-¡Llama a los pacos! –le gritó Franco Guerrero a Ricardo, quien el sábado 16 de marzo, a las 14 horas, paseaba a su perro por el Parque Forestal en el tramo comprendido entre Avenida Cardenal José María Caro e Ismael Valdés Vergara, donde los departamentos con vista al parque cuestan $250 millones.

-Llama a los pacos, por favor, que me hirieron –le dijo Guerrero, de 25 años y apodado “El Gringo”, caminando unos 30 metros hasta Ricardo, mientras se sacaba la polera y miraba cómo le brotaba la sangre por la espalda, segundos después de recibir un cuchillazo. Luego, visiblemente mareado, se desplomó en el suelo y perdió el conocimiento.

Ricardo, quien vive en el barrio desde hace 15 años y prefiere omitir su apellido, cuenta que tomó el celular y vía whatsApp pidió ayuda a la oficina de seguridad de la comuna de Santiago: le sacó una foto al herido y se las envió. A los pocos minutos llegaron dos motos de seguridad y uno de ellos le hizo reanimación cardiopulmonar (RCP) a la víctima.

Daniela, quien también prefiere no decir su apellido, vive hace años en el barrio y paseaba a su perra a esa hora, recuerda que vio a lo lejos un pequeño alboroto, con un grupo de personas haciendo un círculo y pensó que se trataba de un perro herido. Solo al acercarse se dio cuenta que no solo era algo muy diferente, sino inédito para el céntrico parque a plena luz del día.    

-Como soy enfermera, me agaché a hacerle RCP, pero ya no tenía signos vitales. Con el guardia de seguridad nos turnábamos en la reanimación, porque cansa mucho. Trataba de encontrarle pulso, pero no respondía nada. A una la preparan para cosas como estas, pero no así de brutales y en el mismo momento –dice Daniela.

Una ambulancia del 131 llegó media hora después del incidente y trasladó a Franco Guerrero a la Posta Central, pero había fallecido a las 14:36 horas, según constató el parte médico, por una “hematórax izquierdo masivo por herida cortopunzante penetrante torácica”, es decir, por la acumulación rápida de sangre en la cavidad torácica.

Daniela recuerda que una vez que se fue la ambulancia –ella y Ricardo aseguran que Carabineros no llegó al lugar y en la institución afirman que en los llamados que recibieron les dieron mal la dirección-, una veintena de personas en el parque siguieron haciendo lo suyo, sin prestar atención ni percatarse de lo que acababa de pasar. “Una familia hacía picnic, un par de niños jugaban muy cerca. Como un sábado más”, dice ella.

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Mañana del domingo 31 de marzo. Daniela Leiva prende cuatro velas en el lugar donde dos semanas antes murió Franco Guerrero, su pareja de los últimos seis años y con quien tuvo un hijo ahora de 5 años. Sobre una banca del parque Forestal despliega un lienzo con fotos de los tres, ayudada por una amiga que la acompaña, pidiendo que se haga justicia por el crimen. Cuenta que los padres de él son religiosos, que están muy afectados y que prefieren no hablar para este reportaje.

“Este es un dolor que no es humano”, dice Leiva, estilista de 24 años. De jeans, polerón y mechones rubio claro, ya ha estado un par de veces acá en el parque, tratando de entender qué pasó. También en el cementerio. Cuenta que “aún no me hago la idea de esto, como si esto fuera una pesadilla de la que quiero despertar”, y que su gran apoyo ha sido su hermana. Recuerda que hace un tiempo Franco ya había sido herido, muy cerca de la casa de ambos en Batuco, pero sin mayores consecuencias. Una y otra vez repasa las últimas horas que vio a su pareja con vida.

“Flaquita, sabís que mañana, después del trabajo, voy a salir con mis compañeros de la pega y nos vamos a ir a Lampa”, le dijo Franco, el jueves 14 de marzo, en la casa de ambos en Batuco. “Me prometió que iba a llegar a las 12, 1 de mañana y no le creí mucho, porque salía caleta con sus amigos, que igual eran súper flaites. Se empezó a juntar con unos cabros de Lampa y ahí como que cambió, empezó a meterse en la falopa”, prosigue en su relato. A la mañana siguiente, Franco se levantó para ir al trabajo –desde enero pasado estaba como empleado en Grupo Expro, una empresa de logística y distribución- y se despidió de su pareja y del hijo de ambos. Ella le pidió que no se juntara con los amigos, pero él le respondió que lo iba a hacer igual. Fue la última vez que se vieron.

