El pequeño Nicolás era fanático del fútbol. No se perdía encuentro de la Universidad Católica, el equipo por el que palpitaba su corazón. Asistir a San Carlos de Apoquindo a alentar al equipo cruzado era un rito sagrado que compartía con su padre y su hermana. Ella era su cómplice. Compañera de travesuras y juegos, pese a los cinco años de diferencia que se llevaban. Fanático como era, Nicolás veía una cancha en cualquier parte. En el patio, en la vereda, en un parque, en medio del jardín de la casa familiar en la calle Tomás Moro de la comuna de Las Condes.

Todo sitio era adaptable para armar una pichanga. Cuando le faltaba gente, ponía a su hermana menor a custodiar el arco virtual. Seguramente no imaginó que años después se convertiría en la mejor arquera chilena de todos los tiempos, principal estandarte del fútbol femenino en Chile, la primera guardavallas chilena en jugar en el extranjero. La representante más destacada de una generación que clasificó por primera vez a un mundial. Hablamos de Claudia Christiane Endler Mutinelli, la Tiane.

El inicio en la carrera de Tiane Endler tiene mucho de casualidad. En el Colegio Alemán de Las Condes destacaba en disciplinas deportivas como el tenis, la natación, el hockey, el básquetbol, el vóleibol, la gimnasia y el fútbol. En el caso del balompié jugaba como delantera, muy lejos del arco propio. Su jugador favorito, sin embargo, era el arquero alemán Oliver Kahn, aunque todavía no pensaba en ponerse bajo los tres tubos.

Desde los diez años participó en diferentes campeonatos escolares. No eran muchas las niñas que jugaban al fútbol. Al principio la veían como una aficionada peculiar, pero cada vez encontraba mayor satisfacción persiguiendo una pelota. Cuando tenía catorce años fue enrolada por su colegio para disputar un campeonato organizado por la Asociación Nacional de Fútbol Profesional. Jugarían las mejores exponentes del país. Su rendimiento no pasó desapercibido para los integrantes del equipo técnico de la selección nacional en la categoría sub-17, que miraba el certamen en busca de jugadoras talentosas. Aparte de jugar bien, su espigada estatura marcaba evidentes diferencias con sus contrincantes. Uno de los miembros del cuerpo técnico vio en ella algo diferente.

Marco Cornez había sido un destacado arquero nacional, con grandes campañas en Universidad Católica, Palestino, Antofagasta y la selección chilena. Conocedor del puesto como pocos, el golero vio en esta muchacha las condiciones

suficientes para ser arquera. “Era muy alta, ágil. Tenía todas las habilidades para ser una gran portera”, rememora.

Cuando terminó el campeonato la invitaron a entrenar con la selección. Pero no anotando goles, sino evitándolos. Podemos decir con certeza que el primer equipo de Christiane Endler fue la selección chilena. El técnico era Nibaldo Rubio. “La verdad es que convocamos a Tiane primero como jugadora de campo, pero escuchamos la sugerencia de Marco Cornez y la probamos al arco. Rindió de gran manera, a ella le gustó y seguimos adelante”.

Chile fue sede del Mundial de Fútbol Femenino sub20 en 2008. El torneo logró una repercusión mediática inédita hasta entonces. El público comenzó a asistir al estadio para ver mujeres en un juego históricamente protagonizado por hombres. La Roja terminó en un lugar secundario, pero el germen ya estaba incubado no solo en la afición, sino también en jugadoras como Endler, quienes se decidieron a seguir la carrera deportiva como profesión.

“Ahí sentí que la adrenalina antes de los partidos me motivaba mucho y me hacía rendir mejor cuando estaba bajo presión, algo que en los otros deportes nunca sentí. Ese torneo fue clave para enfocarme en un ciento por ciento en algo más profesional”, asegura Christiane al recordar un momento clave en su carrera.

La realidad del fútbol femenino era muy diferente a la del masculino. No existían divisiones menores, ni siquiera un campeonato destinado a mujeres. Las que jugaban lo hacían de modo amateur y por voluntad y sacrificio propios.

En aquellos años Christiane formó parte de una gira que realizó la selección y le llamó la atención un dirigente que acompañaba al grupo. No muy alto, conversador compulsivo, con una calvicie pronunciada pese a que no llegaba aún a los treinta años. Su nombre era Sergio Jadue, presidente de Unión La Calera. El dirigente vio una oportunidad: para impulsar el primer campeonato nacional femenino se exigió que todas las jugadoras de la selección militaran en algún equipo de la nueva liga y se acercó a las principales exponentes para ofrecerles sumarse al equipo cementero. Algunas, como Tiane Endler, aceptaron y terminaron debutando como jugadoras en La Calera.

