¿Qué tal el regreso después de 35 años?
Nos ha ido muy bien. Cómo en los viejos tiempos. Lo increíble es que es una obra que se ha mantenido vigente con cambios en la percepción del público y también en su reacción según el paso de los años. Esta es una obra que el año 84 la tuvimos en cartelera seis semanas y después la tomó Julio Jung con José Soza y tuvieron 450 funciones en Chile y el mundo así que imagínate.

Y ahora de nuevo León Cohen y Marco Antonio de La Parra en escena.
Claro León y yo la hemos hecho de vez en cuando y ahora eran los 35 años desde su estreno así que aprovechamos de abrir también la temporada del teatro. Es bueno ver la reacción del público porque también va cambiando. Por ejemplo con el tema pedófilo, perverso ya no se ríe la gente, que antes era como chiste de varieté. Tú te fijaste, por ejemplo también la zona torturadora, que siempre fue una zona dura, antes provocaba toses, la gente se movía en los asientos y cosas así. Ahora escuchan en un silencio absoluto. Ahí lo que hay es un anti chiste, y la zona final Freud, Marx sigue provocando más risa que ninguna y ahí se provoca la catarsis del público. Ahora la zona Marx puro produce risas controvertidas porque también tiene una dimensión seria. Al final la gente se da cuenta de que se ha reído de cosas equivocadas.

Una dupla de psicoanalistas que terminan como actores de teatro.
Bueno nosotros empezamos a hacer teatro en la Escuela de Medicina. Hicimos varias cosas con León y esta obra que ha sido su caballo de batalla como actor. Yo he hecho otras cosas entre medio y me ayudó mucho por ejemplo hacer “El Loco de Cervantes” que es una obra pequeña dirigida por Julio Pincheira, quien fue muy influyente en cambiar mi trabajo personal como actor lo que influyó en esta puesta en escena sobre todo. Trabajamos de otra manera el espacio con una escenografía muy minimalista en donde nosotros trabajamos registros distintos. Por ejemplo este Marx es más duro y más brusco y mi personaje es más frágil, más quebradizo. Pero es un trabajo que ha ido en aumento en su quinética, en los gestos, los silencios, porque es una obra que está muy trabajada y contar con un cuerpo mayor de hombres no de treinta y tantos años, como cuando la estrenamos el año ´84 sino de sesenta y tantos que es la edad que tenemos ahora te permite maniobrar de otra manera. Estamos manejando un elefante y ya no a una jirafa.

En Argentina el 2009 fue calificada como uno de los mejores espectáculos internacional. ¿No es casual en un país donde hay tantos psicoanalistas no?
Muchísimo. Yo creo que eso ayudó porque el público psicoanalizado se reía de chistes secretos que tiene la obra. Porque está repleta de chistes secretos desde el comienzo para todo tipo de gente. Bueno es una obra que se puede ver en diferentes ambientes y eso también tiene su gracia porque la hace muy dúctil. En ese sentido es bastante portátil.

Pero seguro que no faltó el psicoanalista serio que se ofendió con la caricatura de Freud
Ha habido psicoanalistas seriotes que han dicho pero cómo es posible que un psicoanalista esté mezclado con la tortura, con la dictadura. Pero la mayor parte de los psicoanalistas tienen sentido del humor y se pueden reír porque sería lamentable que no tuvieran sentido del humor te das cuenta. Si uno no se ríe de las cosas absurdas y en especial de sí mismo se empieza a agobiar un poco.

En rigor La Secreta Obscenidad de Cada Día es una obra del Siglo XX que encarna los problemas de la modernidad ¿Se puede leer así? La escribiste en plena dictadura además.
Diría que habla de las crisis de la modernidad en la dictadura

Venias del Ictus cuando nace este delirio ¿Qué pasó?
Esta obra surge de una mezcla de desechos, de descartes, de trabajos de creación colectiva con el Ictus en el Lindo País de Esquina con vista al mar, y La mar estaba serena. Después me salí porque tenía diferencias estéticas con lo que estaba haciendo el Ictus. Yo quería hacer una obra que irritara al público del Ictus. Quería hacer una obra emitiendo 60 minutos, ese noticiero fascista del tiempo de Pinochet. Quería reírme un poco del público desde otra perspectiva. Ellos hacían un teatro del establishment más de izquierda para mí.