Ese mismo día, a las 18:30, Daniela lo llamó por teléfono. “Le digo ‘hola mi amor, ¿cómo está? ¿cómo le ha ido?’ y me dijo ‘bien, flaquita, no me dejaron haciendo horas extras, pero me voy a ir donde al ‘Pato’ a buscar una ropa que me tiene él’. Me enojé, porque no me gustaba que se juntara con él, no me parecía apañador. Entonces él se enojó cuando le dije eso y me cortó”, cuenta Daniela. Pasada la medianoche, volvió a llamarlo y no le respondió. Luego, le cortó el teléfono. Insistió, pero no atendió el llamado. Esa noche, él no llegó a su casa.

“Lo llamé a las 11 de la mañana (del sábado 16 de marzo) y me cortó”, cuenta Daniela Leiva. Y continúa con su relato: “Por lo que supe del hermano del amigo con el que andaba ese día en el parque Forestal, salieron de la casa del ‘Pato’ en Lampa a las 8:30 de la mañana. Se fueron para el parque, supuestamente Franco le iba a comprar una polera al ‘Pato’, cosa que es mentira, porque Franco no era así”.

Ricardo, el principal testigo del asesinato de Franco Guerrero y que esa misma tarde prestó declaraciones a la policía, cuenta que vio pasar por el Parque Forestal a “El Gringo” y al amigo de éste, Patricio.

-Pasaron dos chicos con pinta de wachiturros, uno de ellos (Patricio) andaba con polerón estampado Louis Vuitton y con jeans semi abajo. Iban conversando y a los cinco minutos vi que se sentaron en el pasto. Hablaban alto, mientras mi perro jugaba por ahí mismo, pero sin llegar a ser escandalosos. De pronto los vi discutiendo con un hombre de unos 50 años, daba la impresión de que se conocían. Uno ve discusiones en el parque, por eso me pareció que entre los tres había cierta confianza –dice Ricardo. Y continúa:

-El hombre mayor caminó unos 15 metros, mientras los dos amigos seguían gritándole cosas, hasta que se da media vuelta y dice: “¡Me aburrieron!”. Botó al suelo una mochila que andaba trayendo y sacó un cuchillo. Los chicos se quedaron sentados y tiró dos cuchillazos, onda al que le llegara. Le llegó a uno (Franco), mientras el amigo (Patricio) salió corriendo y no volvió a auxiliar a su amigo. Vi cuando le enterró el cuchillo y salió sangre por la espalda. El atacante se fue caminando un poco apurado, hacia Plaza Italia, no miró ni supo lo que había pasado.

El testigo principal del incidente cuenta que en el pasto –muy cerca de tres casas de perros que hay en el lugar- quedó la mochila de Franco Guerrero. Dice que la revisó, buscando saber su identidad, y que “no había nada ilegal”, solo poleras recién lavadas y un perchero.

Una bazuca de audio que llevaba el par de amigos quedó tirada en el suelo.

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Daniela Leiva dice que a las 7 de la tarde de ese sábado 16 de marzo la llamó su cuñada para preguntarle por su hermano. Cinco minutos después volvió a llamarla, para decirle que él estaba grave en la Posta Central, en calle Portugal. Al llamar al hospital, le dijeron que tenía que ir rápido para allá, sin darle mayores antecedentes. “Quedé en shock. Yo decía ‘no puede ser, a lo mejor está en coma’”. Fue buscar a Lampa a su suegra, tomaron un auto y llegaron hasta la Posta Central.

-Llegué corriendo a la ventanilla y le dijo a la señorita que había: ‘Dígame, por favor, dónde está mi flaquito’. Me tomó del brazo y me dijo que había que ir a una sala, donde el doctor estaba esperando, y nos iba a avisar lo que pasó. Cuando llego a la sala digo ‘aquí está todo mal’. Estaba el papá de mi pareja y luego llega el doctor. Se sienta, le costó decirme. Me arrodillé y le dije: ‘¿Está en coma, en la UTI?’. Me mueve la cabeza y me dice: ‘Está muerto, hicimos lo que pudimos, fue muy profunda la puñalada que le dieron y no lo pudimos salvar’. Yo me volví loca, quedé mal, pateé todo y lo quería ver. Me llevaron donde él y quedé más mal.