“Nos dijo que quería potenciar el fútbol femenino, y como teníamos que estar en un equipo, aceptamos. Fuimos como seis o siete jugadoras. El primer año nos cumplió, pero el segundo todo comenzó a cambiar. Nos quedó debiendo plata. Intentó llegar a un acuerdo. Nos citó en una notaría en La Calera y terminó pagando mucho menos de lo que debía. Hasta nos cobró unas cosas para pagarnos menos. Nos descontó plata por transporte, por ejemplo. Nos lloraba, decía que no tenía cómo pagarnos, que estaba quebrado. Por eso, cuando después lo vimos como presidente de la ANFP no lo podíamos creer”, recuerda la arquera sobre su primera experiencia en un club.

En la cancha sus primeros torneos fueron provechosos. En el primer certamen su equipo remató quinto entre veintitrés participantes. A la temporada siguiente terminaron en la sexta posición. Ambos años fue elegida como la arquera más destacada y galardonada como la mejor deportista del fútbol femenino chileno.

Sus buenas actuaciones la llevaron a fichar por Everton, equipo que venía de ganar los dos primeros títulos. Otra vez sobresalió entre sus pares. Con el cuadro de Viña del Mar terminó en el primer puesto en la fase regular, pero a la hora de dilucidar al monarca quedaron en el segundo puesto, detrás de Colo-Colo en el cuadrangular final. Como consuelo ganaron la Copa Chile venciendo, precisamente, al equipo blanco. Ambos conjuntos eran los dominadores absolutos de la escena nacional y lo serían también los años venideros.

Jugando por Everton tuvo su primera experiencia internacional destacada en la Copa Libertadores. Las ruleteras llegaron a la final del torneo continental, instancia en la perdieron por la cuenta mínima ante Santos de Brasil. Fue elegida la mejor arquera del certamen, pero quedó con la amarga sensación del segundo puesto, mirando la corona demasiado cerca. Una deuda pendiente que cubriría poco después, vistiendo otra camiseta.

La buena actuación de Endler en la Libertadores despertó el interés de su rival en la final. El Santos quiso contar con ella. Incluso viajó a Brasil para analizar la posibilidad, pero no encontró demasiadas diferencias con lo que tenía en Chile. En paralelo apareció una oferta de la South University de Florida, en Estados Unidos, pero la rechazó. Todavía no cumplía veinte años y tenía más dudas que certezas. Lo único claro es que pretendía seguir jugando al fútbol. Fue en ese momento cuando llegó la opción de Colo-Colo. El equipo albo era el campeón vigente del torneo chileno y quiso dar el salto internacional con la presencia de la mejor arquera de la competencia. En 2011 se jugaron dos torneos. Ganaron ambos. Otra vez la Copa Libertadores se cruzó en el destino de Christiane Endler y, como si fuera una pesadilla repetida, volvió a perder una final y a caer por el mismo marcador, uno a cero, contra un rival brasileño. Esta vez el São José. El máximo torneo continental de mujeres se convertía en una obsesión, y no descansaría hasta obtenerlo.

Ganar el título local para Colo-Colo era un trámite en la competencia femenina. En 2012 conquistaron su tercera estrella consecutiva. Pero a lo que realmente aspiraba la arquera era a su revancha en la Copa Libertadores. Había caído en dos finales consecutivas con equipos distintos. Pese a que no comenzó jugando las primeras rondas del torneo, se integró al plantel en las fases finales. Las albas avanzaron llaves hasta llegar, otra vez, a la gran final. En el camino se cruzó con las brasileñas del Foz Cataratas.

Luego de empatar sin goles en el tiempo reglamentario y en el alargue, todo se definió en la tanda de penales. Ninguna jugadora fallaba. En la mente de Christiane Endler estaban las finales perdidas defendiendo el arco de Everton y de Colo-Colo. No dejaría escapar otra vez la chance. Frente a la pelota se ubicó la brasileña Rilany Aguiar Da Silva. Era el último lanzamiento de la serie. Si convertía había que extender la definición hasta que alguna desperdiciara su tiro. Si tapaba, las albas lograrían el primer título continental para sus vitrinas y el primero para una escuadra chilena. Tiane se paró en medio de la portería y comenzó a aplaudir con fuerza.

