Gerardo Gorodischer T. es presidente de la Comunidad Judía de Chile

Es sorprendente el impacto que ha tenido la serie Shtizel desde que se subió a la plataforma de Netflix. La misma fue emitida en la TV israelí entre el año 2013 y 2016, sin el éxito de hoy. Llegar a Netflix, con subtítulos, permitió a la audiencia mundial introducirse en el mundo de una sociedad pequeña y de la que se tiene una idea vaga.

Shtizel cuenta la vida de una familia judía religiosa que vive el más conocido barrio ultraortodoxo de Jerusalem. Sus doce capítulos tienen de protagonista a Akiva Shtizel, un joven tímido y sin claridad de qué hacer con su vida y cómo dedicarse a su pasión, la pintura, en un medio en que ser artista no es especialmente bien visto y donde su padre, lo obliga a dar clases de religión en la escuela donde el mismo es profesor, y a seguir la tradición ortodoxa de dedicarse al estudio de la Torá y casarse con la mujer elegida por el casamentero. Akiva debe descubrir cómo ser feliz con sus talentos, como encontrar el amor sin intermediarios y enfrentarse a un mundo conservador, donde no es habitual destacarse fuera del marco tradicional.

Tal vez la fascinación se produce justamente por eso, la posibilidad que nos da la serie de poder espiar en un mundo que nos es propio pero ajeno, que nos desafía en nuestras propias creencias y que se mantiene aislado de las tendencias de las sociedades abiertas.

Shtisel transcurre básicamente en el barrio ultraortodoxo de Mea Shearim en la ciudad de Jerusalem, con algunas pocas salidas a locaciones de la misma Jerusalem, de Tel Aviv y el norte de Israel.

En la serie se describen personajes tradicionales de ese mundo; el rabino, el maestro, el casamentero, el vendedor de libros, el estudioso de una academia rabínica, el que salió de ahí porque se sintió asfixiado, el que ingresó agobiado por las demandas y tensiones de la sociedad moderna, el que vive de la ayuda social, el que quiere progresar aun en ese espacio limitado.

Shtisel muestra una sociedad que de afuera se ve uniforme, y la presenta con muchos matices. La mirada que propone, ni demasiada romántica ni directamente crítica, se balancea mostrando personajes verosímiles, que tienen problemas similares a las personas que viven en una sociedad más abierta.

Es así como transita por temas que otras series similares describen: El amor posible/imposible, la necesidad de recursos para vivir y emerger ganados de manera digna o buscando atajos, la competencia y ambiciones , la búsqueda del sentido de la vida en forma personal versus las demandas del grupo, las frustraciones, las tensiones intergeneracionales, los roles asignados a las mujeres, las jerarquías, la realización personal, la fidelidad, de lo que se puede hablar y de los que no se puede hablar y finalmente la soledad.

Quien escribió y dirigió la serie tenía ese propósito en mente. La historia en un rostro humano y universal y ya no importa que se desarrolle en las pocas manzanas del barrio Mea Shearim de Jerusalem; refleja la búsqueda de la identidad, del desarrollo profesional, la vocación, la necesidad de amar y ser amado, entre otros temas profundos y cotidianos transversales a toda sociedad.

Lo interesante de Shtizel son las emociones que a uno le despierta el palpar la cotidianidad de una comunidad pequeña, cerrada y que se ha modificado muy poco en el tiempo. Como nos enfrentamos a esta realidad, y las ideas y percepciones que ésta nos genera, podría estar diciendo mucho de cómo uno lidia con las minorías.

Shtizel no sólo representa a una minoría en el mundo, que es el ser judío, sino que también refleja la minoría de la minoría, el pequeño mundo de la ortodoxia religiosa, y cómo se relaciona una sociedad abierta con esto y viceversa.

También, nos deja la pregunta de qué hay ahí, que hace que una comunidad se mantenga prácticamente incólume en el tiempo a pesar de que el mundo a su alrededor cambia a pasos vertiginosos. Tal vez ahí radica la seducción de Shtizel, nuestra atracción y curiosidad por lo oculto, y es que el éxito de la serie está en la capacidad de observar un mundo muy pequeño pero consolidado en el tiempo.

Shtizel nos muestra como es nuestra aproximación a una minoría y mucho nos dice de quienes somos y como interactuamos con éstas.

La historia presenta un rostro humano y universal y ya no importa que se desarrolle en las pocas manzanas del barrio Mea Shearim de Jerusalem, que cuando acompañamos a Shtisel hijo en su búsqueda de la identidad, de su desarrollo profesional y vocacional y de su necesidad de amar y ser amado de manera libre sin las limitaciones que se le imponen.