Trabajar subarrendado úberes

Si la visión más afiebrada y burlesca enrostra al profesional medio recientemente cesante como un perdedor que debe ingresar al trabajo precario, desformalizado y a riesgo y cuenta del propio capitalista -otrora símbolo de estatus y llegada a las metas que la sociedad del capitalismo tardío que anunciara el Guasón – utilizando su propio automóvil, el trofeo del profesional liberal medio, como medio de subsistencia, pues bien, el pastor Durán no se dedicará a ello.

No.

Por algo no tiene “un” solo auto. Tiene “varios” autos. Y tiene fieles. Todos con licencia de conducir. Escogerá a los más selectos discípulos, de esos que parecieran que cabecearán un mosh mientras cantan “ven a él, pecador, ven a él, ven a él, ven a él, ven a él” (Cfr. García, Villalobos, Álvarez et. al. “Fatamorgana”, Alerce, 2003, p. 11), y les confiará sus bellos carruajes traídos desde el extranjero. De algo que sirva tener franquicias tributarias especiales. De esa manera, podrá seguir financiando su modo de vida sobrio y franciscano.

Armando una cadena de comida rápida y mandando a los fieles a hacer el reparto

No hay nada mejor que una cadena de comida rápida para lavar di… obtener altas rentabilidades. Y qué mejor que aprovechar a los fieles para que hagan el reparto de la comidita que venden, y competir en condiciones inmejorables porque el reparto es gratis: lo paga la fe. Así, junto a las papitas fritas (sazonadas en exótica sal de Colombia) vendrá un pan, gratis. Un pan de vida. Por supuesto.

Vender alabanzas en CD

Los fieles también son fans; en cierta medida, los mecanismos cerebrales que generan los mismos mecanismos de recompensa son idénticos. Así, el Obispo Durán, quien acusa persecusión a sí mismo y a su iglesia, como en el final de los tiempos -porque estamos en los últimos tiempos- lanzará una versión de “Obispo Durán Superestrella”, una ópera rock (pero sin rock, porque el rock es satánico, y pecado) donde cantará cómo lo persiguen por tener dos esposas. Dos esposas, tres amantes, cinco amiguitas con ventaja, unas chiquillas a las que le echó un ojo, y presupuesto para agasajarlas. Porque ser galán en este país no sale nada de barato, oiga

Vender la iglesia y poner un ghetto vertical

El mercado inmobiliario está en la cresta de la ola, y mientras no se produzca el rompimiento de la misma, hay que aprovecharse. Así que ¿qué mejor que un enorme edificio en la alameda, entre dos estaciones de metro, de cincuenta pisos, con departamentos de 19 metros cuadrados (solo la mitad útiles)? Y no hace falta hacer un edificio con buenos materiales; si se cae, caerá encima de los infieles de la Usach. Deus vult.

Mandar a trabajar a las señoras

Sí, es cierto, es penoso tener que planchar camisas. Por eso, Dios, cuando vio la camisa de Adán sin planchar, tomó una costilla de él, e hizo a la mujer. Y así liberó Dios a Adán de tener que planchar la camisa. Y por mandato divino (pentecostal), el varón debe dedicarse a su ministerio, mientras la mujer plancha camisas para ganarse la vida. ¡Así es! El Ministro Durán, quien acogiera el mandato divino de ir y multiplicarse y ser millones (millones de pesitos, dólares y otras divisas) mandará a las esposas, las amantes y cargos afines a ganarse la vida para seguir financiando su estilo de vida. Así, las mandará a hacer el desayuno y a planchar las camisas de los más acaudalados magnates. Así, los dineros que ellas traigan, ayudarán a financiar el ministerio que el pastor realiza en la tierra. La vida de contemplación y reflexión que permite que Dios hable por medio de él.  Amén.

Hacer otra iglesia desde las cenizas

Ya está bueno, caramba. Hasta cuándo la mentira, caramba. El obipso Durán es una buena persona, y su mandato divino se debe cumplir, quieran o no quieran los adustos hombres de la ley de Dios (y el Fisco). Por eso, desde las cenizas, levantará una nueva iglesia. Esto, con las donaciones que le entregarán los nuevos fieles, los fieles recalcitrantes, quienes deberán donar siete veces el diezmo para poder compensar la merma tras haber tenido que marcharse de su primera iglesia, siete veces más grande. Como Dios compensa setenta veces siete, son 449, que es el número de Cristo, menos 328.