Seguramente la jugadora brasileña no entendía las palabras que emanaban de la boca de la chilena. Sus compañeras, abrazadas en la mitad del terreno, expectantes, aún recuerdan los gritos de su arquera. “Se acabó. Aquí se acaba. Te lo voy a atajar. Te lo voy a atajar”. Endler se movió de costado a costado, balanceando el cuerpo. La brasileña le pegó fuerte con su pierna derecha, cruzado, a media altura. La arquera inclinó su cuerpo hacia su costado. Su 1,82 de estatura le permitía tener un alcance de brazos superior a la mayoría. Manoteó el disparo con ambas manos, enviando la pelota lejos del pórtico. Se revolcó en el suelo y corrió a abrazarse con el resto de sus compañeras. Eran las nuevas campeonas de América.

“No lo habríamos logrado sin su aporte. Ella llegó a integrarse al final de la Copa, en un momento decisivo y cumplió marcando diferencias”. El diagnóstico es del técnico del plantel, José Letelier, quien años después fue el entrenador de la primera selección chilena en clasificar a un mundial de fútbol femenino, otra vez con Christiane
Endler en el arco.

Había ganado todo en sus clubes, en el país y en el continente. Por eso aceptó la oferta de la South University de Florida, Estados Unidos, la misma institución que quiso contratarla un año antes. Esta vez la propuesta incluía una beca para estudiar en la entidad. Se matriculó primero en Educación Física para derivar pronto a la carrera de Negocios. Se unió a la rama de fútbol femenino de las South Florida Bulls.

Se quedó dos años en Estados Unidos. Otra vez una casualidad le permitió llegar a su primer equipo europeo. La entrenadora del Chelsea de Inglaterra, Emma Hayes, la vio en un partido de la liga universitaria. Habló con ella, tanteó la posibilidad y a las pocas semanas llegó el ofrecimiento formal. Abandonó la carrera de Negocios, que retomó en Chile un par de años después, para trasladarse a Watford, en las afueras de Londres y enrolarse en el equipo inglés. Fue titular rápidamente, pero en un viaje a Chile para jugar por la selección sufrió una lesión que la marginó un par de meses de la cancha. Su equipo pretendía que realizara su recuperación en Inglaterra, pero ella prefirió hacerlo en Chile. Entró en conflicto con su cuadro y luego aparecieron diferencias económicas para su renovación. Esto la condujo a cerrar su vínculo con el Chelsea. Después de muchos años estaba cesante.

Fue el momento más difícil de su carrera e incluso pensó seriamente en retirarse del fútbol. Regresó a Chile y a regañadientes aceptó la oferta de Colo-Colo. Volver a jugar y a ganar partidos la motivó otra vez, pero fue un proceso paulatino. Ganó otros dos títulos locales y volvió a jugar una final de la Copa Libertadores, perdiendo por tercera ocasión, esta vez ante Ferroviaria de Brasil.

Así como bregó por la Libertadores hasta conseguirla, Christiane Endler sentía que su paso por Europa había sido incompleto; quería una revancha en el Viejo Mundo. Ya estaba más madura y sus anteriores pasos por Estados Unidos y el Chelsea le habían servido para forjar el carácter. Por eso, no dudó cuando vinieron a buscarla del Valencia de España. Era una liga competitiva y pensó que su adaptación sería más rápida. Su paso al cuadro hispano fue un acierto pleno para todos los involucrados. Se adueñó del arco apenas llegó, alcanzando el mejor rendimiento de su carrera. Jugó veintitrés partidos y solo le convirtieron nueve goles, gracias a lo cual obtuvo el Premio Zamora que galardona a la mejor portera de la competencia. Es el mismo reconocimiento que alcanzó Claudio Bravo atajando en la Real Sociedad y el Barcelona. Christiane Endler fue la primera jugadora extranjera en conseguir la distinción.

Ya estaba para dar el salto mayor. Se convirtió en la primera jugadora chilena en ser transferida entre clubes europeos, cuando emigró del Valencia de España al Paris Saint Germain de Francia. Hasta que llegó 2018, el año que lo cambiaría todo. Había pasado una década del Mundial Femenino organizado en nuestro país, el certamen que impulsó su carrera. Chile había tenido una mujer presidenta en dos períodos y si bien el machismo era un rasgo aún enraizado en la cultura nacional, cada vez se daban pasos más relevantes orientados a la igualdad de género, un movimiento que crecía por todo el mundo. Quizás ese fue uno de los factores que convirtieron la Copa América Femenina jugada en La Serena y Coquimbo en un verdadero fenómeno social. En la cancha, la selección respondió logrando la primera clasificación a una Copa del Mundo en la historia del balompié criollo.

