El proyecto que lidera Gael Yeomans pretende considerar el trabajo doméstico y de cuidado como un trabajo más, que existan estadísticas públicas donde se considere y que el Estado promueva la corresponsabilidad como principio.

La única encuesta que existe es la que realizó el INE el 2015. Ahí no se devela cuántas mujeres, sino que cuánto es el tiempo que destinan para hacer las labores domésticas. Por lo tanto, tampoco hay una estadística de todas las mujeres que se dedican a hacer esas labores, y es por eso que cree necesario avanzar en este cambio constitucional.

Gael cuenta que en la feria es donde mayor contacto tiene con la gente que vive en el mismo distrito, en especial con las mujeres. Agrega que muchas de ellas son cuidadoras de otros/as en situación de dependencia o adultos mayores; entre el 39% y el 49% de los hogares de su distrito tiene una persona, ya sea adulto mayor dependiente de otra o una persona con alguna enfermedad.

“Esa situación no puede dejarnos impávidos. Es tan violento que una mujer no pueda tener tiempo para ella”, afirma.

En la práctica ¿cómo se haría cargo el Estado?

Creemos que lo primero que tiene que pasar acá es que se tiene que valorizar, se debe incluir en las estadísticas. En otros países hay estadísticas satélite donde se considera la hora valor de trabajo doméstico y por ahí queremos partir para comenzar a promover políticas públicas. Si no entendemos eso como un deber del Estado, no habrá nada. Esa es la puerta de entrada para poder hacerlo efectivo en las pensiones, en la equidad salarial, en la sala cuna universal.

¿Por qué has señalado que esta situación perpetúa la violencia de género?

El hecho de que una mujer trabaje toda su vida para otros, en su casa, haciendo cosas que se ven muy naturales -y que sienten como algo que obviamente deben hacer- para luego tener una pensión miserable, me parece que es violencia. Después de toda una vida de trabajo, y que además depende del sustento económico de la pareja que en la mayoría de los casos es hombre, es violento y le quita independencia, libertad y la posibilidad de decidir sobre su futuro. Es violento que una mujer tenga que sí o sí, por el solo hecho de ser mujer, hacerse cargos de todas esas labores.

Existen casos en que son hombres los que realizan este trabajo doméstico, ¿también corre la ley para ellos?

Sí, porque la idea es visibilizar que el trabajo doméstico también es trabajo, independiente de quién lo haga. Pero no podemos dejar de lado que en la mayoría de los casos son mujeres las que realizan estas labores. Lo ideal sería una jornada laboral reducida, una que permita poder hacerse cargo de eso teniendo en cuenta los trayectos de las personas acá en Santiago, que muchas veces es más de una hora de ida y otra de vuelta. El trabajo de la casa es desgastante para cualquier persona, entonces debemos hablar de nuevo acerca de nuestras condiciones de vida.

¿De qué manera este proyecto ayudaría a que la mujer ingrese al mercado laboral?

Hay una visión de que es necesario que existan más mujeres trabajando de manera remunerada. Yo creo que hay una brecha entre la inserción laboral entre una mujer y un hombre. Visibilizando este trabajo doméstico se deberían generar condiciones para que todos nos hiciéramos cargos. Por ejemplo, reducir la jornada laboral o tener políticas que promuevan la corresponsabilidad, va a hacer que no solamente sea que la mujer tenga esos costos en su vida, sino que también un hombre. Por ejemplo, un post natal obligatorio para un hombre permite que tengan mejor lazo, que se involucren en la crianza, no solamente en ese periodo de tiempo sino que también para el futuro. Evidenciar el trabajo doméstico es asumir que existe y que todas y todos nos tenemos que hacer cargo de esto.

LA REBELDÍA EN REVOLUCIÓN DEMOCRÁTICA

Hace poco más de un año asumiste como diputada con un cupo RD…

Sí, porque el movimiento político en el cual participo no es un partido, entonces en el tema electoral no quedaba de otra. Ahora estamos construyendo un partido político.

¿Qué significa esta Bancada Convergente?

Están los tres compañeros diputados del Movimiento Autonomista: Diego Ibáñez, Gonzalo Winter y Gabriel Boric. Estoy yo, que soy de Izquierda Libertaria. Estamos en proceso de construcción de un partido político legal, juntando principios que tenemos en común y aunando criterios que nos han venido identificando hace un tiempo. Además, se integra también por Nueva Democracia y Sol. Estamos concluyendo las distintas tesis que nosotros decimos respecto a distintos temas y empezaremos el proceso de inscripción del partido.

¿Por qué se desmarcan del Frente Amplio?

Nos situamos dentro del FA, pero queremos identificarnos como un núcleo. Así como existe RD, nosotros también tenemos nuestra existencia y nuestra propia opinión política, que a veces puede disentir de nuestros compañeros del FA. Venimos de una tradición socialista, recogemos la tradición histórica de la izquierda de nuestro país, no como otros integrantes del FA. Recogemos la lectura que hace Marx hace 200 años de que en este sistema de mercado no podemos ser libres y hoy el feminismo, por ejemplo, nos abre una puerta porque es la principal lucha emancipadora de este tiempo, de liberación… El socialismo es posible en este Chile. Además, es un socialismo libertario, por lo tanto, partimos de las críticas del socialismo del siglo XX: eso no lo tienen otros compañeros dentro del FA. Queremos ser un aporte para construir esa visión.