Luego de eso, Leiva se fue junto a la PDI a prestar declaraciones. Ahí le contaron que su pareja estaba en el parque con un amigo y que él se fue sin auxiliarlo. Días después, algunos testigos la contactaron para darle detalles de lo que habían visto. “Una niña me habló y me dijo que estuvo a 10 metros de mi pareja y que el atacante era un caballero gordo, chico, moreno, canoso, con un gorro, una mochila negra, polera ploma y pantalones oscuros. Se fue caminando y nadie hizo nada”.

Cuando le entregaron las pertenencias de Franco, Daniela Leiva se fijó que faltaba el celular. El teléfono, asegura, lo rescató en Lampa. “Ahí me dijeron que el ‘Pato’ lo andaba vendiendo en la madrugada del mismo día, en 30 mil pesos, en un carrete”. Con él, dice, conversó y le contó que los habían asaltado, “lo que es mentira, porque dice que estaba curado y que no se acuerda”. Entre las teorías que tiene Leiva, piensa que tal vez Franco y su amigo iniciaron una discusión que terminó mal. Que quizás esa tarde estaban vendiendo cocaína. No se explica que hayan estado en el Forestal y que su pareja no haya reaccionado. Menos, que su amigo se haya ido del lugar.

Las declaraciones de Patricio han sido claves para la investigación de la policía y dilucidar el crimen. Mientras en la PDI dicen oficialmente que no pueden referirse a un caso en el que todavía están tomando declaraciones, el alcalde de Santiago, Felipe Alessandri, indica que todo apunta a que se trató de “un tema de ajuste de cuentas y pudo pasar en al parque como en otra parte. Más que un asalto, fue circunstancial que fuera en el parque. No estoy desdramatizando el tema, al contrario, porque es algo que no puede ocurrir”.

El edil reconoce no recordar un asesinato con luz de día en el Parque Forestal.

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El pasado fin de semana, precisamente donde ocurrió el crimen, en el  tramo comprendido entre Avenida Cardenal José María Caro e Ismael Valdés Vergara y a pasos del tradicional “Emporio La Rosa”, una patrulla de carabineros estuvo de punto fijo. Lo habitual es que las rondas de la policía y de seguridad de la municipalidad se hagan de modo esporádico durante el día y más frecuentemente en la noche. Nunca de modo permanente.

El asesinato se ha vuelto un punto de inflexión para los vecinos del barrio Forestal, donde actualmente hay una veintena de personas en situación de calle que duermen en el parque –algunos a la intemperie, otros con carpas- y por las noches hay asaltos y cruising, como apunta Héctor Vergara, presidente de la junta de vecinos del Parque Forestal.

-Ha aumentado la cantidad de turistas y con eso, el número de lanzazos y asaltos, porque se ha vuelto un polo muy atractivo con gente de mayor poder adquisitivo. Falta más resguardo policial, queremos más iluminación en el parque. Los vecinos se sienten desprotegidos –dice el dirigente.   

Francisco Javier González, miembro de la junta de vecinos de Bellas Artes, aporta otros dos incidentes en el último mes en el barrio: a una de las personas que se encargan de regar el parque por las mañanas, una persona que acampa en el lugar le propinó una cuchillada en una pierna, porque cayó agua en la carpa donde dormía; y a tres vecinas, otra persona que vive en el parque, las amenazó con un cuchillo a las 8 de la noche, al lado del Museo Bellas Artes.

-Los vecinos se han empoderado, porque ven que el barrio se está yendo a la miércale. Si no le ponemos un parelé, esto se va a convertir en una nueva calle Suecia o en La Legua. Esto es tierra de nadie, así nos sentimos los vecinos. Dicen que uno es alarmista, pero la realidad es que uno trata de no salir tarde, porque da miedo. Ves lanzazos a diario y esto ha ido en aumento en el último tiempo.