Y así pusiste a Freud y Marx como dos exhibicionistas decadentes y absurdos
Claro yo buscaba hacer algo más provocador y ahí surge por ejemplo un encuentro entre Marx, Freud y Nietzche en donde eran tres borrachos detenidos por vagancia o en condición de calle como le dicen ahora. También teníamos una idea vaga sobre el terrorismo para efectos de una obra. Con este material comenzamos a juntarnos con León y partimos con los exhibicionistas, pero queda afuera Nietzche a pesar de que el juego era llegar a convertir también a Kant en una suerte de lo que sería hoy un standard comedy con lo aburrido que es Kant. Pero nos dimos cuenta que los paradigmas más potentes son Freud y Marx. La obra fue creciendo poco a poco y primero estaba Freud lo que hacía un poco que nos riéramos de nuestra formación como psicoanalistas. De pronto aparece un Marx que va creciendo y llega a ocupar la última cuarta parte de la obra. El discurso de Marx es real. Un Discurso que encontré ontologado por Octavio Paz. Es una modernidad que en la dictadura estaba vetada.

Sin embargo uno ve a estos personajes y ve cómo las grandes ideas de la modernidad terminan bastante empobrecidas.
Es cuando dicen “nos han convertido en caricaturas”. Ahí hay un planteamiento que es muy Siglo XXI de esta obra que es del Siglo XX como bien lo dices tú. De alguna forma la izquierda y el pensamiento más revolucionario de Freud han sido maltratados y deshechos. Esto es para mí bastante inquietante. En su último libro Zizek dice que el problema con Trump no es que lo haga mal, sino que lo haga bien. Nosotros tenemos un problema parecido en Chile porque si Piñera lo hace bien entonces qué hacemos, porque no sabemos bien que proponer. Seamos honestos, no tenemos una parada clara con líderes potentes que tú sientas que tienen una misión o una carga.

En este sentido permite de la misma forma hacer una relectura postmoderna Marx.
A eso invita y es posmoderna en cuanto está hecha a punta de fotocopias, a punta de citas. De hecho los personajes son y no son, me refiero a Freud y Marx. Eso es divertido porque si tú la revisas ves que son dos chiflados, son dos profesores que los torturaron y quedaron convertidos en dos guiñapos de seres humanos que les queda un poco el verso. En eso ha ganado una dimensión muy especial en 35 años este trabajo. La pregunta es en qué estado está el pensamiento crítico en nuestro país y en occidente. Hace 35 años atrás los chistes sobre Marx eran súper irrespetuosos para la izquierda. Cuando la obra se dio en Alemania Democrática o en Cuba fue muy escandalosa. En Turquía hubo ataques de los diarios conservadores contra el Teatro Público de Estambul y los actores salieron a la calle pidiendo libertad de expresión. Es decir sigue siendo quemante y molesta para mucha gente.

¿Cómo dialoga la obra con una sociedad chilena tan atrapada en las apariencias y el mercado?
Bueno, estos personajes no solo están en off, sino que además están situados frente a un colegio de niñas privado en donde se inicia el año escolar. Ahí hay un guiño de este mundo de chicas guapas o niñas bien. Es a esa sociedad a la que atacan los personajes, a una sociedad que ha desplazado al pensamiento crítico a la calle, a ser vagabundos, perversos y por lo mismo peligrosos. Esta sociedad bien que de alguna forma ha dejado atrás cualquier intento por pensarse críticamente. Y bueno, en eso el mercado para que decir, ya sabemos el rol que cumple porque como dice Arturo Fontaine en forma metafórica ya hemos pasado de la mano en alto empuñada a la mano que lleva la bolsa del supermercado.

De ahí que surge la cita “por qué en vez de escribir el capital, no amasas capital” Algo que nos golpea
Eso nos golpea y es una frase de la madre de Marx, del joven Marx. Es parte de lo divertido y de lo terrible porque nos quedamos en una sociedad que se vuelve cada vez más capitalista y no se plantea la pregunta qué viene en el post capitalismo. Con qué nos vamos a encontrar, ¿Hay algo? Sabemos que hay cambios muy fuertes y ahí uno puede ser optimista o pesimista según lo que hagan con el tema del cambio digital por ejemplo que altera los modos de producción ¿Habrá más libertad? o estaremos sometidos al estilo Chino que interviene internet. Cómo va a hacer esto no lo sabemos bien.