Pero reducir la respuesta popular solo a la clasificación sería un análisis estrecho. Fue algo mucho más grande. Desde el primer partido las miradas cayeron hipnóticas sobre este plantel de jugadoras, con Christiane Endler como principal figura. Arquera, capitana y líder, a esa altura ya no había duda de que era la futbolista más importante en la historia de Chile. El técnico del equipo era José Letelier, el mismo que la había dirigido en Colo-Colo con múltiples títulos locales y una Copa Libertadores. El entrenador fue capaz de condensar un trabajo de casi una década en una generación de jugadoras que incluía a Carla Guerrero, Yanara Aedo, Fernanda Pinilla, Camila Sáez, María José Rojas, Yesenia López, Francisca Lara y Marjorie Hernández, entre otras. Gran calidad en la cancha y un carisma incontenible que hechizó a la afición.

El inicio fue tibio, con empates contra Paraguay y Colombia. La Roja recién ganó sus siguientes dos partidos contra Uruguay y Perú. En el cuadrangular final perdieron contra Brasil, empataron frente a Colombia y terminaron goleando a Argentina para acceder al Mundial de Francia. Desde el primer partido se jugó a estadio repleto. Filas de público para conseguir entradas, incluso antes de obtener buenos resultados. Los partidos de la Roja fueron transmitidos por la televisión abierta, con récord de sintonía. Ningún programa o evento fue más visto el 2018.

Fueron recibidas en el Palacio de la Moneda por el presidente Sebastián Piñera. Una multitud rodeó la sede de gobierno para captar el arribo y salida de las primeras mundialistas. Endler fue la vocera de sus compañeras en el salón donde las escuchaba el mandatario: “Esperamos representar de buena forma a todo Chile, en especial a las mujeres que seguimos demostrando que cuando nos dan las condiciones podemos alcanzar grandes metas”.

Desde su lugar, debajo de un arco, jugando al fútbol, siendo la capitana del equipo, Christiane Endler se convirtió sin buscarlo en la portavoz de muchas compatriotas que luchan día a día por la igualdad de género. En varias ocasiones ha expuesto su pensamiento al respecto: “Hemos ayudado en algún sentido a alzar la voz, a ser escuchadas, a que se les tome un mayor peso a las deportistas y que se le dé mayor valoración al deporte femenino en general”. Además, ha insistido en la enorme brecha salarial que existe en el fútbol a nivel mundial. “Lo que ganan en el fútbol masculino no solo no se puede comparar con las mujeres, es un monto absurdo”.

Su paso por Europa le ha servido para dar una luz de alerta sobre las enormes distancias que existen con la realidad latinoamericana. “En el Paris Saint Germain todas las jugadoras tenemos contrato. Los viajes son en primera clase, a veces en aviones privados. Todo está en otro nivel y es porque hay recursos a nivel masculino y femenino, en todas sus divisiones. En Chile hacer carrera como jugadora es imposible. Por lo mismo, quien quiera hacer carrera tendrá que jugar en el extranjero. Como sociedad siento que en Chile falta valorar aún más el trabajo de la mujer deportista y la mujer en general”, señala.

Chile cambió. Christiane Endler ha sido parte de ese cambio. Cuando se le consulta por un desafío pendiente, no lo duda. “Mi sueño es defender a Chile en un mundial de fútbol y en unos juegos olímpicos. Después de eso me puedo morir tranquila”. Con la mentalidad que tiene, seguro lo va a conseguir.

*Otras historias que puedes encontrar en el libro:

– Anita Lizana: tenista, número uno del mundo en 1937.
– Ismenia Pauchard: basquetbolista, campeona chilena y sudamericana.
– María Elena Guzmán: Premio Nacional de Periodismo Deportivo.
– Erika Olivera: atleta chilena, compitió en cinco maratones olímpicos.
– Carolina Rodríguez: boxeadora, tres veces campeona del mundo.
– Paula Navarro: entrenadora de fútbol, dirigió equipos de hombres y mujeres.
– Fernanda Pinilla: seleccionada chilena de fútbol, licenciada en Física