¿Cómo han sido las dinámicas internas en el FA que hicieron que naciera la necesidad de este nuevo partido?

No necesariamente dinámica interna. Creo que hay que entendernos como un conglomerado de partido políticos, con un programa común que nos une, pero somos distintos. En esta diversidad nos perdemos también, entonces tenemos que aclarar desde dónde partimos. No por ser del FA nos va a representar todo a todos. No es así, hay cosas que a mi no me representan de RD y por eso estoy construyendo un partido político distinto. Igual llevamos un año y ni siquiera nos conocíamos todos.

¿Crees que RD es lo mismo que la Concertación en su momento?

Es una constante pregunta y hay un desafío: ¿vamos a repetir los mismos errores que la Concertación, vamos a hacer lo mismo o haremos algo distinto? Nacemos con el compromiso de ser algo distinto. Las personas que votaron por nosotros creyeron en eso y no lo vamos a perder. En cada una de nuestras acciones debemos demostrar que hay una nueva forma de hacer política y de comprometernos con los cambios. Lo que pasó con la Concertación en la transición es un debate que tenemos que dar, no podemos hacer un “borrón y cuenta nueva” y partir de cero. Es un partido que gobernó bajo políticas neoliberales que han dejado la embarrada en el país, con empresas que se llevaron todos los derechos sociales, la esperanza de la gente. Para ser justos, no podemos hacer omisión a que salimos electos con esas promesas, sino que tenemos que hacer las transformaciones reales y eso es lo que está en disputa en el FA porque a veces nos perdemos.

¿Crees que el FA está en crisis?

No creo que sea una crisis, sino que son situaciones complejas y me parece que no hemos estado a la altura de ese desafío. Cuando ponemos diferencias entre nosotros, personales, a la luz pública, no estamos a la altura de lo que deberíamos estar cumpliendo. Para eso tenemos que fortalecer el porqué estamos acá, nuestros lazos con los territorios, con las organizaciones sociales y poner eso en el centro.

FEMINISMO

Tu lucha siempre ha sido territorial, con una conciencia de clase notoria. ¿Cómo se traduce en tu manera de vivir el feminismo?

Nadie nace feminista en una sociedad así de machista. Hay un proceso donde influyen muchas cosas en tu vida. Tuve una abuela que fue dueña de casa y recibió una pensión miserable, y la otra que era profesora. Me marcó mucho que siempre había una dependencia de un hombre. Conocer a otras mujeres en el colegio, a mis profesoras y compañeras, y valorarnos como somos es lo más bonito. Mi feminismo viene de encontrarme con otras, de darnos cuenta de que hay situaciones que no debemos naturalizar, de saber que las mujeres nos marcan en nuestra historia.

¿Cómo fue en la universidad?

Tuve un shock de agua fría de misoginia y machismo: había profesores que nos decían que íbamos a clases a buscar marido. Cuando empezó la movilización el año pasado, fue un grito de esperanza y del todo lógico.

¿A qué te refieres con feminismo de élite?

Hay una diferenciación entre feminismo liberal y un feminismo socialista, que es el que me representa. Cuando veo a la derecha diciéndome que son feministas luego del debate del aborto en tres causales, en donde tratan a las mujeres como objeto o donde decían que nosotras provocábamos las situaciones de violación, no lo creo y no lo creeré nunca. En términos ideológicos, cuando el feminismo liberal te dice que una mujer será libre en este sistema de mercado, de “sálvese quién pueda”, no lo creo. Una mujer nunca podrá ser libre si existen estas desigualdades económicas y sociales, porque todo eso nos limita. Si una mujer tiene que trabajar muchas horas al día, para volver a la casa y seguir trabajando y tener un sueldo que no alcanza, ¿dónde está la libertad?

¿Crees que el trabajo sexual es trabajo?

Es un gran debate del feminismo. En este Chile, en las condiciones que se dan, con la precariedad que hay, no creo que sea trabajo. La verdad es que no creo que las mujeres que trabajan sexualmente, donde muchas de ellas son niñas, están voluntariamente prostituyéndose. Me preocupa que sea por dinero, eso no es libertad. No me cierro a poder debatir y conversarlo en otras situaciones. La gracia del feminismo es que una está en un constante aprendizaje, no sólo académico sino que de las otras experiencias.

¿Cómo es tu evaluación de las ministras mujeres, sobre todo luego del movimiento feminista que resurgió el año pasado?

La verdad es que la ministra Plá me ha decepcionado; cuando el gobierno asumió una postura de oposición a la huelga del 8M demostró su visión política y es una bien preponderante desde el Presidente. Es contradictorio que se hagan llamar feministas después de lo que han hecho y dicho, oponiéndose a los derechos de las mujeres.