¿Queda al parecer poco espacio para una vida más humana, más cálida?
Sí, y hay pocos pensadores que están en eso. A Zizek lo hemos leído para peinar la obra por ejemplo cuando dice que no vemos la luz al final del túnel, sino la luz del tren que viene en el sentido contrario y nos estamos equivocando.

Pero además estos dos personajes tan venidos a menos son un par de pobres sobrevivientes.
Estamos repletos de sobrevivientes y zombis. A mí me gusta mucho esta figura del sobreviviente y del zombi. De hecho ahora estoy escribiendo una obra junto a Jorge Baradit, Alex Sizis y Roberto Poblete. Es un trabajo sobre la post democracia, es decir que viene después de todo ¿La hecatombe? La historia del sobreviviente para mí es muy interesante. Es decir una democracia de zombis, la neo democracia, la tensión entre los sobrevivientes y los walking dead, osea los muertos que caminan.

Supongo que como analista y dramaturgo estás siempre haciendo una radiografía de lo social ¿Qué crees que nos duele a los chilenos?
Sí, como la obra, van cambiando las percepciones de quienes consultan. A parte de lo obvio hay dolores que empiezan a llegar. Te diría que en este momento el dolor más grande de la sociedad chilena y me voy a poner bien cursi, tiene que ver con una falta de amor en la sociedad. Esta sensación de estar maltratado en el trabajo, en la pareja, de no poder aspirar a una relación y creer que tener hijos es una opción saludable. Es como que lo amoroso se ha dañado y se ha visto reemplazado por relaciones de competencia, de exigencia personal y estrés en todas sus formas, fractura de vínculos, maltrato conyugal de un lado otro. En resumen es una sociedad poco amorosa a pesar de que aparezcamos en el mejor lugar para vivir en Sudamérica.

¿A pesar de las encuestas de la felicidad?
Claro, los días jueves en la noche con un trago en el cuerpo. Pero cuesta encontrar lo amoroso. Hay gente que puede estar muy bien económicamente pero vive en la desdicha. Todos además muy endeudados. Curiosamente cuando hay un descredito tan grande de las instituciones y en lo único que puede aferrarse es en la familia o los amigos, pero son vínculos que están naufragando. Quizá la amistad es lo único que sobrevive.

¿En qué hemos sido infieles los chilenos? Parafraseando otra de tus obras
Infieles es una obra que tenemos ganas de remontarla y que toca justamente este tema de una izquierda que entra en el mercado y que vive una contradicción permanente que es la que estamos viviendo. Podemos decir no más AFP pero qué se hace, sabemos que la Isapres son un problema muy serio y qué pasa en donde todo está desacreditado. Bueno estamos en crisis con la política. Estamos molestos e indignados pero qué hacemos. No solo nos podemos quedar en una crítica ciega y es bueno ver movimientos jóvenes que están planteando los temas del cambio climático o el tema feminista. Aunque aún no se ha llegado a las áreas complejas que son la salud, educación, previsión, porque no ha sido resuelto desde el estado y eso es un tema gordo. Mientras no se repiense el asunto no pasa nada. Los niños y la salud mental no marchan y aún otros no marchan por ellos. Hoy hay más espacio para los animalistas que para los niños y eso es muy complejo.

¿En qué año nos volvimos todos locos?
Fue la época de los noventa cuando entramos en la inconciencia del mercado a disfrutar la herencia de la dictadura de manera re administrada y mejor administraada por la Concertación. Fue un momento de euforia que nos volvió un poco locos. Antes de la crisis del 97 y luego Pinochet en The London Clinic que nos muestra el espejo a donde nos vemos todos hospitalizados como él.

Enfermedad que hemos intentado sanar a punta de fármacos
Es que hay dolores que tal vez requieran fármacos y otros que requieren escucha. Una escucha amorosa no a lo Arjona, sino una escucha cálida que pretenda curar. Tengo que poner en la obra en la voz de Marx la palabra pueblo.

Sin embargo, estos dos locos sueltos que encarnan a Marx y Freud en la obra transmiten esperanza
Por un lado nos fuimos convirtiendo en estos ex profesores de estado que perdieron su brújula y se convirtieron en seres diminutos y miserables porque están viviendo un delirio en un mundo que les arrebató sus ideas. Pero por otra parte también existe la esperanza en que van a volver a ocupar los sitiales que dejamos vacíos y que siguen vacantes como dice Freud.