frontera sur con Brasil. ¿Cómo se puede hacer llamar de izquierda y revolucionaria? Aprovecho este espacio también para dar un mensaje a la izquierda chilena: ¿cómo se puede hacer llamar de izquierda un régimen que condena a la muerte a su pueblo por falta de medicinas y alimento?, ¿cómo se puede llamar de izquierda el que mata indígenas?, ¿cómo se puede llamar de izquierda el que solo tiene luz en el palacio presidencial cuando el país entero está a oscuras? No es revolucionario el que usa paramilitares contra civiles desarmados que buscan un cambio y no se puede llamar víctima de un proceso de política internacional aquel que cree que enquistándose en el poder y utilizando las armas contra la población pueda mantenerse en el gobierno. Este es un movimiento profundamente venezolano y donde los principales protagonistas somos venezolanos, lo que no obsta que agradezcamos el apoyo de Europa, del grupo de Lima y de Estados Unidos de Norteamérica para cerrar este ciclo.