LA CORRUPCIÓN

Pensemos en el caso concreto de la corrupción, que es uno de los motivos que están en la base de la desafección política y en torno al cual puede haber un error de percepción. En cualquier democracia asentada hay multitud de representantes políticos que realizan honradamente su trabajo, pero solo es noticia la corrupción de algunos. La sensación que nos queda es que la política es sinónimo de corrupción y no advertimos que el escándalo es noticia cuando lo normal es que las cosas se hagan moderadamente bien.

Ocurre lo mismo que con los errores médicos: nunca se habla en los medios de comunicación de las operaciones bien hechas sino de las fallidas y de ahí a sacar la impresión de que los médicos lo hacen mal no hay más que un paso. Gracias a los medios de comunicación el poder se ha hecho más vulnerable a la crítica, pero su lenguaje crispado y el mensaje de fondo que así se transmiten han extendido una mentalidad antipolítica. Una cosa es desvelar la mentira, ridiculizar la arrogancia y dar cauce a las voces diferentes; pero esa insistencia en lo negativo tiende a ocultar otras dimensiones de la política tan importantes, como por ejemplo, el valor de los acuerdos o la normalidad poco espectacular de los comportamientos honrados. No deberían preocuparnos tanto los casos de corrupción como la ordinaria debilidad de la política y, sobre todo, que la focalización en lo primero nos impida advertir lo segundo.

EL PARLAMENTO

Un Parlamento de pocos y a tiempo libre sería un Parlamento todavía menos capaz de controlar al ejecutivo. Si los políticos no cobraran, se dedicarían a ello los ricos o sus testaferros. Defender el número y el salario de los parlamentarios suena hoy como una provocación, pero es más igualitario que ciertas medidas populistas que debilitan la democracia.

LA CONSTITUCIÓN

Cuando algunos líderes políticos nos conceden su permiso para discutir sobre el poder constituido, pero determinan al mismo tiempo que el poder constituyente es intocable o, en un lenguaje aparentemente menos imperativo, se asegura que todo puede discutirse pero dentro del marco constitucional (para cuya revisión nunca se dan, por cierto, las condiciones propicias), están haciendo un uso ventajista de ese punto ciego desde el que se construye la hegemonía política.

LOS POLITICOS

La principal razón del menosprecio a los políticos tiene que ver con un hecho que olvidamos con demasiada frecuencia: las sociedades encomiendan a sus sistemas políticos la gestión de los problemas más complejos, los que no se resuelven mediante una pericia profesional indiscutible. En la política se concentran una mayor incertidumbre y antagonismo que en otras esferas de la vida social.
No es que ellos sean incompetentes (o no sólo, ni siempre), sino que los problemas que les hemos encomendado son irresolubles mediante una competencia profesional.
Los políticos son como los entrenadores de futbol, los chivos expiatorios o los fusibles: cumplen la función de que podamos culpabilizar a alguien de nuestros fracasos en vez de disolver el equipo o disolver la sociedad.

EL SISTEMA POLITICO

Habría que ver que daña más la confianza en nuestro sistema político, si el reconocimiento de su ignorancia y de sus limitadas capacidades de acción o la permanente decepción de la ciudadanía tras las promesas incumplidas e incumplibles de los políticos.

EL POPULISMO

El populismo resulta creíble porque algo no va bien. Para que el populismo sea algo más que sectarismo de unos exaltados marginales tiene que coincidir en el tiempo un problema irresuelto y unas instituciones débiles. El éxito de los intrusos carismáticos sólo se explica por un déficit en las élites dirigentes, como una derrota de sus discursos, que no resultan inteligibles o creíbles, sin olvidar que los populismos no tendrían éxito si no hubiera sociedades dispuestas a darles crédito.

LAS CAMPAÑAS POLÍTICAS

Hay una oposición estructural entre hacer campaña y gobernar; actitudes que sirven para lo uno dificultan lo otro. Esta contradicción se agudiza cuando se hace campaña con un estilo que dificulta los futuros (e inevitables) acuerdos, como hacer promesas incondicionales o desacreditar a los rivales.

LA DEMOCRACIA

La democracia es una exitosa forma de gobierno a pesar de que , si consideramos la incompetencia de sus representantes y la ignorancia de sus representados, no debería funcionar en absoluto. Es más verosímil que funcione mal, pero resulta que la democracia funciona relativamente bien si tenemos en cuenta que partimos de juicios superficiales acerca de los candidatos, errores incluso de los expertos, información insuficiente o equivocada, ocultación de información falta de neutralidad de los medios, prejuicios insuperables o desequilibrio de los intereses. ¿Cómo es que entonces las cosas salen razonablemente bien?

EL DESAFECTO POR LA DEMOCRACIA

Ni la melancolía de la izquierda ni el cinismo de la derecha han sido capaces de construir el tipo de afecto que merecen nuestras instituciones democráticas.

¿QUÉ ESPERAR EN UNA DEMOCRACIA?

El escepticismo hacia la política puede representar una enorme oportunidad, un requerimiento para que la política reflexione acerca de sus obligaciones y recupere la estimación pública. Para ello es necesario que todos revisemos nuestras expectativas en relación con ella y examinemos si en ocasiones no estamos esperando de la política lo que no puede proporcionar o exigiéndole cosas contradictorias. Y es que todavía no hemos conseguido equilibrar estas tres cosas que componen la vida democrática: lo que prometen los políticos, lo que demanda el público y lo que el poder político puede proporcionar. Quisiera finalizar con una breve reflexión acerca de cómo debemos gestionar nuestras expectativas públicas. ¿Cómo conseguimos mantener una razonable actitud hacia la política, una exigencia que no sea desmesurada y un escepticismo moderado que no acabe siendo cinismo corrosivo. Lo que probablemente nos está pasando es que, al mismo tiempo, la política está proporcionando menos de lo que la ciudadanía tiene el derecho a exigir y la gente está esperando demasiado de la política.
Bernard Crick sostenía que la política es una actividad que tiene que ser protegida tanto contra quienes la quieren pervertir como frente a quienes tienen expectativas desmesuradas hacia ella.

LOS MEDIOS

El combate democrático se desarrolla cada vez más en el espacio de los medios de comunicación, que contribuyen tanto a hacerlo posible como a exagerar alguno de sus defectos, especialmente este potencial cinismo que tiende a promover un régimen basado
en la negatividad.

Libro: La política en tiempos de indignación
Autor: Daniel Innerarity (Invitado al Festival Puerto de Ideas, Valparaíso 2018)
Editorial Galaxia Gutenberg