En reuniones vecinales han planteado los focos de conflicto: el sector de la Fuente Alemana, a un costado de Pío Nono, donde se forman riñas y hay destrozos de gente que sale de Bellavista; las botillerías que atienden hasta la madrugada en el sector; la falta de fiscalización a normas que prohíben el comercio ambulante o los rayados de grafiteros; y a la falta de dotación de carabineros para una zona cuya población flotante crece los fines de semana en calle Lastarria y el Parque Forestal. Sobre este último punto, afirman que en la zona hay disponibles un automóvil de seguridad del municipio, una radiopatrulla y dos carabineros motorizados. Los primeros solo pueden retener, pero deben llamar a carabineros para iniciar un procedimiento.

El alcalde Alessandri dice que “falta mucho por hacer”, pero matiza sobre este panorama que plantean los vecinos:

-Cuando me dicen que el Parque Forestal es “tierra de nadie”, sin ser autocomplaciente, en una reunión con vecinos les dije que retrocediéramos dos años: el Museo de Arte Contemporáneo estaba completamente rayado, había una feria de las pulgas, se autorizaban conciertos como el de Los Jaivas, que provocó grandes destrozos en el parque. Hemos cambiado 100 luces ornamentales, con tecnología led, porque al haber protección patrimonial no puede ser cualquier luz. Pusimos señaléticas con lo que está prohibido hacer, inauguramos un canil, una caseta de vigilancia en calle Estados Unidos, una cámara en Santiago Bueras. El parque está bien cuidado.

En 2006, cuando era concejal por la comuna de Santiago, Felipe Alessandri propuso la idea de enrejar el parque Forestal. Un planteamiento que provocó el rechazo generalizado, partiendo por el entonces alcalde Raúl Alcaíno. En 2017, ya como alcalde, volvió a sugerir la idea, pero afirmando que la decisión final sería de los vecinos. Hoy, Héctor Vergara, de la junta de vecinos del parque dice que “hay que lograr consensos”, sin restarse de esa opción. Francisco Javier González, de la junta de vecinos de Bellas Artes, afirma que es una minoría la que está de acuerdo con esa idea, principalmente los que viven en el borde del Forestal. “Considero que el parque es de todos, porque lo pagamos todos. Y enrejarlo tampoco implica que no fueran a pasar cosas, se hizo con el cerro Santa Lucía y siguen sucediendo cosas. Además, es poco viable, porque tendrían que cerrar varios sectores en tramos cortos”.

El alcalde Alessandri dice que hay tener presente un contexto y asegura:

-Los principales parques del mundo están enrejados y también acá en Santiago, el Intercomunal o el Araucano. El presidente Allende cerró bajo su mandato el Parque O’Higgins. No es una idea descabellada, pero es un tema que como administración no hemos impulsado por las comunidades. Depende de ellos. Otro tema que habría que ver es cómo sería el financiamiento.

Por ahora, dice el edil, la intención del municipio es seguir fomentando el patrullaje en la zona y fiscalizar el comercio ambulante hasta la madrugada. También vigilar la zona del Metro Bellas Artes, donde en las noches hay microtráfico de drogas y prostitución, y restringir las patentes de alcoholes, que cada semestre son reevaluadas y que con tres partes se clausuran los locales. También instalar más cámaras, luminarias y autos insonoros que no molesten a los vecinos. Algunos han protestado por el ruido de estos últimos, otros porque las luces artificiales son perjudiciales para las aves.  

-Este barrio es residencial, tiene una pata cultural y otra bohemia. El equilibrio no es fácil –reconoce.

Ricardo, el testigo que vio cómo apuñalaron a Franco Guerrero, reconoce que tras el crimen tuvo pesadillas durante dos noches. Que a petición de la policía, no ha hablado con ningún familiar de “El Gringo”, aunque era su intención inicial. Para él, el diagnóstico sobre el barrio es negativo incluso antes del asesinato:

-El parque es un territorio de nadie. Hay drogadicción, la gente en situación de calle ha aumentado, hay asaltos, sexo en el parque durante las noches, gente que hace sus necesidades, personas con sus capacidades mentales perturbadas y que son muy agresivas. Ver un asesinato a las 2 de la tarde es algo tremendo. Espero que esto remueva conciencias. No puede ser que sea tan fácil matar a alguien, independiente del motivo que haya sido, e irse caminando como si nada.